Aaron Sorkin vuelve a sentarse en la silla del director y la silla le queda grande
La secuela de "La red social" confirma lo que la crítica venía sospechando: los guiones del escritor funcionan mejor cuando alguien más los filma. La película se sostiene en los diálogos, pero tropieza en las decisiones de puesta en escena.
Volvió a pasar. Aaron Sorkin agarró el pincel y pintó su propio cuadro, y otra vez el resultado dejó a medio mundo con la sensación de que al guion le habría venido bien otra mano. "El precio de la red" se presenta como heredera directa de "La red social", aquella película de 2010 que David Fincher transformó en una obra maestra del ritmo y la precisión. Quince años después, la secuela llega con el mismo autor de la historia, pero ahora también sentado en la silla de director. Y ahí, precisamente ahí, se abre la herida.
Un guionista que escribe como quiere, pero que filma como puede
El problema central no es el texto. Sorkin sigue siendo Sorkin: frases que parecen sacadas de un manifiesto, personajes que discuten como si el mundo se terminara mañana y una vocación idealista que ya estaba presente en "Algunos hombres buenos" y que después se derramó por toda "The Newsroom". El tema es que, sin un director externo que lo contenga, esos mismos recursos que en otras manos brillaban se vuelven un lastre. Soliloquios que se estiran más de la cuenta, escenas de interiores con una iluminación que deja mucho que desear y un montaje sin la urgencia que tenían las películas que le dirigieron otros. Hay incluso algo casi en que el director de fotografía sea el mismo de "La red social": con el mismo ojo técnico detrás de cámara, el resultado visual no se acerca al original.
La película tiene, eso sí, momentos donde uno recuerda por qué Sorkin fue alguna vez el rey de Hollywood para los que amamos las palabras bien puestas. Las líneas de diálogo siguen funcionando, los personajes siguen discutiendo como si el destino del universo dependiera de la próxima frase, y hay una escena en un pasillo de oficina que, bien filmada, habría sido memorable. Pero "bien filmada" es justamente el verbo que esta película no conjuga.
- "La red social" (2010), con David Fincher como director, fue la consagración de Sorkin como guionista.
- "Algunos hombres buenos" (1992) y "Steve Jobs" (2015) repitieron la fórmula: gran texto, gran director externo.
- "Molly's Game" (2017) fue la primera vez que Sorkin dirigió su propio guion y la crítica lo recibió con tibieza.
- "El precio de la red" (2025) confirma que sin un realizador que lo discipline, sus excesos quedan a la vista.
Hay un momento en la película que funciona casi como una confesión del propio Sorkin. Un personaje, al que le pone voz Bill Burr, suelta una frase que ya viene en los tráilers y que define al escritor con una crueldad bastante precisa: dice que Sorkin es como un guardia de tránsito con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo a su alrededor. Es una línea que, dentro de la ficción, suena a chiste interno de la troupe; vista desde afuera, parece una autocrítica disfrazada de guiño.
Ahora bien, ¿conviene que Sorkin siga dirigiendo sus propios guiones? Mi opinión, después de ver la película y de repasar su historial, es que no. No porque le falte talento, que le sobra, sino porque su talento es el de un escritor que piensa en voz alta y que necesita a alguien que le diga "esta escena se corta acá" y "este plano no funciona". David Fincher lo entendió. Danny Boyle lo entendió. Rob Reiner lo entendió. La pregunta que queda flotando es si Sorkin, alguna vez, va a volver a entenderlo él también. La próxima función en cartelera, por ahora, no parece traer la respuesta.
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