Agotamiento laboral: cinco claves cotidianas para empezar a salir del pozo, según una especialista en hormonas
La nutricionista naturópata Jessica Shand advierte que el estrés sostenido desordena el cortisol, el sueño y el ánimo, y propone hábitos simples de alimentación, descanso y reconocimiento de los propios ciclos de energía para empezar a recuperar el cuerpo.
Vayan a la ventana, miren el río o la vereda, y respiren un segundo. Hace calor en Buenos Aires y la ciudad parece ir a mil, pero hay algo que me llamó la atención cuando leí este material y que me parece la pena compartir con ustedes: cada vez más personas llegan a la consulta diciendo que están cansadas, sí, pero cansadas de verdad, con ese agotamiento que no se va ni durmiendo un domingo entero. No es pereza, no es flojera, no es falta de voluntad. Es algo que tiene nombre, tiene explicación hormonal y, sobre todo, tiene algunos caminos de salida que se pueden empezar a transitar hoy mismo.
La que pone el tema sobre la mesa es Jessica Shand, nutricionista naturópata y autora de The Hormone Balance Handbook, que viene trabajando hace años con pacientes desbordados por el trabajo, la rutina y la sensación de que el cuerpo no responde como antes. Lo que ella explica es bastante claro: cuando el estrés se vuelve crónico, el organismo mantiene elevada la producción de cortisol, que es la hormona de la alerta, la que nos preparaba a los humanos para escapar de un depredador. El problema es que ese mecanismo, pensado para durar minutos, hoy lo sostenemos durante semanas y meses. Y cuando eso pasa, el cuerpo empieza a priorizar la supervivencia y deja en segundo plano la digestión, el descanso profundo y el equilibrio reproductivo. Traducido a la vida de cualquier laburante: cansancio que no se explica, sueño que no repara, mal humor a la mañana y esa frase terrible de "no me puedo concentrar ni en lo que me gusta".
Cinco hábitos que se pueden empezar mañana
- Sostener una alimentación regular con proteínas completas, grasas buenas y carbohidratos complejos, para evitar los picos y caídas de glucosa que empeoran la irritabilidad y la falta de foco durante los picos de fatiga. Saltear comidas o vivir a base de ultraprocesados, según Shand, profundiza la sensación de desgaste.
- Proteger la calidad del sueño con una rutina previa a acostarse: un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura funcionan como señales que separan el día laboral del momento de descanso. La regularidad de los horarios puede ser tan importante como la cantidad de horas dormidas.
- Sumar plantas asociadas a la relajación como manzanilla, lavanda, toronjil y pasiflora, que pueden integrarse a una rutina nocturna sin mayores complicaciones.
- Evaluar con un profesional el uso de adaptógenos como la albahaca sagrada o la ashwagandha, sustancias que se usan para mejorar la tolerancia al estrés. La especialista aclara con firmeza que no conviene empezar a tomarlas por cuenta propia, sobre todo si hay embarazo, lactancia, enfermedades previas o tratamientos farmacológicos en curso.
- Reconocer los propios ciclos de energía a lo largo del mes, entendiendo que no todos los días rinden igual y que la energía fluctúa. Escuchar esas variaciones, en lugar de forzarse siempre al máximo, es parte de la recuperación.
Antes de cerrar quiero dejar algo bien claro, como me lo remarcan cada vez que hablo de estos temas: nada de esto reemplaza la consulta médica. Si el cansancio persiste, si el sueño se vuelve un calvario, si el ánimo se cae de manera profunda, hay que ir a un profesional. Lo que plantea Shand son herramientas complementarias, hábitos que se pueden ir sumando, no una receta mágica ni un atajo. Y acá me parece importante marcar algo que me dijo una vez Marta, vecina de San Telmo, mientras tomábamos un mate en la plaza Dorrego: "uno no se quema de golpe, se va quemando de a poco, como el agua de la pava que te olvidás en el fuego". Esa imagen me parece que le cabe justo a este tema. El agotamiento laboral no llega de un día para otro, y la recuperación tampoco. Pero se puede empezar por algún lado, y estos cinco hábitos son un buen comienzo para empezar a cuidarse de verdad.
