Al Di Meola en La Trastienda: una noche de pulso acústico y vuelta a empezar
El guitarrista estadounidense repasó cinco décadas de carrera en un formato íntimo junto a dos músicos españoles. Hubo flamenco, jazz, tango, dos clásicos de The Beatles y un pasaje por Piazzolla, en un show que se extendió por más de dos horas y que él mismo describió como un volver a nacer.
Lo primero que escuché al llegar a La Trastienda fue un murmullo distinto al de otras noches. No era la conversación típica de previo: era una mezcla de expectativa y de alivio compartido, como el de una familia que vuelve a ver a alguien que temió perder. Cuando Al Di Meola salió al escenario, pasadas las nueve de la noche, la sala ya estaba llena y la ovación fue inmediata. El guitarrista, de 72 años, levantó la mano como pidiendo paciencia y se sentó frente a su acústica, con la calma de quien sabe que esta vez la vuelta tiene otro peso.
Porque esta no fue una fecha más. En agosto de 2023, durante una gira por Europa, Di Meola sufrió un infarto en Bucarest que lo obligó a cancelar lo que quedaba del recorrido, incluidas las paradas que tenía previstas en la Argentina. Por eso, cuando tomó el micrófono y habló en un español trabajoso pero decidido, la frase que eligió dejó en claro lo que significaba estar ahí: "Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer". La sala respondió con un aplauso largo, de esos que arrancan desde las butacas de atrás y crecen.
Un formato acústico con dos músicos españoles
La formación que trajo a Buenos Aires fue la misma que vieneando en esta etapa: trío acústico, con el guitarrista español Isaac Romagosa como partenaire y el percusionista Sergio Martínez sentado detrás de un cajón que funcionó como ancla rítmica de toda la noche. El sonido fue íntimo, cercano, con algunas distorsiones puntuales para darle filo a ciertos climas, pero la base fue la de tres músicos respirando juntos en el mismo aire. La paleta sonora la marcó desde el arranque la raíz flamenca de Romagosa: fandangos, soleás, rítmicas afrolatinas y un diálogo de guitarras que en más de un tramo se volvió conversación, no competencia.
- Repaso por cinco décadas de carrera, desde Return to Forever hasta su etapa más reciente.
- Flamenco, jazz de fusión, tango, guiños mediterráneos y momentos de improvisación colectiva.
- Versiones de The Beatles como "In My Life" y un cover de "The Sound of Silence", de Simon y Garfunkel.
- Pasajes de Astor Piazzolla, con "Café 1930" como uno de los momentos más celebrados.
- Temas propios como "Misterio", "Infinite Desire", "Eden" y "Ava's Dance in the Moonlight", dedicada a su hija.
- Cierre con "Mediterranean Sundance", el clásico asociado a Paco de Lucía, con palmas del público y celulares en alto.
Una noche con sus bemoles
El show no fue perfecto y Di Meola no lo disimuló. En un tramo de la primera parte hubo un problema con el audio que lo llevó a llamar al escenario a su ingeniero de sonido para revisar monitores, una escena poco habitual que resolvió con paciencia y algo de humor. También hubo improvisaciones que se estiraron más de la cuenta y perdieron tensión, ese riesgo que asume cuando elige dejar respirar a los músicos en lugar de cortarles el vuelo. Pero ninguna de esas asperezas opacó el conjunto: lo que quedó flotando fue la imagen de un tipo que volvió a pararse frente a un público que lo quería escuchar.
Hacia el final, Di Meola invitó a la gente a acercarse al escenario. La Trastienda respondió como podía: los de adelante se sentaron en el piso, los de atrás sacaron los teléfonos y arrancaron las palmas. "Mediterranean Sundance" sonó como tiene que sonar esa pieza en vivo, con ese pulso de fandango que cruza el Atlántico y vuelve. Cuando terminó, el guitarrista se levantó, miró la sala un segundo largo y levantó el pulgar. No dijo mucho más. No hacía falta. La próxima cita con su público argentino, según lo que se anunció en la sala, será el año que viene, con fechas que se confirmarán en los próximos meses. Después de lo de Bucarest, cada una de esas visitas tiene otro peso, y anoche, en La Trastienda, eso se sintió desde la primera nota.
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