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Chaco quiere tejer una red de salud mental que no deje a nadie solo después de la crisis

Un proyecto en la Legislatura chaqueña propone ordenar bajo un mismo esquema los dispositivos que ya existen en la provincia, con equipos territoriales, guardias de 24 horas y seguimiento obligatorio después de cada internación. El Ministerio de Salud tendría 180 días para presentar un plan de implementación con metas a cinco años.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · 11 de septiembre de 2026 · hace 2 h

La mañana en Resistencia arranca pesada, con ese calor húmedo que se pega a la piel y empuja a la gente a buscar la sombra de los jacarandáes de la plaza central. Por la vereda de la peatonal, doña Ramona, vecina del barrio Toba, camina apurada hacia el centro de salud con la bolsa de los turnos en la mano. Habla sola, pero no por locura, aclara entre risas: habla porque le duele, porque hace meses pelea para que atiendan a su hijo con un padecimiento mental y siempre termina topándose con la misma pared, la de un sistema que trabaja en pedazos, sin continuidad, sin un teléfono al que llamar a las tres de la mañana cuando la cosa se complica.

Esafragmentación que Ramona conoce de memoria es, justamente, lo que la Legislatura del Chaco intenta empezar a ordenar con un proyecto de ley que crea la Red Provincial de Salud Mental Comunitaria, una estructura que no inventaría dispositivos nuevos desde cero, sino que se propone algo más modesto y a la vez más ambicioso: articular bajo un mismo techo normativo a los profesionales, los programas y los consultorios que ya están dando respuestas en cada rincón del territorio, desde el impenetrable hasta el sudoeste chaqueño, para que dejen de funcionar como islitas y empiecen a funcionar como red.

Nodos regionales y equipos que salgan del hospital

El esquema que se discute en el Parlamento chaqueño divide a la provincia en nodos regionales de salud mental, alineados con las regiones sanitarias que ya existen, y cada nodo tendrá la responsabilidad concreta de relevar la situación de su población, los servicios disponibles y las barreras de acceso, un diagnóstico que después servirá para desplegar equipos interdisciplinarios con psicólogos, psiquiatras, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y acompañantes terapéuticos, una combinación de oficios que apunta a que la atención deje de ser un trámite hospitalario y empiece a parecerse más a una presencia cotidiana en los barrios, en las casas, en las escuelas, en los centros comunitarios donde la gente efectivamente vive.

  • Consultas ambulatorias en centros de salud y dispositivos barriales.
  • Visitas domiciliarias para pacientes con dificultades de movilidad o en situación de vulnerabilidad.
  • Intervenciones en crisis y seguimiento posterior a internaciones psiquiátricas.
  • Centros comunitarios, hospitales de día y espacios de rehabilitación psicosocial.
  • Dispositivos de acompañamiento familiar con eje en la integración educativa, laboral y social.

Después de la crisis, nadie puede quedar solo

Hay un punto del proyecto que, leído en detalle, tiene peso propio y que sintetiza el cambio de mirada que se propone, porque la iniciativa establece la obligación de elaborar un Plan Individual de Cuidados para los casos que lo requieran, con un equipo responsable designado y un abordaje que contemple las necesidades familiares y comunitarias del paciente, es decir, que cuando alguien salga de una internación o atraviese una crisis grave, ya no quedará librado a la buena suerte ni a la memoria de un profesional que justo ese mes cambió de función, sino que existirá una hoja de ruta con nombres, con teléfonos, con responsables claramente identificados que tomen el caso hasta que la persona pueda sostenerse por sí misma, algo que en el vocabulario de los equipos de salud se llama jatopa, que en guaraní quiere decir algo así como ayudarse mutuamente y que en criollo significa ni más ni menos que eso, que nadie se salva solo.

A esa columna vertebral se suma una estrategia provincial de atención de crisis disponible las 24 horas durante todo el año, una línea y un dispositivo de respuesta permanente para que cada región sanitaria defina sus propios protocolos de recepción, evaluación y actuación ante situaciones de riesgo, con continuidad del seguimiento una vez pasado el momento más agudo, y en paralelo se incorporan con fuerza las acciones de prevención del suicidio, con la integración de los programas provinciales vigentes, la priorización del seguimiento de personas en situación de riesgo y el desarrollo de acciones de posvención para quienes están transitando duelos por estas pérdidas, un capítulo que suele quedar invisibilizado y que la iniciativa chaqueña busca poner sobre la mesa con nombre y apellido, además de contemplar la capacitación obligatoria de los trabajadores de los servicios involucrados, un punto que en el texto original queda trunco pero que apunta a jerarquizar la formación permanente de quienes están del otro lado del mostrador.

Si el proyecto se convierte en ley, el Ministerio de Salud chaqueño tendrá 180 días para presentar un plan de implementación con metas a cinco años, un plazo razonable para una provincia que arrastra años de deudas en materia de salud mental pero que, en los pasillos legislativos, parece haber entendido que el verdadero lujo no es construir grandes edificios hospitalarios sino tejer una red que llegue a tiempo, que escuche, que no suelte la mano, algo que doña Ramona, desde la vereda ardiente de Resistencia, viene pidiendo desde hace rato con la sencilla claridad de las Madres de Plaza de Mayo chaqueñas, esas mujeres chaqueñas que tantas veces le cantaron a sus hijos detenidos-desaparecidos, y que con esa misma fe insiste en que esta vez, por favor, el sistema no le falle al suyo.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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