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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Chequeos que salvan silencios: por qué el médico hay que visitarlo cuando el cuerpo todavía no se queja

La falta de síntomas no descarta hipertensión, diabetes ni alteraciones en sangre. Especialistas remarcan que los controles periódicos, la lectura de los antecedentes familiares y la edad de cada paciente son claves para anticiparse a problemas que suelen crecer sin hacer ruido.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 1 h
Chequeos que salvan silencios: por qué el médico hay que visitarlo cuando el cuerpo todavía no se queja

Hay tardes de enero en Buenos Aires en las que la térmica no baja de los treinta y cinco grados y, aun así, uno se siente entero, con la garganta fresca después del tercer mate y la sensación de que el cuerpo funciona como una máquina aceitada. Esa percepción, tan común en quienes pasan los cuarenta y todavía no se medican nada, suele ser engañosa: sentirse sin molestias no equivale a estar sin riesgos. Acompañé varias veces a mi vecino Osvaldo, de Boedo, al centro de salud del barrio y siempre me llamó la atención una frase que repite la médica de cabecera cada vez que lo ve entrar caminando firme y sonriente: el cuerpo no siempre avisa cuando algo empieza a torcerse. Ella lo dice con la tranquilidad de quien revisa cientos de historias clínicas por mes, pero también con la firmeza de alguien que sabe que la hipertensión, por ejemplo, puedeinstalarse durante años sin dar una sola señal evidente, mientras va trabajando en silencio sobre las arterias y el corazón.

Qué se mide en una consulta preventiva

En la atención primaria, un control de rutina no se limita a preguntar cómo anda uno. La consulta suele empezar con el registro de peso y talla, sigue con la toma de la presión arterial y la frecuencia cardíaca, y se completa con la evaluación de la función respiratoria, los ojos, los oídos, la piel y las mucosas. Con esos primeros datos, el profesional define qué estudios de laboratorio corresponden según la edad, el sexo y el historial clínico de cada paciente. Ahí entran los análisis de sangre y orina que permiten observar el funcionamiento renal y hepático, los niveles de glucosa y colesterol asociados con la diabetes y el riesgo cardiovascular, y la posible presencia de anemia o procesos inflamatorios que, otra vez, pueden transcurrir sin síntomas. La indicación de cada análisis no es automática ni uniforme: depende de lo que aparezca en la consulta clínica, y esa es la parte que muchas personas saltean justamente porque se sienten bien y no consideran necesario pisar un consultorio.

La importancia de los antecedentes familiares

Hay un dato que cambia la frecuencia y la profundidad de los chequeos: la historia clínica de la familia directa. Si en padres, hermanos o abuelos hubo enfermedades cardíacas, diabetes o determinados tipos de cáncer, los controles suelen comenzar antes y repetirse con mayor asiduidad. Sobre ese punto se apoya Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah, cuando señala que los cuidadospreventivos contemplan el historial médico personal, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para definir un plan individual. En criollo, eso significa que la receta no es la misma para todos: cada persona lleva encima una carga genética y una historia que el profesional tiene que leer antes de pedir un estudio. Cuando le conté esto a Osvaldo, me miró con cara de descubrimiento y dijo algo que vale como resumen de la nota: uno va al médico cuando le duele algo, pero lo que más conviene es ir antes de que duela.

Cada etapa de la vida, una frecuencia distinta

  • Entre los 20 y los 30 años, una persona sana sin antecedentes relevantes puede requerir un chequeo cada uno a tres años.
  • A partir de los 40, las recomendaciones suelen orientarse hacia controles anuales, porque empiezan a aumentar los riesgos cardiovasculares y metabólicos.
  • Entre los 45 y los 75 años, los especialistas recomiendan incorporar la detección temprana de cáncer colorrectal; una de las alternativas habituales es la colonoscopia cada diez años, aunque los antecedentes familiares pueden adelantar el inicio de los estudios.
  • Entre los 50 y los 59 años, los chequeos anuales son una práctica frecuente, en línea con la intensificación del seguimiento general de esa franja etaria.
  • Durante el embarazo, las consultas prenatales regulares apuntan a detectar a tiempo complicaciones como preeclampsia, diabetes gestacional, alteraciones en el crecimiento fetal y otros cuadros que pueden aparecer sin síntomas previos.

En guaraní existe un término, ñeñangareko, que se usa para nombrar el cuidado cotidiano de uno mismo y de los que están cerca, ese atender sin esperar a que la cosa se ponga grave. Los controles médicospreventivos se mueven en esa misma lógica: no son un trámite para cuando aparecen las molestias, sino una manera de habitar el propio cuerpo con atención, aun en los días en que la térmica, el río y la vereda invitan a pensar que todo marcha sobre rieles. La próxima vez que el termómetro marque una tarde sofocante y el cuerpo diga que está perfecto, vale la pena recordar que muchas enfermedades trabajan en silencio, y que la mejor forma de escuchar lo que todavía no se oye es sentarse en el consultorio, aunque sea para que el profesional confirme que, esta vez, no hay nada raro.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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