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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Crónica de un laboratorio anunciado: sueldos en cuotas, 196 cheques sin fondo y 30 familias en la calle en Ituzaingó

La fábrica de solución fisiológica y gotas Valmafilo paralizó la producción en el conurbano bonaerense, adeuda la mitad de los sueldos de septiembre y acumula una deuda documentada en cheques rechazados que supera los 156 millones de pesos. El Ministerio de Trabajo bonaerense llamó a audiencia para este lunes y los gremios ya piden que se garantice la continuidad de la fuente de trabajo.

Por Elena SawczukCampo y producción yerbatera · · hace 1 h
Crónica de un laboratorio anunciado: sueldos en cuotas, 196 cheques sin fondo y 30 familias en la calle en Ituzaingó

Les cuento de entrada lo que vi y lo que me contaron: el termómetro del conflicto no se mide en declaraciones grandilocuentes sino en la crudeza de un número que incomoda. Laboratorio Valmax, la planta que desde hace cuatro décadas elabora solución fisiológica en monodosis y las conocidas gotas oftalmológicas Valmafilo en el partido de Ituzaingó, dejó de producir, bajó la persiana de su establecimiento y dejó en la calle a 30 de los 60 trabajadores que tenía en plantilla, un ajuste que cae sobre familias del oeste del conurbano bonaerense y que reconfigura de golpe la vida cotidiana de todo un turno fabril.

Una deuda documentada que ya no se puede disimular

Lo que empezó en abril como un mal síntoma se transformó en un cuadro terminal: la dirección del laboratorio comenzó a pagar los sueldos en cuotas, en mayo lo formalizó por escrito mediante un comunicado interno en el que se comprometió a abonar el 50% del salario el día 7 y el saldo el día 20, y con el correr de los meses esa promesa dejó de cumplirse hasta instalarse como una modalidad permanente que hoy mantiene a los trabajadores a la espera de la mitad del sueldo de septiembre, sin fecha confirmada de cobro y con la incertidumbre como única certeza de cada fin de mes.

El cuadro financiero que registra el Banco Central no deja espacio para la ambigüedad: 196 cheques rechazados por falta de fondos, por un total de 156.526.850 pesos, todos ellos devueltos por la misma razón, la ausencia de dinero disponible en las cuentas de la empresa, un dato que muestra que la crisis de Valmax no responde a un problema de facturación aislado sino a un estrangulamiento de caja que se arrastra y que se refleja en cada uno de los documentos rechazados.

  • 196 cheques rechazados por falta de fondos, por un total de 156.526.850 pesos, según el registro del Banco Central.
  • 30 de los 60 trabajadores despedidos y acceso bloqueado a la planta de Ituzaingó.
  • Suelvos pagados en cuotas desde abril y formalizados por comunicado interno en mayo.
  • Deuda de la mitad del salario de septiembre sin fecha de cobro confirmada.
  • Audiencia convocada por el Ministerio de Trabajo bonaerense para este lunes.

Quiero detenerme en la lectura gremial porque aporta una clave que, a mi entender, explica buena parte del desenlace: Marcelo Peretta, titular del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos, describió un escenario en el que la empresa habría acumulado stock suficiente para abastecer el mercado hasta fin de año, una sobreproducción que, combinada con una caída en la demanda de hospitales, farmacias y droguerías y con los plazos extendidos de pago de las licitaciones públicas, terminó de cerrar la pinza sobre el flujo de caja y dejó a la fábrica sin margen para sostener ni los salarios ni la operatoria habitual.

Del yerbal a la góndola: una empresa que cambió de manos y de rumbo

La historia de Valmax arranca en 1980 de la mano del austríaco Peter Ploder, farmacéutico egresado de la Universidad de Buenos Aires y radicado en el partido de Haedo, y durante décadas se sostuvo como un laboratorio familiar con una plantilla estable que oscilaba entre los 60 y los 70 empleados, hasta que en 2014 el fundador vendió su participación mayoritaria y la compañía reorientó su actividad hacia la producción tercerizada y las licitaciones públicas, un giro estratégico que la expuso más al comportamiento del Estado como comprador y que, según la mirada gremial, terminó siendo determinante en la crisis que dejó la fábrica paralizada y a 30 familias sin su fuente de ingreso en pleno septiembre.

Mientras la pelota siga en el aire, lo que el Estado todavía no resolvió es la parte más sensible de cualquier conflicto de estas características: la garantía efectiva de que los puestos de trabajo que aún quedan en pie van a sostenerse, que los salarios atrasados se van a pagar y que la audiencia de este lunes no termine convertida en un acta más archivada en un drawer burocrático mientras la solución fisiológica y las gotas Valmafilo, que durante años viajaron del yerbal a la góndola sin mayores sobresaltos, esperan en un depósito una definición que, por ahora, sigue sin aparecer.

ES
Elena SawczukCampo y producción yerbatera

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