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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando el vaso no alcanza: qué necesita el cuerpo según lo que le toque atravesar

La hidratación de todos los días se cubre con agua y una alimentación variada, pero un cuadro diarréico o un esfuerzo físico prolongado cambian las reglas del juego. Un repaso por las sales, los electrolitos y los errores más frecuentes a la hora de elegir qué tomar.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 22 d
Cuando el vaso no alcanza: qué necesita el cuerpo según lo que le toque atravesar

La térmica del jueves en la Ciudad de Buenos Aires invitaba a pedir otra jarra antes de terminar la primera, y mientras caminaba por la vereda de siempre, en el barrio de San Telmo, me crucé con Marta, que atendía su kiosco de toda la vida. Charlamos, como siempre, de lo que la gente pregunta cuando el termómetro se desboca: si alcanza con el agua de la canilla, si conviene una bebida con colores llamativo o si hace falta ir directo a la farmacia. La respuesta corta, le dije, es que depende. La larga, que cada quien pierde líquidos a su manera y que no todo lo que se vende como hidratante hace lo mismo.

La Organización Mundial de la Salud y Unicef vienen repitiendo hace décadas una indicación precisa: ante una diarrea, sobre todo en chicos y en personas mayores, lo que sirve para reponer lo perdido son las llamadas sales de rehidratación oral, esos sobres que se disuelven en agua y que tienen una proporción definida de glucosa y electrolitos. Una bebida deportiva, por más llamativa que sea su etiqueta, no equivale a esa fórmula: la glucosa está pensada para ayudar al intestino a absorber sodio y agua, y el resto de los componentes (cloruro, potasio y citrato) completa un combo que ninguna gaseosa ni preparado casero reemplaza sin riesgo. Si la confusión se instala, si aparecen desmayos, vómitos que no paran, imposibilidad de beber o signos de deshidratación severa, lo que corresponde es pedir atención médica, no improvisar con lo que haya en la heladera.

El guaraní tiene una palabra que describe bien lo que pasa cuando uno se deshidrata

En guaraní, ikyrýva remite a esa sensación de sequedad y de cuerpo que se afloja, y no hace falta traducirla demasiado para entender a qué apunta: cuando se pierde más líquido del que se repone, el organismo empieza a funcionar como un motor al que le falta agua. Por eso la vida cotidiana, lejos de los cuadros agudos, suele arreglárselas con lo que viene de fábrica: agua potable, frutas y verduras que aportan potasio, lácteos y semillas que suman calcio y magnesio, y la sal de todos los días como vía principal de sodio y cloruro. Estos minerales, conocidos como electrolitos, se ocupan de distribuir el agua en el cuerpo y de mantener el diálogo entre nervios y músculos, pero si no hay pérdidas importantes, sumarlos como suplemento no aporta ningún beneficio probado.

  • Para ejercicios de menos de una hora, la evidencia de diferencias frente al agua es escasa, según el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte.
  • Cuando el esfuerzo supera los sesenta minutos, sobre todo con calor o humedad, las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas concretas.
  • No existe una cantidad única: la sudoración y las pérdidas de sales varían entre personas y según la intensidad de la actividad.
  • Beber más de lo necesario también puede alterar el sodio en sangre, un cuadro conocido como hiponatremia que suele aparecer en pruebas de larga duración.

Algo parecido a lo que pasa con la sed después de un domingo de cancha se repite en la mesa familiar: cada cuerpo cuenta su propia historia. Lo que para un corredor amateur es suficiente, para un jugador de fútbol en pleno verano puede quedar corto. Por eso los especialistas insisten en ajustar la bebida al contexto: ni rutinas rígidas ni modas pasajeras. Mientras tanto, Marta volvió a la rutina del kiosco, acomodó unas botellas en la heladera y me dijo, mientras se secaba la frente con el dorso de la mano, que lo más sensato que había aprendido en cuarenta años detrás del mostrador era algo bien simple: tomar agua cuando aparece la sed, comer con variedad y, si la cosa se complica, llamar al médico antes que inventar una fórmula propia.

La hidratación, en definitiva, no es un tema de marketing ni de; es un asunto de equilibrios que el cuerpo negocia solo cuando uno lo deja. Quien lo entiende así termina entendiendo también que el agua de la canilla, una dieta con frutas y verduras y el sentido común suelen ser el mejor punto de partida. Lo demás, sales de rehidratación o bebidas con electrolitos, llega cuando la vida, el clima o el esfuerzo lo justifican.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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