Cuando la confusión se instala de golpe: una señal que no conviene dejar pasar
Un cambio brusco en la orientación o la conducta de un adulto mayor puede ser un cuadro de delirio, reversible en muchos casos si se trata la causa. Especialistas de Cleveland Clinic detallan cómo distinguirlo del avance de una demencia y por qué la consulta médica no puede esperar.
Arrancamos la nota con una imagen bien nuestra: la vereda de cualquier barrio porteño, un mediodía de enero en el que el calor parece empujar a la gente hacia las sombras. Ahí, en esa cotidianeidad, suele pasar algo que muchas familias no terminan de registrar. Si a un adulto mayor, de un día para el otro, le cuesta seguir una conversación o se desorienta en su propia cuadra, no es un simple rato de confusión: necesita atención médica inmediata. La advertencia la trae Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de la Cleveland Clinic, y vale tanto para quienes nunca tuvieron un diagnóstico neurológico como para los que ya conviven con una demencia.
Un cuadro que puede revertirse
Torbic lo explica con una claridad que en estos temas se agradece: el delirio suele estar gritando que algo en el organismo no anda bien y que hay que encontrarlo. Una infección, un desequilibrio, un medicamento nuevo. La confusión, en muchos casos, es la punta del hilo. Por eso, leerla como una simple manifestación de la demencia es un error con consecuencias: se demora la evaluación y se deja sin atender el verdadero desencadenante. Como me dijo una vez un vecino del Once, Alfredo, con esa frase que los años le dieron: "a veces el cuerpo avisa por donde puede". Y acá, el cuerpo está avisando.
Para los familiares y cuidadores hay un dato clave que sirve como punto de partida: fijarse en cuánto tardó en instalarse el cambio. El delirio aparece rápido, en horas o a lo sumo en uno o dos días. La demencia, en cambio, es otra paciencia: se va cocinando a fuego lento, durante meses o años, y va robando de a poco la autonomía para las tareas cotidianas. Cuando lo que se rompe de golpe es la atención, hablamos de delirio. Cuando el deterioro viene de lejos y se sostiene en el tiempo, hablamos de demencia. Aunque compartan síntomas, el camino y la urgencia son muy distintos.
Señales para mirar con atención
- Aparición en horas o uno o dos días, no de manera progresiva.
- Lucidez intermitente: en la misma jornada puede haber ratos claros y ratos de confusión.
- Dificultad marcada para concentrarse en lo que pasa alrededor.
- Cambios de conducta respecto del comportamiento habitual, como mayor retraimiento o agresividad.
- Suele ser más visible durante internaciones, sobre todo en cuidados intensivos.
Esa ida y vuelta entre la lucidez y la confusión es, justamente, lo que hace que el cuadro se nos pase de largo. Yo lo he visto en mi propia familia, y te juro que te queda esa sensación de no saber si era cansancio, edad o algo más. Por eso, lo que remarcan los especialistas es observar la atención como indicador: en las primeras etapas de una demencia, la atención suele mantenerse razonablemente estable. Si se viene abajo sin motivo claro, la sospecha de delirio crece y con ella la urgencia de una consulta.
En el hospital, cuando el delirio aparece, el equipo de salud sale a buscar el desencadenante. Y acá viene la parte que más tranquilidad debería darle a quien esté leyendo: corregir esa causa, en muchos casos, permite revertir la confusión. Eso no significa que la demencia no necesite seguimiento médico, ojo. La demencia no suele ser una emergencia por sí misma, pero vuelve a las personas más vulnerables al delirio cuando aparecen enfermedades o toca pasar por una internación. Por eso, distinguir una alteración abrupta respecto del estado habitual no es un dato menor: es lo que orienta la atención, lo que le pone nombre al problema y, sobre todo, lo que evita que se nos pase el tiempo.
La posta, en criollo
Hay una palabra en guaraní que me acompaña cuando escribo estas notas: "ñeheñói", que se traduce como "preguntarse", "indagar". Viene al caso porque de eso se trata, de no quedarse con la primera respuesta ni con la duda. Si el cambio es de golpe, la consulta no espera al lunes ni al turno que siempre se posterga. Es ahora, con el cuerpo delante del médico. Y si la confusión venía siendo parte de un cuadro más largo, mejor todavía: ese profesional va a poder separar lo que es crónico de lo que, esta vez, vino de visita y se puede echar a la calle. Después de tantos años cubriendo estos temas, me queda una sola imagen para cerrar, la misma con la que abrimos: la vereda, el calor, un abuelo o una abuela que un día mira su propia calle como si fuera la primera vez. Ahí, en esa mirada, empieza todo.
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