Cuando la rodilla no deja dormir: señales para no pasarlas por alto
Un especialista advierte que el dolor nocturno que corta el sueño o impide moverse con normalidad merece una consulta, y repasa qué hacer mientras tanto: posturas, frío o calor y precauciones con los medicamentos.
La tarde cae pesada sobre Buenos Aires, con esa humedad que se pega a la vereda y que parece meterse también en los huesos. Es el momento del día en que muchos se sientan en la cocina, miran el noticiero y, sin aviso, la rodilla empieza a quejarse. No es un dolor nuevo: viene de hace rato. Pero ahora, cuando el reloj pasa las nueve, cuando el cuerpo pide bajar la persiana y entregarse al descanso, la molestia se agranda y no deja dormir. Yo lo he escuchado mil veces en la parada del colectivo, en la verdulería del barrio, en la mesa de los domingos: la rodilla que duele de noche, esa compañía tan ingrata como frecuente.
Sobre ese mal tan común se explayó el médico Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria, y la conclusión es bastante directa: si el dolor corta el sueño o altera la rutina, hay que consultar. Mientras tanto, haȳ para sobrellevarlo, aunque -aclarémoslo desde ya- ninguna reemplaza al diagnóstico profesional.
La almohada que puede cambiar la noche
Antes de pensar en pastillas o en cremas, Baker propone algo tan sencillo como eficaz: revisar la postura en la cama. Para quienes tienen artritis y duermen de costado, el especialista sugiere colocar una almohada entre las piernas. El objetivo es sencillo: alinear la cadera y descargar la rodilla afectada. Si la costumbre es dormir boca arriba, la almohada debería ir debajo de las rodillas, generando una flexión leve que reduzca el contacto dentro de una articulación desgastada. Son ajustes pequeños, al alcance de cualquiera, y a veces marcan la diferencia entre una noche tolerable y una noche en vela.
Frío, calor o crema: qué conviene según el caso
- Calor: recomendado cuando el dolor es crónico y está asociado con artritis.
- Frío: útil para lesiones recientes por sobreuso y para zonas hinchadas, ya que disminuye la sensibilidad.
- Geles, cremas y parches antiinflamatorios: opciones de alivio localizado que pueden complementar el tratamiento.
Medicamentos: mirar el botiquín antes de tomar nada
Aquí viene uno de los puntos más delicados que tocó Baker. El ibuprofeno y el naproxeno son antiinflamatorios de venta libre y mucha gente los toma por su cuenta, casi como si fueran caramelos. El especialista advierte que esos fármacos pueden interactuar con anticoagulantes, lo que vuelve imprescindible revisar el resto de los medicamentos que se estén tomando antes de sumarlos al botiquín nocturno. En esos casos, la alternativa suele ser el paracetamol, pero también aquí la elección final tiene que pasar por el médico de cabecera. En otras palabras: nada de automedicarse a la madrugada porque el dolor no deja dormir.
Por qué de noche la rodilla se hace notar más
La explicación tiene su lógica y, cuando uno la escucha, casi asiente con la cabeza. Baker señala que el movimiento ayuda a mantener lubricada la articulación: mientras caminamos o flexionamos la pierna a lo largo del día, la rótula se desliza sobre una superficie que se mantiene aceitada. Al acostarnos y bajar la actividad, esa lubricación disminuye y el dolor acumulado se percibe con mayor intensidad. A eso se suma la presión sostenida sobre la articulación durante horas y, en algunos casos, un problema previo que se acentúa con la quietud, ya sea en una sola rodilla o en las dos.
Las causas pueden ser varias: lesiones, procesos inflamatorios o distintos tipos de artritis. El especialista mencionó también que correr sobre pavimento deja una carga que suele sentirse al final del día, y propuso como alternativas la natación y el ciclismo, dos disciplinas que permiten ejercitarse con menos impacto. En casos de artritis, las rodilleras ortopédicas pueden ser una herramienta de apoyo, siempre indicadas por el profesional que sigue cada paciente.
La consulta, cuando el cuerpo ya está mandando señales
Yo suelo decir que el cuerpo habla todo el tiempo, y que las rodillas, cuando empiezan a doler de noche, están levantando la mano con insistencia. Baker lo resumió de manera muy clara: si la molestia persiste, si corta el sueño o si dificulta las actividades habituales, no hay que quedarse en casa esperando que se pase sola. Las medidas de alivio -la almohada, el frío, el calor, la crema- sirven para ganar tiempo y reducir la incomodidad mientras se consigue el turno. Pero el tratamiento definitivo depende de un diagnóstico certero, y ese diagnóstico solo lo puede dar un profesional después de revisar la historia clínica, los estudios y el día a día de cada paciente.
“El movimiento ayuda a mantener lubricada la articulación. Al bajar la actividad durante la noche, esa lubricación disminuye y el dolor acumulado se percibe con mayor intensidad.”Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria
