Cuando la sangre se espesa: las señales del cuerpo que no conviene dejar pasar
Una pierna hinchada, un dolor que no cede o un cambio en el color de la piel pueden ser la antesala de un coágulo. Cuáles son los factores que elevan el riesgo, por qué el embarazo y los anticonceptivos entran en la conversación, y en qué momento dejar de esperar y llamar al médico.
El río bajaba mudo ese mediodía de enero, casi lamiendo la barranca como pidiendo permiso, y yo caminaba por la vereda todavía pensando en el mantel de la mesa de Daniela — que suele tenderlo con ese prolijo desorden que tienen los manteles de las casas del barrio de San Telmo cuando hace calor y una quiere que la comida dure hasta la sobremesa — cuando me crucé con Omar, vecino de toda la vida, que venía derecho al tema que hoy nos ocupa, ni más ni menos que a eso que los médicos llaman tromboembolia venosa, o sea la formación de un coágulo adentro de una vena profunda, casi siempre en las piernas, que si se suelta y viaja hasta los pulmones se transforma en una embolia pulmonar, y ahí sí la cosa se pone brava, porque estamos hablando de una complicación potencialmente mortal que requiere atención de emergencia sin chistar ni un segundo.
Ahora bien, antes de que se me arme el alarmismo — que no es mi estilo, yo soy más bien conciliador, de los que prefieren explicar antes que asustar — vale la pena detenerse en algo que el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco puso negro sobre blanco en estos días, y es que el cuerpo suele avisar, casi siempre avisar, y la cuestión es aprender a leer esas señales que a veces parecen cosas menores, una pierna molesta, un tobillo que no desincha, una mancha rara en la piel, y que sin embargo pueden ser la diferencia entre llegar a una consulta a tiempo y terminar corriendo a una guardia un domingo a la madrugada, que no es joda para nadie y mucho menos para los que ya tenemos unos cuantos años encima.
Las cuatro señales que Lo Monaco recomienda no pasar por alto
- Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o en el muslo, como si fuera una contractura que no se va.
- Hinchazón localizada, a veces de una sola pierna, que no se justifica con el calor ni con estar parado todo el día.
- Cambio de color en la piel de la zona afectada, que puede verse rojiza, azulada o más oscura de lo habitual.
- Sensación de calor en el lugar, como si la pierna estuviera más caliente que la otra al tocarla.
Ninguno de estos síntomas, por sí solo, confirma nada — eso lo aclara el propio especialista — pero todos justifican una consulta médica para descartar el problema, y en eso soy categórico, porque esperar a ver si se pasa solo es la peor de las estrategias, y más cuando aparecen las señales de una embolia pulmonar propiamente dicha, que ya son otro partido: dificultad para respirar que aparece de golpe, dolor en el pecho que se vuelve más intenso cada vez que uno inspira profundo, tos con sangre o, en el peor de los casos, pérdida de conocimiento, y ahí no hay tiempo para dudar ni para llamar al médico de la prepaga, ahí lo que corresponde es llamar a emergencias y listo, porque cada minuto cuenta y la vida no negocia.
Quiénes corren más riesgo y por qué
Hay condiciones que vuelven a una persona más propensa que a otra a que se le forme un coágulo, y no son pocas ni caprichosas, sino que van desde haber tenido uno previamente — porque el que tuvo uno tiene más chance de repetir, mal que nos pese — hasta tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia, pasando por fumar — ahí lo dejo,, porque fumar es un factor para todo lo malo que uno se imagina y para varias cosas más —, pasar períodos largos con movilidad reducida, ya sea por una cirugía, por un viaje largo en micro o en avión o por estar convaleciente en una cama, y convivir con enfermedades crónicas como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer, que ya de por sí alteran el equilibrio del organismo.
En la vida de las mujeres, además, hay tres etapas que merecen atención particular y que muchas veces se pasan por alto, incluso entre los propios profesionales, y que me parece importante repasar despacio para que cada una sepa dónde está parada. La primera es el uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno, que se asocia a un incremento del riesgo aunque, aclaremos, es bajo para la gran mayoría de las usuarias; la segunda es el embarazo y el posparto, que es un período de mayor vulnerabilidad porque el cuerpo activa mecanismos para evitar el sangrado excesivo durante el parto, y eso, paradojalmente, favorece la coagulación; y la tercera es la terapia hormonal que se utiliza para tratar los síntomas de la menopausia, sobre todo cuando incluye estrógeno, que también puede elevar el riesgo en algunas mujeres.
La frase del especialista y la idea de fondo
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo
El especialista insistió en algo que a mí, en lo personal, me parece clave y que tiene que ver con esta idea muy porteña — y muy criolla también, dicho sea de paso, porque en eso los paisanos del norte se avivan igual que nosotros — de que los riesgos no son fijos a lo largo de la vida, sino que se modifican con el embarazo, con los tratamientos hormonales, con los cambios en la movilidad, con la edad, con el peso, con el hecho de que uno fume o deje de fumar, y por eso el consejo más adecuado para cada persona varía según su propia historia clínica, lo que en guaraní diríamos algo así como eso de que cada uno sabe de su propio cuerpo, o más o menos, y entonces la consulta con un médico de confianza sigue siendo, a esta altura de los tiempos, la herramienta más poderosa que tenemos para cuidarnos de verdad.
Me acuerdo que Omar, mientras le cebaba un mate en la puerta de su casa, me dijo algo que me quedó dando vueltas todo el camino de vuelta: que él tenía un hermano al que le habían agarrado dos veces y que la primera había sido mientras se reponía de una operación de rodilla, y que de no ser porque la nuera — que es enfermera en el Hospital Argerich — lo mandó derechito a la guardia, hoy no estaría contándola, y uno se queda pensando que a veces la diferencia entre el susto y la tragedia es alguien que te dice che, andá al médico, y uno que tiene la humildad de escucharlo, y eso, en estos tiempos que corren, ya es bastante, así que termino esta nota como suelo terminar, con una imagen, no con un dato: la imagen de Omar parado en la vereda, con el mate en una mano y el sol cayéndole en la cara, diciéndome que se cuide, mientras el río, allá lejos, seguía bajando mudo como siempre.
