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Cuidar el cuerpo para cuidar la cabeza: una apuesta regional contra la demencia pasa por Buenos Aires

Un ensayo internacional coordinado desde la Argentina siguió durante dos años a más de mil adultos mayores de once países y midió qué pasa cuando se suman alimentación, movimiento, estimulación mental, vínculos sociales y control cardiovascular. Los resultados abren una conversación sobre cómo sostener esos cambios en cada barrio y en cada casa.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · 16 de septiembre de 2026 · hace 3 h

La mañana en Buenos Aires llega con esa mezcla de sol tibio y ruido de colectivo que ya se siente propio, y en uno de los salones donde se reunieron los especialistas el tema fue la memoria. No cualquier memoria: la de miles de adultos mayores de América Latina que aceptaron meterse durante dos años en un programa para ver si cambiar algunos hábitos cotidianos podía hacer algo por las capacidades cognitivas. El estudio se llama LatAm-FINGERS y se presentó como una experiencia regional, con datos argentinos pero también con la palabra paciente de once países.

La idea de base es bastante directa, casi de sentido común, pero aplicada con método: lo que le hacemos al corazón y a los vasos sanguíneos termina afectando al cerebro. Por eso, cuando se habla de prevenir la demencia, ya no alcanza con pensar en pastillas o en ejercitar la mente en abstracto. El paquete completo incluye controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol; comer de manera saludable; moverse; ejercitar la cabeza con actividades que obliguen a aprender; y, sobre todo, no quedarse solo.

Una investigación con sello regional

El número que dejó el encuentro fue claro: 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en 11 países, siguieron durante dos años una intervención que combinó todas esas patas. Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal del estudio, contó que las propuestas se adaptaron a cada lugar porque no es lo mismo organizar una clase de cocina saludable en Buenos Aires que en una ciudad de Centroamérica. “La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales”, explicó.

En una recorrida por los pasillos de la sede del encuentro, imagino a Don Osvaldo, vecino de Villa Urquiza, escuchando todo esto mientras toma su mate en la vereda de su casa. Seguramente pensaría que mucho de esto ya lo vive sin darle nombre: la caminata diaria, la ronda de amigos en el club del barrio, el médico que le controla la presión cada tres meses. Pero la investigación vino a ponerle un marco: no se trata de acciones sueltas sino de un conjunto sostenido en el tiempo.

  • Alimentación saludable adaptada a cada región y a los productos accesibles.
  • Actividad física regular, acorde a la edad y a las posibilidades de cada persona.
  • Estimulación cognitiva mediante actividades que impliquen aprender algo nuevo.
  • Vínculos sociales activos, desde una charla con un vecino hasta un taller grupal.
  • Control de factores de riesgo cardiovascular: presión arterial, glucosa, colesterol y tabaquismo.

La palabra que más se repitió entre los investigadores fue “kaa”, aunque nadie en la sala la usara: en guaraní significa “aminar”, y terminó siendo una de las ideas fuerza del programa, porque todo empieza por moverse, aunque sea un poco, aunque sea por la cuadra. Esa idea chiquita conecta con algo grande que mostró el ensayo: el grupo que recibió el acompañamiento más estructurado registró mejoras en la cognición global, mientras que el otro grupo, con recomendaciones más flexibles, también participó del proceso. La adhesión fue otra señal alentadora: el 80% mantuvo un compromiso moderado o alto con el programa y el 84,9% completó la evaluación final.

Cuidar la memoria, sin promesas exageradas

Los propios especialistas aclararon algo que vale la pena repetir: estos resultados no significan que una vida saludable funcione como una garantía absoluta contra la demencia. La demencia es compleja, tiene factores que todavía no se terminan de entender, y por eso el mensaje no puede ser el de una solución mágica. Lo que sí muestra LatAm-FINGERS es que hay un camino posible, regional, realista, que combina la medicina con la vida cotidiana y que puede sostenerse en distintos contextos sociales y culturales.

En la Argentina, donde la población envejece y donde los centros de salud suelen estar lejos de varios barrios, la experiencia aporta algo concreto: un menú de intervenciones que se pueden ir adaptando a cada comunidad, a cada club, a cada centro de jubilados. Cuidar la cabeza, según lo que se discutió en Buenos Aires, empieza por algo tan sencillo y tan nuestro como mantener una rutina, una conversación y un control médico al día, y se sostiene con la convicción de que la memoria también se entrena, se acompaña y, sobre todo, se comparte.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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