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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Desayunos con más fibra, sin revoluciones: cómo sumar los 25 gramos diarios que pide la OMS

La Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo de 25 gramos de fibra al día, repartidos entre todas las comidas. La primera del día puede ser una buena aliada si se eligen bien los alimentos.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 13 d
Desayunos con más fibra, sin revoluciones: cómo sumar los 25 gramos diarios que pide la OMS

La mañana en Buenos Aires suele empezar con el ruido de la pava, algo de calor que ya se siente sobre la mesada y la pregunta de siempre: qué se desayuna. Casi nadie piensa en la fibra cuando pone la pava, pero la Organización Mundial de la Salud tiene una cifra bastante concreta en la cabeza: al menos 25 gramos diarios de fibra presente de forma natural en los alimentos. No es una meta inalcanzable, ni mucho menos, y buena parte se puede resolver en el primer plato del día, sin grandes revoluciones en la cocina ni en la rutina.

La idea, coinciden varias guías internacionales, es ir sumando de a poco. Si el consumo venía siendo bajo, un salto brusco puede traer gases, hinchazón abdominal y alguna visita extra al baño, algo que casi nadie quiere a las ocho de la mañana. El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, el NIDDK, insiste en que ese paso gradual se haga siempre acompañado con suficiente líquido. No hay una cantidad única que sirva para todos: las necesidades dependen del tamaño corporal, la salud general, la actividad física y hasta el lugar donde uno vive, porque el clima cambia la sed.

Pequeños cambios sobre lo que ya se come

Acá va lo interesante: no hace falta reinventar el desayuno. Se trata de mirar lo que ya se pone en la mesa y agregar una fruta entera al lado de las tostadas, o tirar unas semillas sobre el yogur. Esa lógica de «sumar y no reemplazar» es la que mejor funciona en la vida real, donde la mayoría cambia de hábito de a poco y no de un día para el otro.

  • Si el desayuno es yogur natural: añadir frutos rojos y chía o lino molido, que además aporta omega 3.
  • Si se acostumbra pan con huevo: elegir un pan integral y acompañarlo con palta y una fruta entera, para reunir fibra, grasas buenas y vitaminas en la misma mesa.
  • Si la base es avena: sumar frutas frescas o secas, semillas o un puñado de nueces, lo que haya en la alacena.
  • Si se quiere algo salado: arroz integral, quinoa, batata o las verduras que quedaron de la noche anterior pueden ir a una tortilla o un salteado, y suman fibra junto con proteínas.

Fruta entera, no jugo

Hay un detalle que la Asociación Estadounidense del Corazón repite cada vez que puede: conviene quedarse con la fruta entera y dejar el jugo para ocasiones puntuales. Cuando la fruta se procesa para obtener jugo, buena parte de la fibra se pierde en el camino, así que un vaso de jugo y una manzana no juegan en la misma categoría. La lista de fuentes de fibra que difunde esa entidad es bastante amplia e incluye verduras, cereales integrales, porotos, nueces y semillas, además de las frutas.

En paralelo, la OMS recomienda consumir al menos 400 gramos diarios de frutas y verduras, una meta que a veces parece grande pero que se va cumpliendo sin demasiado esfuerzo si se reparten en las cuatro comidas. No se trata de medir cada plato con balanza, sino de tener presentes estas referencias a la hora de armar el menú semanal.

“Para quienes tienen síndrome de intestino irritable, la fibra soluble puede ser una aliada, pero conviene hacer los cambios con orientación profesional, porque cada cuerpo tolera distinto y una mala elección puede empeorar los síntomas en vez de mejorarlos.”NIDDK, Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos

En el barrio de Belgrano, Marta, con quien hablé mientras esperaba el colectivo, lo resume con una frase que podría ser el epígrafe de cualquier manual de alimentación cotidiana: «Yo empecé poniéndole una banana al yogur y ahora le tiro de todo, pero fue de a poco, no me clavé una ensalada de fibra de un día para el otro». La tolerancia, justamente, es la palabra clave: incorporar variedad, observar cómo reacciona el cuerpo y ajustar. La fibra no es una moda ni un superalimento milagroso, es un nutriente que estaba un poco olvidado en el desayuno argentino y que vuelve a la mesa con una consigna simple: sumar, no reemplazar, y avanzar de a poco para que el estómago no se queje.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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