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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Don Julio bajo la lupa: una turista destapó la carta y los números abren el debate

Con las fotos del menú en la mano, repasamos cuánto salen las carnes, las achuras, los acompañamientos y las bebidas en la parrilla de Palermo, y los contrastamos con otro local del barrio para entender por qué el precio no siempre dice todo.

Por Elena SawczukCampo y producción yerbatera · · hace 10 d
Don Julio bajo la lupa: una turista destapó la carta y los números abren el debate

Hay una verdad que cualquier porteño conoce antes de sentarse a la mesa: comer bien en Palermo tiene un precio, y ese precio cambia según dónde uno se ubique, qué pida y, sobre todo, cuánta carne le pongan en el plato. Esta semana, una turista que pasó por la parrilla Don Julio decidió sacar su celular, fotografiar cada hoja de la carta y mostrar al mundo cuánto cuesta hoy hincarle el diente a uno de los templos del asado porteño. Lo que dejó a la vista no fue solo una lista de valores, sino una radiografía de cómo se mueve la gastronomía de alta gama en la Ciudad de Buenos Aires, y de por qué comparar precios sin mirar los gramos puede llevar a conclusiones equivocadas. Les propongo que recorramos esa carta juntos, desde la entrada hasta el postre, y que al final saquemos nuestras propias cuentas.

Empecemos por lo primero que aparece en la mesa. Las empanadas de carne cortada a cuchillo salen 13.000 pesos; la provoleta estacionada, 27.000; y unas papas fritas que muchos eligen para compartir, 19.000. Si la idea es abrir con una cerveza, hay que pensar en 13.000 pesos para arriba, y si la preferencia es un vaso de vino, el salto es a 17.000. Para una pareja que quiera arrancar con dos empanadas cada uno, una provoleta compartida y una botella de vino, el arranque de la noche ya se ubica en el orden de los 60.000 pesos solo en entradas y bebida, sin haber tocado todavía el carbón.

Los cortes: donde la cuenta se empieza a poner seria

En el corazón de la propuesta están las carnes, y los números que difundió la visitante son contundentes. El bife de cuadril figura a 99.000 pesos y el ojo de bife, a 101.000. El vacío de fino y el bife de chorizo mariposa comparten cartel en los 104.000 pesos cada uno. Más arriba se acomodan el entrecot y el asado de tira, en 112.000, y en la cima aparece el bife de lomo, con 113.000. Es decir: para dos personas que pidan un corte intermedio cada una, más lo ya mencionado, la velada arranca en el entorno de los 300.000 pesos, sin contar servicio ni propina.

Achuras: la otra cara del asado

  • Morcilla: 7.000 pesos, la opción más accesible para entrar en calor.
  • Riñones: 39.000 pesos, un clásico de las parrillas porteñas.
  • Chinchulines de novillo: 48.000 pesos, con el sabor fuerte que los caracteriza.
  • Mollejas de corazón: 113.000 pesos, a la par del corte más caro de la carta.
  • Degustación de achuras: 181.000 pesos, para quienes quieran probar varias en una sola mesa.

El apartado de achuras merece su propio párrafo, porque en Don Julio las mollejas cuestan exactamente lo mismo que el bife de lomo: 113.000 pesos. Quien quiera darse el gusto de probar varias puede optar por la degustación, que trepa a 181.000. Y si la idea es economizar dentro del mundo de las achuras, la morcilla sigue siendo la puerta de entrada, a 7.000 pesos el plato.

La comparación con otra parrilla del barrio

Ahora bien, comparar precios sin mirar el peso de la porción es un error que muchos cometemos al leer este tipo de listas. El caso del bife de chorizo es el más claro: Don Julio cobra 97.000 pesos por 500 gramos, lo que lleva el kilo a 194.000 pesos. En otra parrilla de Palermo, una porción de 800 gramos cuesta 100.600 pesos, es decir, 125.750 el kilo. A primera vista, el plato parece más barato en el segundo local; en realidad, comer carne por unidad de peso sale un 35 por ciento más barato en la competencia. La historia se repite con las achuras: las mollejas cuestan 80.900 pesos en el otro restaurante y los chinchulines, 33.700, mientras que los riñones muestran la relación inversa, con 41.700 contra 39.000 de Don Julio. Pero la advertencia es clave: no todas las porciones tienen el mismo gramaje, y por eso la lectura fina de los números cambia cualquier conclusión apresurada.

La casa fue fundada en 1999 por Pablo Rivero, trabaja con ganado Aberdeen Angus y Hereford alimentado a pasto y se ubica en el corazón de Palermo, con una cava de vinos argentinos que es parte de su identidad. La turista que compartió las imágenes calificó su experiencia con cinco estrellas, destacó la comida, la atención y el ambiente, y recordó que el lugar requiere reserva previa. Para quienes estamos pensando en sentarnos a la mesa, la pregunta del cierre es inevitable: a la hora de elegir, qué pesa más en el presupuesto, el precio del corte, el tamaño de la porción o los acompañamientos, porque en el restaurant de hoy, como en la góndola de ayer, no alcanza con mirar el número, hay que mirar también los gramos. Y en eso, todavía, el comensal argentino camina solo: no existe una obligación legal de informar el peso neto en la carta, un detalle que el Estado podría empezar a considerar para terminar con la opacidad que hoy vuelve casi imposible comparar dos parrillas de Palermo con la misma vara.

ES
Elena SawczukCampo y producción yerbatera

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