El courier aflojó en agosto, pero el acumulado ya roza lo que se importó durante todo 2025
Las compras internacionales por servicios postales retrocedieron por segundo mes consecutivo, aunque en el año suman USD 855 millones y se acercan al total del año pasado. Un relevamiento de la CACE muestra que el precio manda a la hora de mirar afuera y que cada vez más argentinos se animan a su primera compra fuera del país.
Agosto dejó un segundo tropiezo seguido para las importaciones que llegan al país a través de servicios postales y courier. Después del pico de junio, que rozó los USD 125 millones, el mes pasado cerró en torno a los USD 104 millones, de acuerdo con las cifras que difundió Analytica y que reordenan el pulso de una modalidad de consumo que en la Argentina pasó de ser una raredad a convertirse en un canal habitual para una porción creciente de la población, sobre todo entre los más jóvenes y para una amplia gama de productos que van desde un programa de software hasta un par de zapatillas, pasando por pasajes, celulares y, sobre todo, ropa de marca que acá se consigue bastante más cara.
Con todo, la foto de corto plazo no debe leerse como un cambio de tendencia, porque en el acumulado de enero a agosto las compras del exterior por la vía postal acumulan USD 855 millones, un salto de 71,1% frente al mismo tramo de 2025. Para encontrarle dimensión al número, basta con mirar un dato casi simbólico: a esa cifra le faltan apenas USD 39 millones para igualar todo lo que se importó por courier a lo largo del año pasado, lo que deja a 2026 a las puertas de un nuevo récord y, si el ritmo se sostiene, en camino a superar los USD 1.200 millones antes de que termine diciembre.
Por qué los argentinos siguen mirando afuera
La pregunta que sobrevuela estas estadísticas es de las más simples y, a la vez, de las más reveladoras del momento que vive el consumo: por qué, aun cuando acá hay oferta, los argentinos eligen comprar fuera del país. El estudio Mid Term 2026 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) ofrece una respuesta que no sorprende a nadie que haya recorrido las góndolas de un shopping o las páginas de un local durante los últimos meses, y que confirma esa intuición que muchos repiten en la mesa familiar: la diferencia de precio, cuando se la mide en dólares o al tipo de cambio que termina pagando el bolsillo, sigue siendo el motor principal.
- El 64% de los compradores internacionales mencionó el precio como la razón principal para comprar afuera.
- El 45% se inclinó por las promociones y los descuentos vigentes en sitios del exterior.
- El 40% destacó la variedad de marcas o modelos como motivo decisivo.
- Un 45% señaló que elige productos o servicios que directamente no consigue en el país.
- El 31% recurrió a proveedores extranjeros para contratar suscripciones o servicios digitales, como aplicaciones y software.
Más compradores y más jóvenes, aunque la frecuencia sigue siendo ocasional
Hay un dato que, leído con cuidado, dice mucho sobre cómo se está reconfigurando el mapa del consumo argentino: seis de cada diez argentinos ya hicieron, alguna vez, una compra internacional online, y el 18% se sumó recién durante 2026, cuando un año antes esa cifra de debutantes se ubicaba en el 8%. El ingreso de compradores nuevos se concentró, sobre todo, en el tramo de 18 a 34 años, una franja que ya no necesita que nadie le explique cómo funciona el botón de pago en una tienda de afuera, pero que todavía pide permiso, muchas veces, en la mesa de la casa antes de autorizar un gasto en dólares.
Ahora bien, este avance de nuevos compradores no se traduce, todavía, en una rutina de compra: la frecuencia sigue siendo mayoritariamente esporádica, con un 64% de los encuestados que compra afuera de manera ocasional y apenas un 27% que lo hace de forma regular, lo que termina de explicar por qué las cifras mensuales pueden moverse hacia arriba o hacia abajo sin que se haya alterado, en el fondo, la decisión de base que empuja a una parte creciente de los argentinos a completar el carrito del otro lado de la frontera.
Qué se compra y qué todavía no resolvió la política pública
Cuando se mira el contenido del carrito, la radiografía que arma la CACE muestra una pauta de consumo muy específica: los contenidos audiovisuales, el software, las aplicaciones y los servicios de streaming reúnen el 21% de las menciones, un dato que condensa el peso creciente de lo digital en la billetera de los argentinos; detrás vienen la ropa y el calzado no deportivo, con 17%, y la indumentaria y el calzado deportivo, con 16%, dos rubros que en las góndolas locales suelen mostrar diferencias de precio considerables respecto de sus equivalentes importados; más atrás aparecen los pasajes y servicios turísticos, con 13%, y los celulares y accesorios, con 12%, un segmento que hasta hace poco se abastecía, sobre todo, en los locales del microcentro porteño o en cadenas oficiales.
Mientras ese mapa de preferencias se va consolidando, lo que todavía no termina de resolverse del lado del Estado es la discusión de fondo que estas cifras reabren cada mes: cómo se convive con un flujo de importaciones por courier que ya dejó de ser marginal y que empieza a presionar sobre la cuenta corriente, sin que se haya definido, hasta ahora, un esquema tributario, logístico ni cambiario estable para una modalidad de compra que seis de cada diez argentinos ya probaron al menos una vez, y que el año que viene, si el ritmo no se corta, amenaza con romper un nuevo techo. La pregunta, entonces, sigue siendo de política económica tanto como de góndola: qué se hace con un canal de consumo que la gente eligió de manera masiva y al que la regulación todavía no termina de acompañar.
