El método ROPA: cuando las dos mamás son protagonistas del embarazo
Una técnica de fecundación in vitro reparte roles entre dos mujeres: una aporta los óvulos y la otra lleva adelante la gestación. Cómo se decide quién hace cada cosa y qué cuenta una pareja que ya tiene dos hijas.
El sol cae a plomo sobre la vereda de casa y el aire se pega a la piel como una segunda camiseta. En algún barrio porteño, o quizá en las afueras de cualquier ciudad de la provincia de Buenos Aires, dos mujeres toman un café con la certeza de que quieren ser mamás y de que, llegado el momento, las dos van a poner el cuerpo para que eso pase. Para ellas existe un camino que la medicina llama método ROPA, una sigla que quiere decir Recepción de Ovocitos de la Pareja y que, en criollo, significa algo tan sencillo como profundo: las dos participan, una con los óvulos y la otra con el embarazo.
Cómo se decide quién aporta y quién gesta
Acá no hay una regla escrita que diga quién hace qué, y eso es lo primero que aclara el especialista en medicina reproductiva Agustín Pasqualini. La distribución de roles se arma charlando, evaluando y escuchando los deseos de ambas, porque cada pareja es un mundo y la medicina, en estos casos, camina de la mano de la conversación. En la práctica, cuando una mujer va a ser la donante de los óvulos se miran con lupa dos datos centrales: la edad y la reserva ovárica, que es la cantidad de óvulos que todavía tiene disponibles el ovario. En la que va a llevar adelante la gestación se revisa el estado general de salud, la historia ginecológica y obstétrica y, sobre todo, las condiciones del útero, que tiene que estar listo para recibir un embrión y sostener un embarazo. Si las dos están en condiciones de ocupar cualquiera de los dos lugares, entra en juego algo tan importante como los estudios: cómo quiere vivir la maternidad cada una, qué significa para cada quien estar embarazada, qué siente cada una cuando se imagina pariendo o cuando se imagina donando sus óvulos.
- En la donante de óvulos se evalúan edad y reserva ovárica.
- En la gestante se revisan salud general, historia ginecológica y condiciones del útero.
- Si ambas están aptas para los dos roles, se prioriza el deseo de cada una.
- Algunas parejas eligen ROPA para que las dos participen corporalmente del proceso.
- En otros casos, la distribución responde también a motivos médicos.
El procedimiento en sí es, en el fondo, una fecundación in vitro de manual, con un detalle que lo vuelve único: las protagonistas son dos mujeres que ya están juntas. A la mujer que va a aportar los óvulos se le estimula el ovario con medicación para que produzca varios en un mismo ciclo, se le punza el ovario y se los extrae. Esos óvulos van al laboratorio, donde se los fecunda con semen de un donante anónimo, que la pareja elige de un catálogo que manejan los centros de fertilidad. Cuando el embrión está formado, se lo transfiere al útero de la otra mujer, que para entonces ya pasó por una preparación endometrial: tomar hormonas para que el revestimiento del útero esté mullido y receptivo, listo para recibir al embrión y anidarlo. Pasqualini lo explica con una frase que a mí, como porteño de ley, me queda sonando: algunas parejas llegan al ROPA porque quieren que las dos sean parte del cuento desde la biología, no solo desde los brazos.
La experiencia de Pamela y Mariana: Juana y Eva
A Pamela Visciarelli y a Mariana Blanco la vida les fue mostrando, de a poco, que el camino de la maternidad no siempre es tan lineal como una receta de tortas fritas. Ellas transitaron varios tratamientos de fertilidad que no habían terminado en embarazo, siempre con Mariana intentando gestar con sus propios óvulos. Fue su médica, la doctora Liliana Blanco, la que un día les propuso cambiar la estrategia y probar con el método ROPA, una palabra que hasta ese momento sonaba más a sigla de WhatsApp que a proyecto de familia. La sugerencia fue clara: que Pamela aportara los óvulos y que Mariana llevara adelante el embarazo, una distribución que, además de tener sentido médico, calzaba justo con lo que ellas ya habían charlado en la mesa, mientras planificaban cómo imaginaban la familia que querían armar.
“Queríamos que Mariana tuviera primero esa experiencia, por una cuestión de edad. Después se daría vuelta la tortilla, y así pasó.”Pamela Visciarelli
De esa primera búsqueda nació Juana, en un embarazo que llegó al primer intento, en la primera transferencia embrionaria, como quien dice a la primera bala y sin dar demasiadas explicaciones al universo. Dos años más tarde la tortilla efectivamente se dio vuelta, como dice Pamela, y fue ella la que se embarazó para tener a Eva, también en el primer intento y también en la primera transferencia, un detalle que no es menor en un mundo donde cada pinchazo y cada beta espera pesan lo suyo. Pero además del consultorio, el método ROPA les abrió un costado social que pocas veces aparece en las notas sobre fertilidad. Pamela cuenta, todavía con una mezcla de asombro y paciencia, que durante el embarazo de Mariana mucha gente no terminaba de entender qué lugar ocupaba ella en esa familia en formación, y que explicar que también era la mamá, y no una amiga o una hermana mayor, se volvió parte de la vida cotidiana, un trabajo silencioso que se repite en cada cumpleaños, en cada trámite en el club del barrio y en cada conversación en la puerta de la escuela.
Yo no quise poner en el cierre una cifra ni un porcentaje de éxito del tratamiento, porque ninguna estadística reemplaza lo que cuentan Pamela y Mariana cuando hablan de Juana y de Eva, ni lo que relata Pasqualini cuando dice que cada pareja escribe su propio libreto. Me quedo, en cambio, con la imagen de las dos en una plaza cualquiera del conurbano, una empujando la hamaca y la otra sosteniendo la sillita, mientras las nenas piden un poco más de sombra porque el sol de las cinco todavía aprieta, y en esa escena, que es de lo más ordinaria y a la vez de lo más revolucionaria, está contado todo lo que hay que entender sobre el método ROPA.
Te puede interesar
