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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El ritual de sacarse los zapatos al entrar, según la Cleveland Clinic

La clínica estadounidense sostiene que dejar el calzado junto a la puerta y limpiar los pisos con trapo húmedo ayuda a cortar el ingreso de polvo con plomo, arsénico, pesticidas y otros compuestos que las suelas arrastran desde la calle hasta el living.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 18 d
El ritual de sacarse los zapatos al entrar, según la Cleveland Clinic

Hay tardes en Buenos Aires en las que el asfalto todavía despide calor y uno llega a la puerta con la sensación de haber caminado sobre una chapa caliente. Es justo en ese umbral, con la transpiración en la frente y las suelas embarradas de la jornada, donde empieza una costumbre que muchos hogares argentinos practican casi sin pensarlo: descalzarse antes de pasar al living. Para la Cleveland Clinic, uno de los centros de salud más reconocidos de Estados Unidos, ese gesto no es una cuestión de etiqueta ni de prolijidad: es una barrera concreta contra un montón de contaminantes que, sin que lo veamos, viajan colados en el calzado desde la vereda hasta la mesa donde se apoya el mate.

Qué se trae la suela cuando uno entra a casa

La explicación llega de la mano del médico internista Daniel Sullivan, de la propia Cleveland Clinic, y es bastante más extensa de lo que parece a primera vista. Después de pisar veredas, baños públicos, colectivos o jardines, las suelas pueden cargar tierra, restos orgánicos y una variedad enorme de sustancias químicas. Entre los compuestos que pueden transportar figuran los PFAS, esas sustancias conocidas por su persistencia en el ambiente y en el organismo, además de polvo con plomo y residuos de pesticidas.

“El plomo puede dañar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos. El polvo que se desprende de pinturas antiguas deterioradas puede viajar adherido al calzado.”Daniel Sullivan, médico internista de la Cleveland Clinic

Sullivan agrega un dato que suele caer mal a los vecinos de casas más antiguas: el polvo con plomo no es una exageración de manual, es un riesgo concreto, sobre todo cuando en la familia hay chicos que juegan sobre el suelo y se llevan las manos a la boca cada dos por tres. En esos casos, el umbral de la casa deja de ser un detalle doméstico para transformarse en una decisión sanitaria.

La Cleveland Clinic también recogió datos del programa DustSafe, que durante años analizó polvo doméstico en 35 países. El estudio encontró arsénico, cromo y níquel en muestras de interiores y observó una asociación directa entre viviendas más antiguas y concentraciones superiores de plomo y arsénico. Tener acceso a jardines, algo muy común en los barrios del conurbano y en muchas casas del interior, se relacionó con niveles más altos de esos dos elementos, en parte porque las suelas arrastran fertilizantes, insecticidas y pesticidas aunque uno no los aplique en el propio patio.

Como me decía la semana pasada Marta, vecina de Villa del Parque y dueña de dos nietos que gatean por el living: "Yo antes me reía de mi vieja cuando me obligaba a sacarme los zapatos en la puerta. Ahora, con los chicos, dejé el calzado en un canasto grande en el pasillo y limpio el piso con un trapo rejilla embebido en agua con un poquito de vinagre. Es un cambio chico, pero me deja más tranquila". Ese tipo de arreglo casero, modestísimo, es exactamente el escenario que describen los especialistas: no se trata de esterilizar la casa, sino de cortar una de las vías por las que entran los contaminantes.

Porque, ojo, encontrar bacterias en las suelas no significa que vayan a provocar una infección. Sullivan lo aclara con cuidado: retirar el calzado reduce una de las rutas de ingreso de contaminantes, pero no los elimina por completo. La idea no es vivir obsesionado con la limpieza ni transformarse en una especie de guardián del piso brillante, sino entender que el polvo que se ve a simple vista es solo la punta de algo mucho más invisible. En los barrios de casas bajas, donde el río de la vereda arrastra hojas y el polen se mete hasta el comedor, esa pequeña frontera del umbral puede marcar una diferencia real para los más chicos y para cualquiera que conviva con alergias.

Al final del día, cuando el sol baja detrás de los jacarandáes y uno apoya la mochila en la silla, queda esa imagen de siempre: el par de zapatillas junto a la puerta, el trapo húmedo todavía tibio en el balde y la casa respirando un aire un poco más limpio. A veces las soluciones más importantes no están en un frasco ni en un aparatito tecnológico, sino en un gesto tan viejo como abrir la puerta y descalzarse antes de entrar.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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