El verde retrocede en el Nación y vuelve a valores de septiembre: el productor mira con cautela el plato de la dolarización
El tipo de cambio minorista se ubica en $1.535 en la principal entidad pública y en $1.537,18 en el promedio de los bancos, mientras el blue se sostiene por encima de la paridad oficial. Las reservas brutas se acercan otra vez a los USD 50.000 millones y los plazos fijos siguen ofreciendo hasta 23,5% anual.
Yo arranco la mañana mirando dos pantallas a la vez: el termómetro del dólar y el parte del tiempo sobre los yerbatales de Misiones. Esta vez la noticia viene por el primer monitor. El precio de la hoja verde que paga el colono en la zona de Andresito amaneció tranquilo, entre 320 y 350 pesos el kilo según la parcela, porque la cosecha gruesa ya pasó y el mercado interno no convalida subas. Pero el otro verde, el billete, también se tomó un respiro que hacía rato no veíamos: este martes el dólar para la venta al público en el Banco Nación se ubica en 1.535 pesos, un valor que no se registraba desde el 23 de septiembre, y en el promedio de todas las entidades financieras el minorista quedó en 1.537,18 pesos para la venta y en 1.483,80 pesos para la compra, según el relevamiento del Banco Central.
En el segmento mayorista, donde se mueven las empresas y los importadores que después terminan definiendo el precio de los insumos del yerbal — desde el nylon para los cobertizos hasta los fertilizantes—, la divisa cerró la última rueda en 1.517 pesos, con una suba marginal de apenas 1,50 peso, equivalente a 0,1 por ciento, que no alcanza para torcer la tendencia. Porque el dato de fondo es que el mayorista acumula su segunda semana consecutiva en baja, un movimiento que para los colonos significa que el insumo importado podría empezar a pagarse unos pesos menos en las próximas semanas, aunque nadie se anime a cantarlo antes de tiempo.
El blue, las reservas y la tentación del plazo fijo
- El dólar blue sube a 1.550 pesos, unos 15 pesos por encima del precio de ventanilla en los bancos, una brecha que se mantiene acotada y que refleja cierta calma en el mercado informal.
- Las reservas internacionales brutas treparon 380 millones de dólares en la última jornada y llegaron a 49.701 millones de dólares, el stock más alto desde el 17 de septiembre; la suba del oro, que avanzó 1,4% hasta los 4.218,10 dólares la onza, explicó parte de ese crecimiento.
- El Banco Central compró 69 millones de dólares en su intervención del día, equivalentes al 10,5% de la oferta disponible en el mercado de contado, en una rueda donde se negociaron más de 655 millones de dólares.
- Los plazos fijos a 30 días siguen pagando hasta 23,5% anual en algunas entidades, lo que permite cosechar 100.000 pesos de intereses en un mes depositando alrededor de 5,2 millones; con las tasas más bajas del sistema, el capital necesario trepa a más de 7,6 millones.
Desde el yerbal a la góndola, esta película se repite cada vez que el tipo de cambio se mueve: cuando el dólar retrocede, los colonos saben que el paquete de medio kilo que llega a la góndola del supermercado porteño no va a acomodarse solo, porque los costos de cosecha, flete y secanza están dolarizados desde hace rato. Ramón, un colono de la localidad de Montecarlo que conozco desde hace años, me lo dice mientras revisa el estado del tiempo en el celular antes de cargar los raídos: "Si el verde se calma, alguno pensará que se acabaron las urgencias. Pero acá seguimos esperando que el Estado nos resuelva la deuda vieja con los molinos y que no nos cambien las reglas del juego cada tres meses".
En un contexto donde las reservas brutas vuelven a arrimarse a los 50.000 millones de dólares y el oro aporta buena parte de ese colchón, lo que el mercado mira no es tanto el precio de la foto de hoy sino quién se queda con los dólares que entran. El Central volvió a comprar, sí, pero los plazos fijos a 23,5% anual siguen siendo la zanahoria que los bancos ponen para que el ahorrista no se vuelque masivamente al contado. Y es precisamente esa combinación — dólar planchado en lo alto, pesos rindiendo arriba del veinte, brecha acotada — la que deja a la política económica a la espera de una señal que todavía no llega: un plan claro, creíble y de largo plazo que permita a los productores, a los industriales y a los ahorristas dejar de mirar la pizarra del Nación como si fuera un parte meteorológico del que depende la cosecha.
