«Enamorarse», el romance adulto que De Niro y Streep filmaron entre y odontólogo
A 42 años de su estreno, la película de Ulu Grosbard vuelve a estar disponible y se recuerda como una rareza en las carreras de sus dos protagonistas: un drama de Manhattan, sin balas ni guerra, sobre lo que pasa cuando la rutina se cruza con un deseo inesperado.
Voy a confesar algo antes de seguir: la primera vez que vi Enamorarse fue casi por accidente, en una tarde de domingo, zappeando sin destino. La imagen mostraba a un tipo de traje oscuro y a una mujer con bufanda discutiendo por un paquete envuelto para regalo en una librería de Manhattan. Me quedé mirando porque, claro, eran Robert De Niro y Meryl Streep hablando como si fueran un contador y una abogada de Queens, no los monstruos sagrados que uno tiene en la cabeza. Eso ya me pareció una película distinta. La película se cumplió 42 años este 2026 y acaba de regresar a algunas plataformas de streaming, así que tomé nota como pretexto para volver a verla y charlar sobre lo que sigue funcionando.
De qué se trata, para el que no la vio
Frank Raftis (De Niro) y Molly Gilmore (Streep) cruzan sus paquetes por error en una librería en época navideña. Meses después se reencuentran en el tren que ambos toman para ir y volver del trabajo. Lo que empieza como una incomodidad simpática se vuelve confesión, y la confesión se vuelve un problema: los dos están casados, los dos tienen hijos, los dos construyeron una vida que ahora sienten que miraron de costado. El guión de Michael Cristofer no ofrece atajos: la tensión está menos en el romance y más en lo que cada uno está dispuesto a romper, y a costa de quién.
Dirigió Ulu Grosbard, un director que venía del teatro de Off-Broadway y que acá trabaja a favor del underplay: planos largos, silencios, actores que sostienen la escena con la cara más que con la palabra. La ciudad cumple un rol casi protagónico. La librería, el vagón, el café, la oficina funcionan como el cuarto personaje, porque es justamente donde Frank y Molly permiten que algo se filtre mientras hacen el recorrido de siempre. El género viene de lejos: varios críticos de la época la emparentaron con Breve encuentro, el clásico inglés de 1945 en el que un encuentro casual en una estación de tren también reorganiza una vida entera.
- Frank Raftis (Robert De Niro): ejecutivo, casado, padre de familia, descubre que su rutina le pesa.
- Molly Gilmore (Meryl Streep): abogada, casada, con hijos, se permite por primera vez en años mirar a otro costado.
- Harold y Edie (David Clennon y Dianne Wiest): el matrimonio de Molly, con la sombra de Edith como termómetro.
- Bruno (Harvey Keitel) y Janet (Jane Kaczmarek): el entorno de Frank, donde la culpa también pide su lugar.
Por qué la pareja funciona aunque a la crítica no la convenció
Acá viene lo que me parece más interesante para charlar entre lectores de cuarenta para arriba. Para 1984, De Niro era el tipo que te hacía contener la respiración en Taxi Driver y en Toro salvaje, y Streep acababa de ganar su segundo Oscar como protagonista por Sophie’s Choice. Verlos acá, sin acento impostado, sin personaje extremo, casi de jean y piloto, fue una apuesta rara del estudio. A mí me gusta justamente por eso: son dos bestias escénicas dedicadas a parecer gente común, y es ahí donde el film respira. Las escenas del tren están filmadas con una cámara que los deja hablar bajo, y uno les cree la duda, el cansancio, las ganas. La química no es eléctrica, es lenta, y por eso molesta: porque uno entiende que les pasa de verdad.
La crítica no fue unánime en su momento. Roger Ebert le puso dos estrellas sobre cuatro y señaló que el guión tendía a esquivar los momentos más incómodos del triángulo. Otros reseñistas la defendieron por ese mismo tono contenido. Del lado del público, la recaudación en Estados Unidos y Canadá fue modesta: alrededor de 11,1 millones de dólares, con un arranque de unos 2,3 millones, según los registros de la época. No fue un fracaso estrepitoso, pero quedó lejos de los tanques que Paramount esperaba de juntar a las dos figuras que tenía.
Por qué se reestrena ahora y qué mirar
El film volvió a estar disponible en formato doméstico y en algunas plataformas de streaming en el último tramo, con motivo del aniversario. Si nunca la viste, es buen momento: soporta el paso del tiempo porque no está atada a modas visuales ni a un soundtrack. Y si la viste hace décadas, vale la pena revisitarla para ver cuánto cambió lo que uno tolera en un protagonista adulto que miente en su casa. A veces nos enojamos más con Frank, a veces con Molly, a veces con uno mismo. Eso, me parece, es lo único que necesita un drama de esta clase para seguir vivo.
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