Fito Páez volvió al piano, se sentó y contó que quiere aprender a pararse frente a una orquesta
El rosarino pasó por Otro día perdido, interpretó “Al lado del camino” y se abrió con Pergolini sobre la “máquina orquestal” que lo fascina. Hubo recuerdos con Charly García, una explicación sobre la famosa gira de las espaldas y un cierre a pura canción pedida.
El piano estaba ahí, esperándolo, y Fito Páez se sentó como si volviera a un bar de los que le gustaban en Rosario. El rosarino arrancó la noche del Otro día perdido con “Al lado del camino”, esa canción que ya parece un himno nacional cantado por taxistas y por hinchadas, y desde el primer acorde se notó que la visita iba a ser cosa seria. Mario Pergolini lo recibió con la calidez que se le ve cuando un invitado le interesa de verdad, y el resto del equipo – Evelyn Botto y Agustín “Soy Rada” Aristarán– se acomodó para una charla que fue tanto una clase de música como una sobremesa afectuosa.
A mí lo que me llamó la atención es que Fito llegó hablando de aprendizaje, no de gloria. “Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona”, dijo, con esa mezcla de entusiasmo y concentración que se le nota cuando un tema lo atrapa de verdad. Contó que quiere aprender a dirigir una orquesta, algo que no es menor para alguien que ya lleva décadas encima del escenario. No lo planteó como un capricho de estrella que se aburre, sino como un proyecto que le falta: entender esa maquinaria desde adentro, como compositor y desde el podio.
Charly, la melena y por qué miraban al público de espaldas
En un momento Pergolini le preguntó por la gira que compartió con Charly García, aquella en la que ambos tocaban de espaldas a la gente. “Hay que preguntarle a Charly”, arrancó Fito, con una sonrisa pícara que arrancó risas en el estudio. Después se puso serio y explicó lo que muchos intuíamos: que García nunca había dado una razón clara para esa decisión escénica, pero que él siempre la entendió como una imagen, como una manera de pensar el show.
“Me sirvió porque aprendí un montón.”Fito Páez
Fito destacó las tres facetas de García que más le importaban: compositor, intérprete y, sobre todo, director de lo que pasaba arriba del escenario. Dijo que aquella puesta – público mirando dos espaldas y una melena moviéndose– era una idea visual pura, del Charly más conceptual, y que él había tomado nota de cada detalle. Lo dijo con admiración, sin mitigar nada: reconoció que haberlo acompañado le dejó un aprendizaje que todavía hoy usa cuando planifica sus propios shows.
Lo que el público ya no recuerda y el cierre con canciones pedidas
La charla se puso pensando en voz alta cuando Fito contó algo que lo preocupa. Relató que, unos quince años atrás, había hecho un concierto entero con temas de Charly que él creía archiconocidos y se topó con gente que no los reconocía. No fue una denuncia ni una queja ampulosa: fue la reflexión de un músico que ve cómo la memoria cultural se va borrando y que se pregunta qué queda cuando los grandes repertitos dejan de sonar en las radios y en los asados.
El cierre fue como terminan las buenas noches de Fito: con los dedos de nuevo sobre las teclas y los pedidos del conductor y los panelistas convertidos en canciones. Por lo que se vio en el programa, la próxima fecha ya está en la cabeza del público que pasó por la mesa: volver a escucharlo en vivo, ahora con la promesa de que, en algún momento, se va a parar del otro lado del escenario para dirigir.
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