Julieta Prandi y Emanuel Ortega dieron el sí en San Tomé? quiero decir, en San Isidro: una boda con sabor a familia ensamblada
La conductora y el músico se casaron este martes en el Registro Civil de San Isidro, en una ceremonia íntima con 36 invitados. Hablaron del valor del trámite, de cómo se conocieron en pandemia y dejaron la puerta abierta a la luna de miel.
Me lo imagino y casi lo veo: una mañana de martes, el sol entrando por los ventanales del Registro Civil de San Isidro, y una fila corta pero significativa. Treinta y seis personas, ni una más, esperando su turno para ser testigos de algo que, en los papeles, no cambiaba demasiado, pero en la cabeza y en el corazón de Julieta Prandi y Emanuel Ortega, pesaba muchísimo. Se casaron. Punto. Y lo contaron con esa mezcla de emoción contenida y sencillez que suelen tener los matrimonios chicos, de los que se hacen casi en silencio.
Una ceremonia chica, casi en familia
La conductora lo dijo tal cual, sin vueltas, al salir del trámite: «Es más un símbolo, no nos cambiaba nada porque nosotros elegimos estar juntos. Vivimos juntos hace tiempo». Ahí está la clave de esta boda. No fue el arranque de una convivencia, sino el sellado de una vida que ya estaba en marcha. Prandi y Ortega conviven desde hace rato y, además, forman una familia ensamblada con los hijos que cada uno trajo de sus historias anteriores. Por eso avisaron a los invitados con poca anticipación: querían algo pequeño, rodeado de los afectos más cercanos, y no montar un evento que les robara la intimidad.
Entre los presentes estuvieron Palito Ortega y Evangelina Salazar, los padres del músico, y Martín Ortega, el hermano del novio. Figuras pesadas del espectáculo argentino, pero también, y sobre todo, una familia conteniendo a otra. Se entiende la imagen: suegros y nuera compartieron la mañana como si fuera un día más, aunque con un plus de emoción. Prandi agregó que no hubo despedida de soltera y que, más adelante, tienen previsto un viaje de luna de miel, aunque todavía no precisaron destino ni fecha.
«Era mi sueño casarme»: hablan los recién casados
Una vez terminado el trámite, los dos hablaron con la prensa apostada en la puerta. Emanuel confirmó algo que varios querían saber desde hacía tiempo: la propuesta de matrimonio la hizo él. «Yo se lo propuse», dijo, con la tranquilidad del que ya tiene la respuesta. Y agregó que agradecía las muestras de cariño recibidas en la jornada. Julieta, por su parte, se mostró especialmente emotiva y reconoció que, por encima de cualquier razonamiento práctico, pesaba un deseo personal: «Si se quiere, yo soy más romántica y era mi sueño casarme». La frase la define: hablar de sueños en medio de un trámite civil no es algo menor. Es admitir que, aun viviendo en pareja desde hace años, el casamiento tenía un lugar propio en su imaginario.
Cómo se conocieron y qué se pusieron
- El vínculo arrancó a mediados de 2020, durante el aislamiento por la pandemia de coronavirus. Los primeros contactos fueron por mensajes en Instagram y, después, por llamadas. El primer encuentro presencial fue el 13 de agosto de ese año.
- Prandi eligió para la ocasión un conjunto de seda blanco, compuesto por un blazer amplio y un top del mismo color. No lo encargó a un diseñador, aunque sí mandó a preparar el ramo con anticipación y lució unos aros azules que le regaló una amiga.
- Ortega resolvió su vestuario sobre la marcha: miró el pronóstico del tiempo y revisó su placard hasta dar con lo que iba a ponerse. La informalidad del armado contrasta con la formalidad del trámite.
A esta altura, queda flotando una pregunta que atraviesa a cualquiera que haya pasado por algo parecido. ¿Qué valor tiene, en tiempos de parejas que conviven durante años sin pasar por el Registro, una ceremonia así? Para Prandi la respuesta es clara: el casamiento no formalizó una decisión pendiente, sino que coronó una elección ya tomada. Es, si se quiere, un modo de decirse «te elijo de nuevo» delante de quienes uno quiere. Para Ortega, fue dar el paso que faltaba, incluso cuando en los papeles la historia ya estaba encaminada. Una boda sin grandes fanfarrias, con familia, con amigos cercanos y con la certeza de que lo más importante ya estaba ocurriendo hacía rato. La próxima parada, según dejaron entrever, será el viaje de luna de miel, que por ahora sigue siendo un misterio hasta para los más curiosos.
