La banca se borra del mapa: 672 filiales menos en siete años y un país que ya opera desde la pantalla
El sistema financiero argentino pasó de 4.616 a 3.944 sucursales entre 2019 y julio de 2026. Más del 90% de las operaciones ya son virtuales y el 80% de los clientes nuevos ni pisa un banco. La reconversión golpea el empleo y deja a varias provincias con apenas una veintena de locales.
El cierre de sucursales bancarias en la Argentina dejó de ser una percepción del vecino y se convirtió en un dato duro que no deja lugar a dudas: el sistema financiero perdió 672 filiales en apenas siete años, lo que representa una caída del 14,5% en la red física, y según el último relevamiento del Banco Central, en julio de 2026 quedaban en funcionamiento apenas 3.944 locales frente a los 4.616 que existían en julio de 2019.
Lo que más llama la atención es que el recorte no fue parejo ni constante, sino que se fue acelerando con el correr de los años: entre 2020 y 2022 las bajas fueron casi testimoniales, con apenas 28 sucursales cerradas en el primer año y solamente 2 en el segundo, pero a partir de 2023 el proceso se desbocó con 94 locales menos ese año, 109 en 2024 y una cifra impactante de 229 sucursales cerradas en los últimos doce meses, lo que equivale a un achicamiento del 5,5% sólo en un año y deja en evidencia que la tendencia no sólo no se detiene sino que gana velocidad.
La pantalla se quedó con el cliente
La explicación de fondo hay que buscarla en los hábitos de los usuarios, porque hoy más del 90% de las transacciones bancarias se hacen por canales digitales y el 80% de los nuevos clientes se dan de alta sin pisar nunca una sucursal, de modo que las entidades optaron por reorganizar su infraestructura física concentrando la demanda de un barrio en un solo local y bajando la persiana de aquellos donde la concurrencia se había vuelto insignificante.
A eso se le sumaron las fusiones corporativas que sacudieron al sistema en los últimos tiempos, ya que la adquisición del HSBC por parte del Banco Galicia y la compra del Itaú por parte del Banco Macro trajeron aparejado el cierre de filiales que quedaron a pocas cuadras unas de otras, y que resultaban redundantes dentro de una misma zona de influencia, lo que profundizó el adelgazamiento de la red en las principales ciudades del país.
“Las entidades sostienen que esta tendencia no responde a una estrategia de abandono del mercado local sino a una reconversión tecnológica: una de ellas informó una inversión de 210 millones de dólares en infraestructura tecnológica durante 2026 y un plan de 500 millones para los próximos tres años, orientado a un modelo de atención digital con soporte humano para las operaciones que lo requieran.”Banco Central de la República Argentina
El mapa que quedó: asimetrías marcadas entre provincias
- La provincia de Buenos Aires concentra 1.290 sucursales plenas, el distrito con mayor presencia física del país.
- La Ciudad Autónoma de Buenos Aires dispone de 597 filiales, una densidad inédita para el resto del territorio.
- Santa Fe cuenta con 426 locales y Córdoba con 409, completando el podio de provincias con mayor cobertura.
- Tierra del Fuego apenas suma 21 sucursales y Catamarca se queda con 19, en el otro extremo de la distribución geográfica.
El mismo proceso de reconversión golpeó con fuerza al empleo bancario, porque en junio de 2026 trabajaban 86.795 personas en el sector contra las 107.026 que empleaba la actividad siete años atrás, una baja de más de 20.000 puestos que el propio Banco Central registró en sus estadísticas oficiales y que muestra que el achicamiento de la red no fue sólo de paredes y ventanillas sino también de puestos de trabajo concretos.
En lo personal, recorrer las calles de cualquier ciudad del interior y comprobar que el banco del cual uno era cliente desde chico ya no está, o que la sucursal de la esquina cerró y dejó un local vacío con el cartel todavía puesto, es la postal más elocuente de un cambio que las entidades financieras presentan como modernización y que para miles de usuarios significa perder la posibilidad de hacer un trámite cara a cara cuando la aplicación falla o el cajero automático se queda sin billetes, y esa transición del mostrador a la pantalla todavía no terminó de encontrar su equilibrio en un país donde buena parte de la población, sobre todo la de mayor edad, sigue necesitando una ventanilla abierta para resolver lo cotidiano.
