La chica de la aguja: una Copenhague en blanco y negro que se anima a contar lo peor
El filme de Magnus von Horn que la pasó viendo en Netflix mezcla un crimen real de los años veinte con el día a día de las mujeres más castigadas por la posguerra. Una recomendación con todas las letras para quienes quieran un drama que va sumando capas.
Arrancamos por lo concreto: la sala estaba a oscuras, la pantalla grande y yo con el café ya frío en la mano porque me olvidé de tomarlo. A los veinte minutos ya había entendido por qué La chica de la aguja me había quedado sonando toda la semana. La película danesa dirigida por Magnus von Horn, estrenada en 2024, no te lleva de la mano: te tira al centro de una Copenhague posterior a la Primera Guerra Mundial, filmada íntegramente en blanco y negro, y espera que vos y Karoline, la protagonista, se arreglen como puedan.
Karoline es una chica joven que trabaja y vive con lo justo. Queda embarazada en un contexto donde las redes de contención son casi nulas y donde la maternidad, cuando no hay dinero ni respaldo, se vuelve un problema difícil de resolver. Ahí es donde aparece Dagmar, interpretada por Trine Dyrholm, una mujer que se presenta como alguien dedicada a conseguir familias dispuestas a recibir a los bebés de madres que no pueden criarlos. La oferta le cambia el panorama a Karoline: por un momento parece una salida posible frente a un futuro que se cierra.
Un caso real contado con suspenso y sin moralinas
Lo que sostiene a La chica de la aguja como thriller dramático es que la película parte de un caso criminal que sacudió a la Dinamarca de los años veinte. Von Horn lo toma y lo mezcla con el retrato social de la época: la pobreza, la falta de redes para las mujeres, la distancia entre clases. La trama va soltando la información de a poco, así que la relación entre Karoline y Dagmar pasa de la confianza a la sospecha, y la sala entera termina leyendo los gestos de las actrices como si fueran pistas.
- Por qué verla: combina drama social con suspenso, sin caer en golpes bajos emocionales.
- Lo mejor: la dirección la lleva con mano firme y deja que las actrices cuenten todo con la cara y con el cuerpo.
- Lo que puede dividir: el ritmo es lento y a veces insiste mucho en la sensación de encierro.
- El detalle visual: el blanco y negro no es un capricho estético, ayuda a mostrar la cara más dura de la Copenhague de posguerra.
- Para tener en cuenta: toca el tema de la maternidad forzada y la pobreza con crudeza, así que no es para una noche distendida.
Lo que deja flotando cuando termina
Lo que más me quedó es la pregunta que el propio guion se hace y que yo les tiro a ustedes: qué margen de decisión le queda a una persona cuando no tiene recursos ni apoyo del Estado ni de su entorno. Es una pregunta que atraviesa toda la película y que la conecta con los temas sociales que Von Horn quiere poner sobre la mesa, incluso por encima del crimen que le sirve de punto de partida. La chica de la aguja está disponible en streaming para quienes quieran hacerse ese viaje en casa, y la próxima función para verla en pantalla grande, según informaron desde la distribuidora local, recién en la última semana de mayo, con funciones especiales en cines independientes de Buenos Aires.
