Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

La historia secreta detrás del rechazo que cambió para siempre al animé japonés

A principios de los setenta, Hayao Miyazaki viajó a Suecia para adaptar a Pippi Calzaslargas. La negativa de Astrid Lindgren frustró el plan, pero dejó una huella que terminó asomando en varias de sus películas más queridas.

Por Nadia ChamorroCultura y espectáculos · · hace 5 d
La historia secreta detrás del rechazo que cambió para siempre al animé japonés

A principio de los años setenta, el equipo detrás de "Las aventuras de Hols, el príncipe del sol" quedó patas para arriba. La película no funcionó en las salas y tanto Hayao Miyazaki como Isao Takahata dejaron Toei Animation con más ilusión que certezas. Los recibió el productor Yasuo Otsuka, que los convocó a un estudio chico, A-Pro, con la idea de hacer algo distinto a la producción televisiva que inundaba la pantalla japonesa. Y ahí apareció el sueño que los entusiasmó a los dos: una serie de anime basada en Pippi Calzaslargas, la nena pelirroja y rebelde que Astrid Lindgren había inventado en 1945.

Cuenta mi viejo que, para mí, Pippi fue un antes y un después. Era la primera vez que un libro infantil me hablaba de igual a igual. Por eso, cuando me topé con esta historia, no la solté: pensar que el mismísimo Miyazaki viajó a Suecia para pelear por esos derechos y se volvió con las manos vacías es de esas cosas que te reconfiguran cómo ves una película.

Para Miyazaki, el proyecto abría una puerta rara, enorme. "Fue algo extraordinario para nosotros. La oportunidad de hacer algo significativo y no solo televisión", recordó años después. Takahata, en tanto, le encontraba un atractivo extra: los libros de Lindgren cuestionaban la tradición de la literatura infantil europea, esa que solía mostrar a las infancias como sujetitos a corregir. Hacer anime sobre Pippi era romper con dos moldes al mismo tiempo.

Un viaje a Visby y un portazo inesperado

En 1971, Miyazaki se tomó un avión rumbo a Suecia para sentarse cara a cara con Lindgren y negociar los derechos. El periplo arrancó en la isla de Gotland y lo llevó por los paisajes medievales de Visby, ese pueblo amurallado con casas de piedra y techos rojos que parece arrancado de un cuento. El paseo dejó huella: el director se fue de Europa con otra idea del continente, mucho menos pulcra y ordenada de la que llevaba encima.

Pero la negociación no prosperó. Lindgren venía enojada con una versión cinematográfica de su personaje rodada en 1949, que no la había representado, y además descreía del animé: le parecía demasiado violento para las historias que ella contaba. La negativa cayó mal en el estudio. Miyazaki quedó con un archivo entero de bocetos y materiales de investigación que ya no tenían destino.

Los fantasmas de Pippi que nunca se fueron del todo

Esa pila de dibujos no se perdió: buena parte de las ideas pensadas para Pippi recalaron en "Las aventuras de Panda y sus amigos" (1972), el mediometraje que Takahata dirigió y que Miyazaki escribió. La protagonista, Mimiko, es una nena traviesa y pelirroja que se parece demasiado a la Pippi soñada. La película tuvo secuela al año siguiente y demostró que el rechazo no había matado las ideas: solo las había empujado a buscar otro disfraz.

Y el viaje a Suecia siguió coleando. Dieciséis años más tarde, Miyazaki volvió a usar los paisajes que había conocido durante aquella negociación frustrada como referencia visual para "Nicky, la aprendiz de bruja" (1989), la adaptación de la novela de Mary Norton. Así, lo que no pudo ser Pippi terminó asomando, en pedazos, en buena parte del cine posterior del japonés. Quedate con eso la próxima vez que veas sus películas: a veces, la obra que nunca se hizo es la que más se nota en las que sí existen.

NC
Nadia ChamorroCultura y espectáculos

Te puede interesar