Las hermanas Owen cierran un capítulo, pero dejan la puerta entornada para una tercera entrega
Nicole Kidman y Sandra Bullock vuelven a meterse en la piel de Sally y Gillian Owens casi treinta años después. La secuela resuelve la maldición familiar pero deja varios arcos abiertos, y eso alimenta el rumor de una parte tres.
Lo confieso: fui una de esas pibas que a fines de los noventa alquiló Prácticamente magia en el videoclub del barrio y se quedó pegada al televisor mirando cómo Sally y Gillian Owens sacudían escobas con mala suerte. Cuando me enteré de que había una segunda parte, sentí ese cosquilleo típico de las reuniones familiares: volver a ver a las hermanas, comprobar cómo les fue en estos casi treinta años, y rezar para que no me arruinen el recuerdo. Les cuento qué me llevé puesto del cine.
La película arranca con un sacudón: aparece Tom Bailey, un pariente lejano de las Owen que no tiene un gramo de magia en la sangre pero le sobra resentimiento. Se le ocurre la peor de las ideas, que es hacerse con el libro de hechizos para cobrarse cuentas pendientes. El plan le sale mal, claro, y las hermanas lo bajan entre las tres con un conjuro colectivo. Es el tramo más coral de la película, donde se nota que el elenco se divierte y el público responde con risas contenidas, esas que suenan cuando una escena funciona.
El corazón de la historia está en Massachusetts
En paralelo a esa pelea familiar, Frances descubre que la maldición que carga a las mujeres Owen —esa condena tremenda de que los hombres que aman mueren— sólo se rompe con un sacrificio personal. Lo paga, y como consecuencia directa, Gideon, el novio de Kylie que estaba en coma desde hace rato, despierta. Es el momento más emotivo de la película, y la sala se quedó en un silencio espeso que se cortaba con un suspiro cada tanto. Ahí entendí por qué esta saga sigue vigente.
“La sala se quedó en un silencio espeso que se cortaba con un suspiro cada tanto, y ahí entendí por qué esta saga sigue vigente.”Nadia Chamorro
Después del sacudón, el tono vira hacia la reconstrucción. Las dos más jóvenes de la familia empiezan a despuntar sus propios poderes, Kylie se casa con el flamante despierto de Gideon y Sally retoma su vida sentimental de la mano de Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega como contrapunto fresco. La historia cierra sin escena poscréditos, algo que varios fans venían pidiendo desde el primer trailer.
- El arco de Gillian Owens no termina de cerrarse del todo: la vemos en un lugar distinto al del principio, pero sin una resolución marcada sobre su futuro personal y profesional.
- Las integrantes más jóvenes de la familia apenas empiezan a explorar su herencia mágica, así que queda mucho por contar sobre cómo se hacen cargo de ese legado.
- El negocio familiar que identifica a las Owen —esa tienda de hechizos y pociones— queda en una zona gris: no se sabe quién lo conduce hacia adelante ni hacia dónde apuntan los próximos pasos.
- La aparición de Ian suma una pieza nueva al rompecabezas sentimental de Sally, y eso también es hilo suelto para una continuación.
En lo personal, salí de la sala con la sensación de haber visto un reencuentro cálido más que una secuela clásica. La franquicia volvió en un momento particular: la primera parte se había hecho conocida de nuevo por las plataformas de streaming, donde una generación entera la descubrió décadas después del estreno original de 1998. Eso, sumado a que el final deja varios arcos entornados sin necesidad de un cliffhanger explícito, mantiene viva la conversación sobre una posible tercera parte. Si me preguntan a mí, el final tal como está cuenta una historia cerrada, pero deja la puerta lo suficientemente abierta como para que las hermanas Owen nos convoquen otra vez.
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