Jueves, 17 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
PortadaVida
Vida /

Mate caliente bajo la brisa: cuando el sudor se evapora, el cuerpo se refresca

Un profesor especializado en bienestar explica por qué una infusión caliente puede aliviar el calor en un ambiente seco y ventilado, y por qué la hidratación pesa más que la temperatura del vaso.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · 17 de septiembre de 2026 · hace 59 min

El sol cae a plomo sobre la vereda y el río baja manso, casi sin viento. En medio de esa calma pesada, un vecino del barrio de San Telmo, Don Carlos, se sirve un mate cocido bien caliente y asegura que es la única forma que conoce de bajar un cambio cuando la térmica se dispara. Lo que él intuye sin saberlo lo cuenta un especialista: tomar algo caliente, en ciertas condiciones, puede ayudar a refrescar el cuerpo.

El secreto está en la evaporación

El profesor John Tregoning, especializado en bienestar, lo explica con una idea sencilla. La bebida incorpora calor al organismo y, como respuesta, estimula la transpiración. El truco es que ese sudor se evapore. Cuando el agua sobre la piel se transforma en vapor, se lleva consigo energía térmica del cuerpo y eso libera calor. Si el sudor queda pegado a la ropa o resbala en gotas, se pierde líquido sin conseguir el mismo efecto refrescante.

En criollo y como lo resume doña Marta, de La Boca, mientras acomoda el ventilador: el aire corriendo sobre la piel es el que termina la tarea. Sin esa corriente, el calor que entra con la taza puede ser más que el que el cuerpo logra soltar.

Seco y ventilado, húmedo y estancado

El ambiente es el que decide. Un espacio seco y con brisa permite que la transpiración se evapore sin problemas y convierte al té o al café en aliados contra el calor. Una habitación húmeda y sin ventilación hace lo contrario: el sudor se acumula, el aire que rodea la piel se empapa y el enfriamiento no llega. La humedad, cuando es alta, frena la evaporación, y la falta de circulación de aire mantiene el vapor pegado al cuerpo.

  • Con aire seco y ventilado: el sudor se evapora y la bebida caliente puede resultar refrescante.
  • Con mucha humedad y sin brisa: el sudor no se evapora y el calor incorporado puede superar al que se libera.
  • En cualquier caso, la prioridad pasa por reponer líquidos con frecuencia, más que por la temperatura del vaso.

En el barrio de Belgrano, mientras charlamos en la puerta de un almacén, Roberto me pasa su propia regla, aprendida de chico: si el aire se mueve, mate cocido al cuerpo; si el aire está quieto, agua fresca. Lo que él llama intuición, Tregoning lo respalda con una explicación fisiológica: las bebidas frías dan una sensación inmediata de alivio y bajan por un rato la percepción de calor, mientras que las calientes pueden favorecer la pérdida de calor mediante una mayor transpiración, siempre que el entorno acompañe. Ninguna de las dos opciones gana en todos los escenarios.

“La prioridad es reponer líquidos de manera frecuente. La temperatura de la taza o del vaso tiene un papel secundario frente a la hidratación y las condiciones del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar

Y acá aparece una palabra que en el Norte usamos sin pensar: el ñemity, ese calor espeso que se queda pegado a la piel cuando el aire no corre y la humedad no afloja. Es justo el escenario donde una infusión caliente puede jugar en contra, porque suma temperatura sin abrir la puerta al enfriamiento. Por eso Tregoning insiste en mirar dos datos del entorno antes de elegir la taza: cuánta humedad hay en el ambiente y si el aire se mueve o se queda quieto.

La recomendación final es bastante terrenal: sostener el consumo de líquidos a lo largo del día y prestar atención a la ventilación. Nada reemplaza a un vaso de agua fresca cuando el cuerpo lo pide, pero un café caliente al lado de una ventana abierta también puede hacer su parte. La clave no está en la temperatura del líquido, sino en lo que el aire a nuestro alrededor le deja hacer al sudor.

Me despido de Don Carlos con el mate todavía humeando bajo la brisa del río, y me queda una imagen: el vapor del pecho de la taza subiendo despacio, mezclándose con el vapor que se va de su piel. Dos evaporaciones que, juntas, se llevan un poco del calor de la tarde.

AD
Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

Te puede interesar