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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Meta y Muse: el asistente que te conoce mejor que tu madre, pero no te pregunta si querés que te conozca

Un investigador destapó que la inteligencia artificial de Meta arma fichas sobre tu pareja, tus colegas y hasta el plomero que contrataste hace dos meses. La empresa dice que todo viene de lo que vos compartís. Spoiler: borrar es más fácil que entender qué guarda.

Por Matías KriegerTecnología · · hace 12 d
Meta y Muse: el asistente que te conoce mejor que tu madre, pero no te pregunta si querés que te conozca

Volvés del supermercado con la bolsa llena y el cerebro vacío. Querés mandar un mensaje al plomero que te destapó la pileta la semana pasada, pero no recordás si se llama Hernán o Ernesto. Antes, la solución era revisar la libreta de la cocina o, con suerte, un chat de WhatsApp enterrado bajo memes. Ahora, la nueva solución se llama Muse: un asistente de Meta que recuerda por quién pregunta, cómo se llama, qué le arregló y hasta si te cobró de más. Prometedor, sí. También un poquito escalofriante.

Muse es el nuevo chatbot con inteligencia artificial que la empresa de Mark Zuckerberg viene empujando con fuerza. La promesa oficial es simple: un ayudante que conoce tu vida lo suficiente como para no hacerte repetir lo mismo cada vez que abrís la app. En criollo: un asistente que te ahorra clics, pero a costa de meterse en tu agenda emocional.

Fichas de familiares, parejas, colegas y hasta del plomero

Según Daniel Roberts, vocero de Meta, el sistema junta información sobre el usuario y las personas con las que se relaciona para cumplir tareas cotidianas, como reconocer una factura del plomero contratado meses atrás o recordar las flores favoritas de una pareja. La sigla IA, dicho sea de paso, es básicamente un becario hiperactivo con muy buena memoria y cero pudor.

El mecanismo quedó al desnudo gracias a Karan Joshi, investigador independiente en ciberseguridad e IA. A Joshi se le ocurrió pedirle al chatbot, en plena conversación, que le mostrara sus instrucciones internas. Y el bot, obediente como pocos, le pasó los archivos. Adentro había una rutina que se ejecuta cada hora y arma perfiles de familiares, parejas, amigos, colegas y otros contactos, incluidas cuentas que el usuario sigue en redes.

Esos perfiles se van llenando con el tiempo: antecedentes del vínculo, intereses en común, temas pendientes, cumpleaños, aniversarios, cambios de domicilio, objetivos de ahorro compartidos y hasta discusiones pasadas. Un verdadero álbum de cromos sociales. Meta aclara que esos datos solo se cargan cuando hay evidencia en conversaciones o conexiones previas; o sea, si lo inventás, queda afuera.

  • Datos del entorno: nombres, vínculos y relaciones del usuario con otras personas.
  • Historial conversacional: lo que se charla con el asistente entra como insumo.
  • Conexiones externas: servicios vinculados aportan información adicional.
  • Redes sociales: cuentas seguidas por el usuario también son procesadas.
  • Eventos de vida: cumpleaños, aniversarios y mudanzas quedan registrados.

Quién controla qué y por qué debería importarte

Meta sostiene que la información sale de contenidos públicos y de lo que el propio usuario comparte, y que cada persona dispone de una máquina virtual separada, sin acceso de otros usuarios ni de otros agentes. En castellano: tu cuenta es tu burbuja, al menos en teoría. La empresa además asegura que el sistema pide confirmación antes de acciones delicadas como mandar un mail o hacer una compra. Suena razonable hasta que uno recuerda que ya pedimos permiso para casi todo y después ni leemos lo que aceptamos.

Aquí aparece el punto incómodo. Quien instaló Muse tiene la llave para revisar el registro de auditoría, borrar la memoria y cortar los servicios externos que aportan datos. Los demás, o sea las personas incluidas en esos perfiles, no. Tu ex, tu socio, tu madre, el plomero: ninguno de ellos tiene un panel para ver qué dice Muse de ellos. Para ellos no hay botón de borrar.

“Las instrucciones trabajan con evidencia y no completan los perfiles con detalles inventados.”Documentación interna de Muse citada por el investigador Karan Joshi

Dicho todo esto, reconozco que la idea de que un asistente me recuerde la factura del plomero tiene su encanto. Pero también me suena a esa vecina que sabe todo de todos en el edificio y, cuando le preguntás cómo se enteró, te dice con cara angelical: por las cosas que se comentan. La diferencia es que a la vecina no le diste acceso a tu WhatsApp.

El consejo, entonces, es simple y va en imperativo. Antes de activar Muse o cualquier asistente de este estilo, dedicá diez minutos a leer qué guarda, qué conecta y cómo se borra. Fijate qué servicios externos vinculás y qué permisos le das a la IA para leer tus chats y redes. Y si te incomoda que un algoritmo arme fichas sobre personas que nunca se suscribieron a nada, dejalo desactivado. La tecnología sirve cuando resuelve, no cuando espía con buena letra.

MK
Matías KriegerTecnología

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