Por qué el cardiólogo te manda cinco cajas juntas y no una sola: la lógica detrás de la polyprescription cardíaca
Después de un infarto, una arritmia o un simple chequeo que termina mal, muchos pacientes vuelven del consultorio con más fármacos de los que imaginaban. La clave está en que el corazón se enferma por varios frentes a la vez, y cada medicamento ataca uno distinto.
Arrancamos la mañana con esa humedad pegajosa que te invade apenas pisás la vereda, esa que te dice que en Buenos Aires el termómetro ya se está acomodando para hacer de las suyas, y yo iba pensando, mientras caminaba hasta el consultorio del doctor Perrone en el barrio de Once, en algo que me había quedado dando vueltas desde la charla que dimos la semana pasada en el club de la esquina sobre salud cardiovascular, y es que varias vecinas, todas mujeres de entre cincuenta y largos y sesenta y pico, se quejaban con una media sonrisa incómoda de que el cardiólogo les había recetado cinco cajas de medicamentos distintas en una sola consulta y ellas no entendían bien por qué no podían ser una sola pastilla mágica que les resolviera todo de una, así que fui a buscar las respuestas y la verdad es que la explicación es mucho más razonable de lo que parece a primera vista, porque el corazón no se enferma por una sola causa sino por varias que muchas veces conviven en el mismo organismo y se potencian entre sí, y por eso el profesional necesita tirar de varios hilos al mismo tiempo para poder estabilizar a un paciente que llega con un cuadro que suele ser bastante más complicado de lo que el propio paciente cree.
La presión arterial: el motor que se desgasta
La presión alta es probablemente el problema más frecuente con el que se encuentra cualquier cardiólogo en el consultorio, y la razón es bastante simple de explicar, porque cuando la presión se mantiene elevada durante meses o años el músculo del corazón tiene que bombear con más fuerza de la que está diseñado para soportar, y eso termina engrosando las paredes del músculo cardíaco y dañando al mismo tiempo los vasos sanguíneos que son los que llevan la sangre a todos los rincones del cuerpo, así que para bajar esa presión existen por lo menos cuatro familias distintas de fármacos que el médico puede combinar según el caso, porque cada una ataca por un camino diferente: los inhibidores de la ECA bloquean una hormona que se llama angiotensina y que es la que estrecha los vasos; los ARA-II, que son un poco más modernos, hacen casi lo mismo pero por otro mecanismo; los betabloqueantes le bajan un cambio a la frecuencia cardíaca y amortiguan el efecto de la adrenalina, esa sustancia que nos pone en alerta cuando hay estrés; y los bloqueadores de los canales de calcio relajan los vasos o directamente desaceleran el pulso según el paciente que tengas adelante.
El colesterol malo y los antiagregantes: otros dos frentes que van por separado
El colesterol LDL, que es el que popularmente se conoce como el colesterol malo, se trata por su lado con un grupo de fármacos que se llaman estatinas y que son los más recetados del mundo en cardiología, y lo curioso es que las estatinas no solo bajan ese colesterol sino que además parecen ayudar a bajar la inflamación que se produce dentro de las arterias, por eso se indican tanto después de un infarto, de un ACV o de la colocación de un stent, como en personas que todavía no tuvieron ningún evento pero que tienen muchos factores de riesgo acumulados, y cuando las estatinas no alcanzan o no se pueden usar el médico puede sumarles ezetimiba o unos fármacos más nuevos que se llaman inhibidores de PCSK9. Después está el capítulo de los medicamentos que evitan que se formen coágulos dentro de las arterias, que son dos familias bien distintas, porque los antiagregantes plaquetarios como la aspirina o el clopidogrel lo que hacen es dificultar que las plaquetas, que son unas células chiquitas de la sangre, se peguen entre sí y formen un tapón, mientras que los anticoagulantes como el apixabán o el rivaroxabán actúan en otra etapa del proceso y se usan sobre todo cuando ya hay un coágulo formado en las piernas o en los pulmones, y acá viene una aclaración importante que me hizo notar la guía de la Cleveland Clinic: la aspirina se recomienda para quienes ya tienen enfermedad cardiovascular diagnosticada, pero no se indica de manera generalizada para prevenir un primer evento sin una evaluación personalizada que pondere los beneficios con el riesgo de sangrado, que es algo que mucha gente no tiene en cuenta y que está buenísimo saberlo. Las dos familias de fármacos pueden aumentar el riesgo de hemorragias, así que nunca se ni se dejan sin hablarlo con el profesional que te está siguiendo.
Cuando el ritmo se descompone: los antiarrítmicos
Para los pacientes que tienen arritmias, o sea ese latido que se vuelve irregular o se acelera sin razón aparente, existe una familia aparte de fármacos que se llaman justamente antiarrítmicos y que apuntan a devolverle al corazón una cadencia más ordenada, y que muchas veces se suman a las otras medicaciones que el paciente ya viene tomando porque el problema del ritmo suele aparecer en personas que ya están siendo tratadas por otros motivos, así que otra vez volvemos a lo mismo: una caja para cada frente.
Cierro la nota con la imagen que me dejó la charla que dimos en el club, y es la de doña Estela, vecina de Villa del Parque, que vino con sus cinco cajitas de medicamentos acomodadas con mucho cuidado en una bolsita de tela y nos dijo con una media sonrisa que ella al principio se enojaba un poco con el cardiólogo porque sentía que le estaba complicando la vida, pero que después de entender que cada pastilla cumplía una función distinta se quedó más tranquila y hasta le sacó una foto a la explicación para tenerla siempre a mano en la mesa de luz, y me parece que esa es la mejor manera de cerrar esta nota, porque a veces la polyprescription no es un castigo del médico sino la demostración de que está mirando tu corazón desde todos los ángulos posibles al mismo tiempo.
