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Proteínas, genes y la promesa de vivir más (y mejor): lo que ya hace la IA en el laboratorio

AlphaFold y otras herramientas permiten mapear estructuras a una escala impensada hace una década. Un libro de Mustafa Suleyman repasa cómo eso podría cambiar el desarrollo de fármacos, la medicina personalizada y hasta la investigación del envejecimiento.

Por Matías KriegerTecnología · 16 de septiembre de 2026 · hace 9 h

A mí me arruinó la sobremesa: mi viejo me mandó un audio eterno diciendo que leyó que la inteligencia artificial iba a hacer que viviéramos todos hasta los cien años. Spoiler: no exactamente, pero tampoco está tan errado el hombre. Resulta que la IA ya está haciendo cosas serias en el laboratorio, y no hablo de chatbots escribiendo mails lindos. Hablo de proteínas, genes y fármacos.

Para entender la movida hay que saber qué es AlphaFold, la herramienta que DeepMind, la división de inteligencia artificial de Google dedicada a investigación, presentó en 2020. Básicamente, es un sistema que predice la estructura tridimensional de las proteínas a partir de su secuencia de aminoácidos, que son los ladrillitos que las componen. Piensen en una cadena de cuentas: la IA adivina cómo se pliega esa cadena en el espacio. ¿Y para qué sirve eso? Las proteínas son las máquinas microscópicas que hacen casi todo en el cuerpo, y conocer su forma es clave para entender enfermedades y diseñar medicamentos que encajen en ellas como llave en cerradura.

De la estructura a la pastilla

El libro La ola que viene, del cofundador de DeepMind Mustafa Suleyman, recoge estos avances y los proyecta. Lo central de su planteo es que la IA puede trabajar con enormes conjuntos de datos biológicos, desde el genoma, que es el mapa completo del ADN de una persona, hasta registros clínicos, y cruzarlos. Esa combinación permitiría, según el autor, detectar enfermedades antes de que se manifiesten, orientar terapias y ajustar tratamientos a las particularidades de cada paciente. Es la idea de la medicina personalizada llevada al extremo.

Ojo, que no es ciencia ficción lista para aplicar mañana. Suleyman lo presenta como una proyección a varias décadas, basada en capacidades que ya existen pero que todavía están lejos de usarse de forma masiva en la consulta del médico.

También aparece en escena la investigación del envejecimiento. Suleyman menciona a Altos Labs, una de las compañías que estudian la reprogramación del epigenoma, o sea, los interruptores químicos que regulan la actividad de los genes sin modificar el ADN en sí. La idea es explorar si se puede frenar o revertir el deterioro celular. Ahí, vivir hasta los cien con buena salud deja de ser un chiste de WhatsApp y pasa a ser una hipótesis sobre la mesa de los laboratorios, eso sí, con plazos largos y muchas preguntas éticas abiertas.

Porque el propio autor advierte que mejorar capacidades físicas o cognitivas abre un terreno minado: quién accede, quién regula, quién decide los límites. Son debates que, como me dijo una vez un médico amigo, todavía no tienen respuesta, y probablemente la tengan varios tomos más adelante.

Qué mirar con atención

Consejo práctico para no volverse loco con el tema: cada vez que lean que la IA va a curarlo todo o a regalarnos dos décadas extra de vida, fíjense si hay un ensayo clínico detrás o si es una proyección de un libro. Las dos cosas valen, pero no son lo mismo. Mientras tanto, AlphaFold ya liberó predicciones de más de 200 millones de estructuras de proteínas, algo que hace diez años hubiera llevado décadas de trabajo de laboratorio. Eso, aunque no nos haga inmortales, ya cambió las reglas del juego.

MK
Matías KriegerTecnología

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