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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Rodillas en jaque: los vicios de técnica que arruinan el trabajo en el gimnasio y cómo empezar a arreglarlos

Un estudio reciente confirmó que la fuerza muscular no protege la articulación cuando los movimientos están mal hechos. Una fisioterapeuta y una entrenadora marcan los fallos más comunes y los caminos concretos para corregirlos.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 2 d
Rodillas en jaque: los vicios de técnica que arruinan el trabajo en el gimnasio y cómo empezar a arreglarlos

A veces uno sale del gimnasio con la certeza de haber hecho las cosas bien y, sin embargo, termina con las rodillas inflamadas, como si el cuerpo le pasara la factura por un pecado que no recuerda haber cometido. La paradoja es tan vieja como las salas de musculación: se trabaja con disciplina, se levantan pesas, se suman repeticiones, y la articulación sigue doliendo como si nada. Un trabajo publicado en febrero de 2026 en la revista Arthritis Care & Research se propuso ordenar ese misterio, y la conclusión fue tan simple como incómoda: tener las piernas fuertes no alcanza si los movimientos se ejecutan mal. La investigación siguió durante dieciocho meses a 377 adultos con molestias en la rodilla y mostró que el problema rara vez está en la falta de músculo y casi siempre en la forma en que ese músculo se usa.

El colapso de rodillas hacia adentro, el vicio más común

La fisioterapeuta Casey Lee, una de las especialistas consultadas para el análisis, no dudó al señalar al culpable principal. Se lo llama valgo dinámico y consiste en algo tan sencillo como observar las rodillas doblarse hacia el centro en lugar de mantenerse alineadas con la punta de los pies. Aparece en sentadillas, en zancadas, en prensa de piernas y, si uno se descuida, hasta en una escalera. La consecuencia es directa: la rótula recibe una carga para la que no está diseñada y el cartílago empieza a protestar en silencio. Lee explicó que la corrección empieza frente a un espejo, obligándose a mantener las rodillas alineadas con los dedos durante todo el recorrido, y que si la dificultad persiste conviene consultar, porque puede estar revelando una rigidez de tobillo o una debilidad en el glúteo medio que el ojo no alcanza a ver.

Tobillos rígidos y el truco de la rodilla contra la pared

El segundo gran responsable suele pasar inadvertido. Cuando el tobillo pierde amplitud, la rodilla compensa avanzando más allá de la línea de los dedos del pie en la zancada, y el pie termina girando hacia adentro. Esa pequeña torsión, repetida cientos de veces por sesión, termina pasándole cuenta a la tibia. Hay una manera casera de saber si a uno le está pasando: el llamado test de rodilla a la pared. Se trata de apoyar la punta del pie a unos diez centímetros de una pared y tratar de tocarla con la rodilla sin despegar el talón del piso. Si la tarea resulta imposible, el tobillo está hablando. Quienes descubran esa limitación deberían ampliar el paso en las zancadas y reducir el desplazamiento hacia adelante hasta recuperar movilidad, una tarea que lleva tiempo pero que rinde frutos.

Parar de golpe, el peor de los reflejos

Acá viene uno de los consejos más difíciles de aplicar, porque va contra la lógica del sentido común. Cuando aparece la molestia, la mayoría opta por suspender el entrenamiento hasta que el dolor se vaya. Lee fue categórica al advertir que ese reflejo alivia por unos días y después castiga doble: debilita los tejidos que sostienen la articulación y, al perder masa muscular, aumenta el riesgo de caídas. La salida, dice, es un plan de recuperación activa que incluya estiramientos, trabajo con rodillo de espuma, ejercicios isométricos como la sentadilla en pared y, si el cuerpo lo tolera, ejercicio acuático, una forma de ganar fuerza sin que la rodilla pague el pato. La entrenadora, por su parte, insistió en completar la lista con dos apuntes que parecen menores pero pesan: revisar el estado del calzado y cuidar la postura en los gestos cotidianos.

La lista de detalles que también pesan

  • Calzado gastado o inadecuado, que modifica la pisada y arrastra a la rodilla hacia adentro.
  • Falta de calentamiento específico para tobillos y caderas antes de la serie pesada.
  • Avanzar la rodilla más allá de la punta del pie en zancadas y estocadas sin controlar el rango.
  • Pretender entrenar fuerte con dolor instalado, en lugar de bajar la carga y revisar la técnica.
  • Desconfiar del espejo: muchas personas se ven bien desde un ángulo y mal desde el real.

Hay algo reconfortante en saber que los errores que arruinan rodillas en el gimnasio casi siempre son visibles y, sobre todo, corregibles. No hace falta inventar heroicidades ni suscribirse a rutinas imposibles: alcanza conar la técnica delante de un espejo, ganarle unos centímetros al tobillo, cambiar las zapatillas cuando ya no dan más y animarse al movimiento cuando el cuerpo pide pausa. La rodilla, dicen los que saben, no pide que la dejen en reposo, sino que la traten con un poco más de atención cada vez que uno se para frente a la barra.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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