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Sábado, 17 de octubre de 2026
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«Rose of Nevada»: cuando un pesquero que vuelve del pasado arrastra a dos hombres al mismo mar

La tercera película del realizador británico Mark Jenkin cruza la vida costera de Cornualles con un viaje temporal. George MacKay y Callum Turner encabezan un reparto que también recupera a intérpretes de sus films anteriores, en una historia rodada en 16 milímetros y con un montaje que se anima a romper la línea del tiempo.

Por Nadia ChamorroCultura y espectáculos · · hace 18 d
«Rose of Nevada»: cuando un pesquero que vuelve del pasado arrastra a dos hombres al mismo mar

Imaginen la escena: un pueblo costero en Cornualles, Inglaterra, mirando de reojo un pesquero que se acerca al muelle como si nada. El barco lleva treinta años desaparecido y vuelve, igualito, con su nombre pintado en el casco: Rose of Nevada. Los vecinos se miran, se persignan, y se preguntan si hay que festejar el milagro o empezar a rezar. A mí, que soy de las que se enganchan con cualquier historia que mezcle mar, misterio y dos tipos con ganas de comerse el mundo, esta sinopsis ya me tenía en la lona desde el primer párrafo. Y eso que todavía no había visto una sola imagen.

La nueva película del director británico Mark Jenkin, que se perfila como una de las apuestas más singulares del cine inglés reciente, parte justamente de ese regreso imposible. La tercera realización de Jenkin, después de su debut con «Bait» y un recorrido que volvió a apoyarse en comunidades ligadas a la pesca, vuelve a poner la cámara en pueblos donde la marea manda más que el calendario.

Dos voluntarios con razones muy distintas

Para tripular el Rose of Nevada hacen falta brazos. Y no sobra nadie dispuesto a embarcarse en un pueblo que vive al ritmo de la pesca. Hasta que aparecen George MacKay y Callum Turner, cada uno con su propio motivo, y aceptan subir al barco. Uno es un padre joven que necesita dinero urgente: con lo que junte en la temporada piensa arreglar el techo de la casa donde vive con su familia. El otro, en cambio, atraviesa lo suyo: quiere alejarse de su propia historia, sacarse de encima un pasado que pesa más que el ancla.

Las necesidades de cada uno los empujan al mismo trabajo, aunque la experiencia que les toca vivir termina siendo muy distinta. La película se ocupa de mostrar cómo ese viaje, que también es temporal, los transforma por separado y al mismo tiempo los une. MacKay y Turner, dos caras que el cine de Cornualles y el cine inglés en general vienen soltando en roles cada vez más visibles, se hacen cargo del pulso emocional de la historia.

“La falta de recursos convive con los peligros del trabajo en el mar, mientras la pesca sigue siendo una actividad de la que los habitantes no pueden prescindir. Ese contexto económico forma parte de las decisiones de los personajes y del vínculo que mantienen con el lugar.”Texto de distribución

16 milímetros y un tiempo que se hace un lío a propósito

Jenkin filma en 16 milímetros y le saca jugo a esa textura gastada, como de memoria familiar, que ya se había convertido en una marca de su cine. El montaje se anima a intercalar secuencias sin respetar una continuidad estricta, así que el tiempo se trastoca tanto en la aventura de los protagonistas como en la forma de contarla. Esa decisión no es capricho: obliga al espectador a mirar con la misma extrañeza con la que los vecinos miran el barco reaparecido.

El detrás de cámara también tiene su miga: junto a MacKay y Turner aparecen intérpretes que Jenkin ya había convocado en sus trabajos anteriores, lo que refuerza la idea de una comunidad de actores y de oficios que el director viene construyendo película tras película. La película todavía no tiene fecha confirmada de estreno en la Argentina, así que por ahora lo que queda es anotar el nombre, aguzar la mirada y esperar a que el Rose of Nevada atraque en alguna pantalla cerca nuestro. Yo, por las dudas, ya me estoy probando el piloto.

NC
Nadia ChamorroCultura y espectáculos

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