Salarios privados: la mejora del 9% se diluye cuando se incluye diciembre de 2023 en la cuenta
El poder de compra de los sueldos formales mejora contra la inflación promedio, pero pierde contra los gastos fijos del hogar: vivienda, servicios y transporte subieron hasta más del doble que el índice general. Los públicos caen en todos los escenarios y los informales, aunque muestran subas reales de entre el 85% y el 115%, parten de niveles muy deteriorados.
Voy a decirlo de entrada y sin rodeos: una mejora salarial del 9% en términos reales puede sonar alentadora, pero cuando uno se sienta en la mesa familiar y empieza a pagar las cuentas, la matemática cambia de signo. Lo que muestran los datos del Índice de Salarios del INDEC y del RIPTE es que el ingreso formal viene acompañando a la inflación promedio, y eso ya es bastante en un país con la dinámica de precios que tenemos, aunque todavía queda lejos de cubrir el esfuerzo que implica sostener la vivienda, los servicios y el transporte en el hogar promedio. La comparación que toma enero de dos mil veinticuatro como punto de partida arroja una suba del salario real privado registrado de alrededor del nueve por ciento, pero esa misma cifra se convierte en una caída del tres coma seis por ciento cuando se incorpora a la cuenta el mes de diciembre de dos mil veintitrés, el peor golpe inflacionario del inicio del gobierno de Javier Milei, cuando el índice mensual trepó al veinticinco coma cinco por ciento.
Por qué cambia el resultado según la fecha de partida
La diferencia entre ambos escenarios no es un truco estadístico sino una cuestión de, y vale la pena explicarlo porque cambia la lectura política del número. Cuando se excluye diciembre de dos mil veintitrés, los precios acumulan en el período un aumento del doscientos treinta y cuatro coma siete por ciento; cuando se lo incluye, ese acumulado trepa cerca del trescientos veinte por ciento. Es decir, hay un salto de casi cien puntos porcentuales que recae sobre el salario del primer mes y que se mantiene como base baja durante toda la comparación. Para los empleados públicos, en cambio, el resultado es negativo en los dos escenarios: las caídas reales van del cero coma siete por ciento hasta el dieciséis coma cinco por ciento, según la serie que se tome, lo que confirma que la recuperación del empleo formal todavía no alcanzó a la administración pública.
Los gastos fijos que se llevan el sueldo
Mientras el salario real mejoró contra el índice general, los rubros que más pesan en el presupuesto familiar volaron por encima de la inflación. Vivienda, agua, electricidad y gas acumularon un alza cercana al quinientos treinta por ciento; transporte, doscientos setenta y cuatro por ciento. O sea, muy por encima del doscientos treinta y cuatro coma siete por ciento que marca el IPC. Eso quiere decir que un hogar que destina una proporción alta a esos rubros vio caer su capacidad de compra mucho más que lo que sugiere el promedio salarial, y que un hogar con consumos más volcados a alimentos o indumentaria pudo haber sentido menos el golpe.
- Vivienda, agua, electricidad y gas: suba acumulada cercana al 530% en el período que arranca en enero de 2024.
- Transporte: incremento del 274%, también por encima de la inflación promedio.
- Alimentos y bebidas, dentro del índice general, tuvo un peso determinante en la aceleración de diciembre de 2023.
- El rubro educación y salud suele comportarse distinto según la cobertura de cada familia.
El caso de los informales y los puestos perdidos
Para los asalariados informales, los datos del INDEC muestran mejoras reales de entre el ochenta y cinco y el ciento quince por ciento, y la tentación es leerlo como una buena noticia. Hay que leerlo con cuidado: ese segmento, que representa más del cuarenta y cuatro por ciento de los trabajadores asalariados del país, partía de ingresos muy deteriorados, con subas nominales que durante años no llegaron a cubrir la inflación, de modo que los porcentajes actuales expresan una recuperación desde niveles bajos, no una equiparación con el salario formal. A eso se suma un dato que el análisis salarial no cuenta y que a mí me parece fundamental: el SIPA registra más de doscientos cuarenta mil puestos privados perdidos durante el período analizado, una dimensión que queda completamente fuera de la comparación de ingresos y que describe una realidad laboral que la foto del salario real no alcanza a reflejar. En el mientras tanto, el Estado todavía no resolvió cómo cierra esa brecha entre el nueve por ciento de mejora promedio y la pérdida concreta que sufren las familias que cargan con el peso de los servicios y del transporte en el presupuesto mensual.
