Señales del corazón que las mujeres suelen confundir con otra cosa: lo que hay que mirar antes de relativizarlas
La cardióloga Shrilla Banerjee repasó los síntomas cardíacos que aparecen sin dolor de pecho clásico y describió cuándo conviene consultar o ir directo a una guardia. La clave está en la repetición durante el esfuerzo y en no descartar el corazón por una indigestión o un cansancio que parece intrascendente.
Hay tardes de verano en las que el termómetro no afloja ni cuando cae el sol, y uno sale a la vereda buscando un poco de aire con la misma esperanza con la que se busca un diagnóstico cuando algo no anda bien en el cuerpo. Hace calor en estas páginas y también hace calor el tema: las mujeres suelen llegar tarde al consultorio cardíaco, no por dejadez sino porque las señales que manda el corazón a veces se disfrazan de cansancio, de acidez, de un mal día. La cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, se detuvo en cada uno de esos disfraces para que se vuelvan visibles a tiempo.
Cuando el cuerpo avisa sin avisar
Para Banerjee hay un patrón que vale la pena aprender de memoria: que el dolor, el agotamiento o la falta de aire aparezcan una y otra vez durante el esfuerzo, sin que haya otra razón obvia que los explique. Subir dos pisos por escalera y sentir una molestia en la mandíbula, en el cuello, entre los omóplatos o en uno o ambos brazos, aunque el pecho no duela, entra en ese patrón. La explicación es bastante concreta: cuando al corazón le falta oxígeno, las señales viajan por la médula espinal y comparten camino con nervios de otras zonas, por eso el cerebro termina anotando el aviso en un hombro o en una muñeca en lugar del esternón.
La trampa de la indigestión y el vértigo
No es raro que una vecina de Palermo me cuente que fue al gastroenterólogo durante meses antes de terminar en hemodinamia, y eso es exactamente lo que describe Banerjee con una de sus pacientes: una mujer con eructos y malestar digestivo repetidos que terminó necesitándose stents por una enfermedad coronaria seria, descubierta en un angiograma. La especialista recomienda consultar cuando la acidez aparece sin relación con lo que se comió o en horarios raros, como la madrugada, y acudir sin dudarlo a una guardia si ese malestar se suma a sudores fríos, náuseas, mareos o una sensación de pánico, sobre todo si hay dolor de pecho de acompañante. Otro punto que vale la pena subrayar: el dolor cardíaco no siempre es esa presión clásica que muestran las películas; también puede sentirse como pinchazos o como un pellizco que aparece y se va.
Menopausia, hormonas y un riesgo que crece en silencio
Acá aparece uno de esos que el guaraní tiene bien masticado: el mbareté, que es como decir el aguante, la fuerza con la que una sostiene la rutina diaria mientras el cuerpo pide pista. La superposición con los síntomas menopáusicos hace que muchas mujeres atribuyan el cansancio o los sofocos a la etapa que están atravesando, cuando en realidad puede haber un corazón que está empezando a protestar. Banerjee recordó que después de la menopausia el riesgo cardiovascular trepa, porque la caída de estrógenos mueve la presión arterial, el colesterol y la grasa que se acumula en el abdomen. De ahí la insistencia en los controles periódicos de presión y colesterol, dos números que conviene tener tan presentes como el del colectivo que pasa por la esquina.
Una guía rápida para no dejar pasar la señal
La especialista dejó un punteo que sirve de ayuda memoria para la próxima vez que uno dude si vale la pena llamar al médico o seguir adelante con el día.
- Dolor, cansancio o falta de aire que se repite al hacer un esfuerzo físico y no tiene otra causa clara.
- Molestias en mandíbula, cuello, hombros, espalda o brazos aunque el pecho no duela.
- Acidez o indigestión que aparece sin relación con las comidas o de madrugada.
- Sudores fríos, náuseas, mareos o pánico combinados con dolor en el pecho: guardia sin demora.
- Dolor que se siente como pinchazos o pellizcos, no solo como presión.
- Después de la menopausia: controlar presión y colesterol con regularidad, porque el riesgo cardiovascular aumenta.
Si hay algo que me llevo de la charla con la cardióloga es esa idea tan simple y a la vez tan fácil de postergar: prestar atención a lo que se repite, no relativizar lo que aparece con el esfuerzo y no conformarse con un autodiagnóstico de estrés o de indigestión. Las mujeres, en particular, cargan con un umbral de tolerancia construido durante décadas y terminan arreglándoselas con el dolor hasta que el cuerpo ya no negocia. Escuchar las señales antes de esa instancia sigue siendo la diferencia entre un susto a tiempo y una estadística que se lamenta. Y me quedo con la imagen de esa paciente de Banerjee que pensó durante meses que eran gases y terminó con stents: una historia que, como tantas, empieza en una cocina cualquiera y termina en una sala de hemodinamia, con una vida que se reacomodó apenas a tiempo.
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