Supergirl despega en HBO Max con una misión: salvar a Krypto antes de que sea tarde
La película dirigida por Craig Gillespie y escrita por Ana Nogueira adapta el cómic de Tom King y Bilquis Evely, pero se aparta de las viñetas en el destino del perro kryptoniano y en los motivos que mueven a Kara a embarcarse en una aventura interplanetaria junto a una niña llamada Ruthye.
Te confieso algo: cuando me senté a ver Supergirl, la nueva película que acaba de aterrizar en HBO Max, lo hice con la mochila cargada de expectativa. Soy de las que creció leyendo el arco de Tom King y Bilquis Evely en la historieta, así que la cita era personal. Y la película, dirigida por Craig Gillespie y con guion de Ana Nogueira, me encontró en esa zona rara en la que una conoce el camino pero todavía se deja llevar por cómo lo cuentan. La pantalla arranca con una imagen que duele y a la vez deslumbra: Krypto, el perro kryptoniano, huye de una nave en llamas mientras un villano llamado Krem le clava un dardo envenenado. A partir de ahí, ya no queda otra que subirse a la aventura.
El motor de la historia es bien sencillo y por eso funciona. Kara no anda por el universo buscando gloria ni vengando caídos: anda buscando el antídoto que salve a su perro. La misión se cruza con Ruthye, una niña que perdió a su familia en el mismo ataque y que quiere dar con Krem para cobrarse lo suyo. Así, entre la superheroína que todavía reniega de la Tierra y la nena que no sabe todavía si quiere justicia o revancha, se arma una road movie cósmica que va dejando planetas atrás como quien va dejando peajes.
Qué cambia respecto del cómic
Acá viene lo que me parece más jugoso para charlar entre lectores y espectadores. El cómic de Tom King cuenta la historia desde los ojos de Ruthye, y hacia el final se revela que Krypto nunca estuvo en peligro real: lo habían trasladado a un lugar con sol amarillo, sano y a salvo. La gran enseñanza que el guion gráfico dejaba era otra, más filosófica: Kara ayudaba a Ruthye a distinguir entre la venganza y la justicia, y el viaje entero se leía como una especie de educación sentimental de la chica. La película decide no ir por ahí y mantiene al perro kryptoniano en riesgo durante toda la trama. Para Kara, conseguir el antídoto deja de ser un pretexto y vuelve a ser una urgencia concreta. Es un cambio chico en apariencia, pero grande en el sentido de la persecución.
La modificación no se queda solo en Krypto. La resolución del enfrentamiento entre Supergirl, Ruthye y Krem también se reescribe para acompañar esta decisión. Y como frutilla del postre, la adaptación suma a Lobo, un personaje que Tom King tenía pensado para el cómic pero que finalmente quedó afuera de las viñetas. Que haya terminado en la pantalla le da al film un condimento extra de fan service sin sentirse forzado.
- La película mantiene el ataque inicial de Krem que envenena a Krypto, igual que el cómic.
- En las viñetas, Krypto estaba a salvo en un lugar con sol amarillo y la búsqueda apuntaba a diferenciar venganza de justicia.
- En la adaptación, el perro sigue en peligro y conseguir el antídoto es la razón de ser del viaje.
- La resolución del cara a cara final entre Supergirl, Ruthye y Krem también se modifica para acompañar esa decisión.
- Lobo, personaje que Tom King había imaginado para la historieta, aparece en la versión cinematográfica.
Mientras la veía, no pude dejar de pensar en una pregunta que me parece inevitable cada vez que una historia pega el salto del papel a la pantalla: ¿qué lugar deberían tener estos cambios? No hablo de traiciones ni de caprichos de productor. Hablo de decisiones que, como la de mantener en riesgo a Krypto, modifican el sentido profundo de lo que se cuenta. A veces el cine necesita moverle el piso a la fuente para que la emoción funcione en otro formato; otras, termina traicionando el alma del original. Supergirl, al menos en mi butaca, se mueve en esa zona gris con honestidad. No tengo la última palabra, claro, pero la conversación ya está servida.
