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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Un pibe de 17 años, un robot con inteligencia artificial y un problema que todavía no se resuelve

El canadiense Moroti Adegboyega creó Ecoferroquatics, un aparato que detecta plásticos en el agua y los levanta con un líquido magnético. Sacó más de la mitad en una pileta, pero fuera de ella sigue siendo una promesa.

Por Matías KriegerTecnología · · hace 13 d
Un pibe de 17 años, un robot con inteligencia artificial y un problema que todavía no se resuelve

Volvés de la playa y tenés los pies llenos de piedritas. Te sacás una, dos, veinte. Ahora imaginá que en vez de piedritas son pedazos de bolsa y tapitas de botella, y que la playa es un río entero. Así, más o menos, empieza el problema que este invento intenta morder. Se llama Ecoferroquatics y lo hizo un canadiense de 17 años que ya se llevó un premio en Estocolmo. El dato fino: retiró el 51,85 por ciento de los plásticos en pruebas de pileta. Suena bien hasta que te acordás de que en un río no hay pileta.

Cómo trabaja, sin verso

El robot usa inteligencia artificial, o sea un software que aprende a reconocer cosas, para ver el plástico que flota. Cuando lo detecta, los microcontroladores — que son como el cerebro chico que le dice a cada motor qué hacer — lo llevan hasta el residuo. Hasta ahí, cualquier drone barato con una cámara podría hacer lo mismo. La diferencia está en cómo agarra la basura: con un ferrofluido, una mezcla rara que se pega al plástico y que los imanes del equipo levantan. Traducción casera: el plástico queda envuelto en una especie de miel metálica, y el robot lo sube con un imán gigante.

  • Aceite vegetal: hace de base y ayuda a que el líquido se pegue al residuo.
  • Magnetita: es el mineral que responde al campo magnético, la parte que el imán atrae.
  • Ácido oleico: un derivado de grasas naturales que mantiene todo mezclado y parejo.

En nueve pruebas dentro de una pileta cargada de plásticos de distintos tamaños, el aparato juntó 1,73 piezas por minuto en promedio. Y cuando lo midieron contra un tamiz común — una malla de las que se usan para colar — ganó en el tramo de los microplásticos, esos fragmentos diminutos que se cuelan por cualquier rejilla. Ahí el ferrofluido saca ventaja: se adhiere a partículas tan chicas que pasarían por el ojo de la malla sin problema.

Lo que todavía no anda

Ahora, la parte incómoda. Los ensayos fueron en una pileta, no en un río. El propio creador lo dice: en ambientes naturales todavía no se banca. La corriente, el oleaje, la suciedad, los peces, las plantas. El robot tiene que aprender a no tragar todo eso junto. De lo contrario, el invento pasa de sacar plásticos a juntar vida silvestre, que es exactamente lo que pasa hoy con las redes de arrastre.

Yo, que ya me llené la mochila de arena tentando cargar piedras en la costa, celebro que un pibe de 17 arme algo así y se lo reconozcan en el Stockholm Junior Water Prize 2026. También celebro que no haya vendido humo. El tipo dijo claramente: controló la prueba, le fue bien, pero falta. Falta mucho. En mi idioma: promesa grande, resultado chico, camino largo.

Consejo para el final: si te interesa la movida, seguí el proyecto y no te dejes tentar por los títulos que digan que un robot "solucionó" la contaminación de los ríos. Nadie la soluciones. Por ahora, lo que hay es un chico con un ferrofluido casero y un imán, y eso, en este tema, ya es muchísimo.

MK
Matías KriegerTecnología

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