Una docente neuquina que dejó el aula para guiar caminatas por la cordillera y ahora suma pedales al paisaje
Paola Panizoni, profesora de Ciencias Económicas egresada de la Universidad Nacional del Comahue, se habilitó como guía de senderismo en Junín de los Andes y, junto a su pareja Diego Rovelotti, arma recorridos que mezclan bicicleta y trekking con paradas para almorzar o merendar en el camino. Su objetivo es que los propios neuquinos conozcan lo que tienen a la vuelta de casa.
Arrancamos la tarde con ese sol tibio que se cuela por la ventana y que todavía guarda algo del calor del mediodía acá, en la comarca, mientras uno se imagina a Paola Panizoni caminando por algún senderito del Neuquén con la mochila al hombro y los ojos bien abiertos. Es que esta mujer, que durante años dio Ciencias Económicas en colegios secundarios y se movió como coordinadora pedagógica, un día decidió cambiar el pizarrón por las sendas de montaña, y la cosa no quedó ahí: ahora combina sus caminatas con bicicletas, raquetas de nieve y hasta con una parada para matear a la sombra de un ciprés. La historia tiene data, tiene cuarentena de años de vínculo con la cordillera y, sobre todo, tiene una manera muy de acá de mirar el paisaje, como quien sale a la vereda un domingo y saluda al vecino antes de perderse entre los cerros.
De los viajes escolares a las aulas a cielo abierto
Yo siempre digo que hay profes que enseñan de palabra y hay profes que enseñan con los pies, y Paola entra de lleno en esa segunda categoría. Egresada de la Universidad Nacional del Comahue, durante mucho tiempo se dedicó a la organización de viajes escolares, y ahí, en esas salidas con chicos y chicas de secundaria, fue descubriendo algo que la terminó cambiando: no le interesaba solamente que la logística saliera bien, sino que le fascinaba ver la cara de un pibe cuando descubría una lagartija, una roca rara o el silencio de un bosque. Ese gustito, ese mimo pedagógico al aire libre, fue el primer paso para lo que vino después, que fue animarse a una capacitación formal en Junín de los Andes, impulsada por la Provincia, que la habilitó oficialmente como guía de senderismo por el Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales de Neuquén.
Le pregunto de dónde le viene esta locura y me lo cuenta con una sonrisa que se adivina: las salidas familiares a la cordillera neuquina, el campamento, las subidas a los cerros, los recorridos por el monte, todo eso que muchos neuquinos vivimos de chicos y que después, con los años, uno va dejando un poco de lado. Bueno, Paola no lo soltó nunca, lo sostuvo en silencio mientras daba clases, hasta que un día le ganó. "Es algo que me apasiona, el tema de la caminata", resume ella, y se nota que no es una frase de compromiso, sino de las que salen de adentro, casi como cuando uno dice que le gusta el asado del domingo.
Bicicleta, trekking y una merienda en el camino
El otro motor de esta historia se llama Diego Rovelotti, su pareja, que ya viene moviendo el cicloturismo desde hace rato con su agencia Cicloturis Travel. Cuando Paola se recibió como guía, lo que hicieron fue juntar las dos pasiones en una misma propuesta, y ahí apareció la idea que hoy los tiene ocupados: armar paquetes de turismo aventura combinados, donde el participante hace un tramo en bicicleta y después sigue a pie, o al revés, con paradas estratégicas para almorzar o merendar en el camino. A mí, que me crié yendo a pescar al río con mi viejo, esto me suena familiar: la caminata no es solo ejercicio, también es excusa para sentarse un rato, abrir el termo y mirar el horizonte mientras charla uno con el otro. "Nos gusta ofrecer a la gente otras alternativas y conocer otras actividades", cuenta Paola, y en invierno la oferta se estira con experiencias en raucas de nieve, que en criollo quiere decir unas raquetas especiales que se ponen en los pies para no hundirse en la nieve y caminar más parejo, como si fueran pisadas de gigante por la montaña blanca.
“Me gusta todo lo que puedo enseñar desde ahí. Cada salida es una excusa para detenerse, mirar una planta, entender el ecosistema.”Paola Panizoni, guía de senderismo
Villa El Chocón, la geografia y la huella docente
Hay un lugar que a Paola se le nota en la voz cuando lo nombra: Villa El Chocón. No es un dato menor que haya elegido ese destino como uno de los que más la representan, porque ahí la caminata se cruza con la paleontología, con los huesos de los dinosaurios que asoman de la tierra y con una geografía que parece de otro planeta. Lo que hace la docente neuquina, y esto es lo lindo de su laburo, es llevar la mirada de maestra al sendero: se detiene, señala, explica, identifica plantas, lee el paisaje como si fuera un libro abierto. Como me decía el otro día don Carlos, vecino del barrio Belgrano, mientras tomábamos unos mates en la vereda: "Lo bueno de estos guías es que te hacen ver lo que vos tenés delante y no ves, porque vas apurado, con el celular en la mano". Y tiene razón don Carlos, que de eso se trata.
El cuidado del monte, como compromiso y no como marketing
Ahora bien, no todo es selfies y paisajes lindos. Para Paola, meterse en la naturaleza trae una responsabilidad concreta que repite hasta el cansancio: llevarse los residuos, no dañar la flora ni la fauna, minimizar el impacto de cada paso. "Tenemos que devolverle un poquito de todo lo que le sacamos", me dijo, y la frase me quedó dando vueltas porque resume una forma de habitar el territorio que a veces uno olvida, sobre todo en estos tiempos en los que parece que todo se puede usar y tirar. Acá no hay marketing verde de, hay una práctica de a pie, de bolsillo lleno de wrappers de golosinas que después van a parar al tacho en Villa El Chocón o en Junín de los Andes.
El objetivo final: que el neuquino conozca lo que tiene cerca
Hay algo que Paola repite en cada entrevista y que a mí me parece la columna vertebral de todo su proyecto, y es la idea de acercar a los propios neuquinos a destinos que tienen al alcance de la mano y que, sin embargo, casi nunca visitan. Por eso trabaja con paquetes combinados, con tarifas que tientan al que nunca se animó, con propuestas que mezclan movimiento y pausa, cuerpo y cabeza. La pretensión no es traer turistas de afuera, aunque también pueden venir, sino despertar al vecino de al lado, al que tiene la cordillera a cuarenta kilómetros y nunca fue. Y en eso, ojo, hay también una pequeña palabra prestada del guaraní que siempre vuelve cuando uno habla de esta tierra: ñande, que quiere decir "nosotros", los de aquí, y que a mí me suena como el lema de Paola sin que ella lo diga.
Me despido imaginándome a Paola, con su habilitación nueva en el bolsillo, ajustándose las botas en la entrada de un sendero mientras Diego acomoda las bicicletas, y a un grupo de gente desconocida todavía, pero que en un rato va a estar compartiendo un termo en medio del monte. La imagen, para mí, cierra sola: no hace falta agregar más nada, alcanza con verlos arrancar, perderse entre los cerros y volver, como siempre se vuelve de la cordillera, un poquito cambiado.
