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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una isla sin teléfono y un detective que ya no se quita a Holmes: la nueva apuesta de Netflix con José Coronado

La miniserie «El problema final» convierte una novela de Pérez-Reverte en cuatro capítulos de misterio clásico, con un protagonista atrapado entre su pasado como Sherlock Holmes y un asesinato imposible en 1959.

Por Nadia ChamorroCultura y espectáculos · · hace 22 d
Una isla sin teléfono y un detective que ya no se quita a Holmes: la nueva apuesta de Netflix con José Coronado

Vine a la función con una sensación rara, esa que aparece cuando sabés que la pantalla va a quedarse chica para lo que están contando. Y pasó: en apenas cuatro episodios, «El problema final» se las arregla para transportarte a una isla incomunicada de 1959, plantar un cadáver y obligarte a mirar todo con ojos de detective. La propuesta de Netflix adapta una novela de Arturo Pérez-Reverte y se apoya en un nombre pesado para sostener la apuesta: José Coronado.

La serie se mueve como las películas de detectives que miraban mis viejos en el living. Hay humos de pipa que no aparecen nunca, gabardinas que parecen prestadas de un guardarropa de los años cuarenta y un protagonista que carga con un secreto enorme: fue, alguna vez, la cara más reconocida de Sherlock Holmes en el mundo. Esa condición no es un capricho de guionista: las aperturas de cada capítulo lo tienen dando vida al detective, y el apellido del personaje de Coronado homenajea a Basil Rathbone, el actor que hizo del Holmes cinematográfico una especie de mito.

Una historia cerrada, ambientada como en otra época

La dirección corre por cuenta de Félix Viscarret, y el guion lo firman entre tres: Alberto Macías, Carlos Molinero y Marisol Farré. El planteo es de manual: una isla queda aislada por unas horas, alguien aparece muerto y hay que resolver el caso antes de que vuelva el teléfono. Lo interesante es que la serie no apura las sorpresas ni las esconde: deja que los personajes hablen, discutan, se midan. Los diálogos tienen ese tono ampuloso, medio inglés, que uno asocia con el cine clásico, y la puesta en escena acompaña con interiores oscuros, ventanales azotados por la lluvia y silencios que pesan.

«El problema final» no inventa un género nuevo ni pretende reinventar nada. Lo que ofrece es un misterio bien articulado, con cuatro capítulos que se miran de un tirón y un protagonista que lleva puesto el peso de un personaje universal. La referencia a Holmes aparece en cada decisión: cómo observa la escena, qué pregunta primero, cómo nota el detalle que nadie más vio. Y cuando el espectador cree que la serie va a quedarse en el homenaje, aparecen momentos de humor que descomprimen sin romper el suspenso.

  • Cuatro episodios que funcionan como una unidad: se pueden ver en una tarde y dejan la historia cerrada.
  • José Coronado como protagonista absoluto, dueño de cada plano y cada silencio.
  • Una ambientación de 1959 trabajada al detalle: vestuario, iluminación, música y diálogos.
  • El homenaje a Sherlock Holmes y a Basil Rathbone como motor de la identidad del personaje.
  • Un misterio clásico con humor, aislado en una isla y con el teléfono cortado.

Qué deja la serie y por qué se queda dando vueltas

Salí de la proyección con ganas de recomendar la serie a quien todavía cree que el género de detectives ya no da para más. «El problema final» demuestra que, con una buena novela debajo, un director que respete los tempos y un actor que se banque el peso del clásico, cuatro capítulos alcanzan para armar un pequeño acontecimiento. La próxima fecha a tener en cuenta es el estreno de la serie en Netflix, el punto de partida para ver si el público argentino se deja tentar por este Holmes jubilado que vuelve al trabajo forzado en una island sin escape.

NC
Nadia ChamorroCultura y espectáculos

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