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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Una pizza porteña que cuesta como un kilo de yerba premium: $120.800 para compartir en El Cuartito

Un ticket fechado el 13 de septiembre de 2026 reaviva el debate sobre cuánto sale comer afuera en la Ciudad de Buenos Aires. El desglose de pizzas y bebidas y lo que el comprobante no dice.

Por Elena SawczukCampo y producción yerbatera · · hace 17 d
Una pizza porteña que cuesta como un kilo de yerba premium: $120.800 para compartir en El Cuartito

Arranco por la cifra que duele: $120.800. Ese fue el total que dejó un mediodía de septiembre de 2026 en El Cuartito, la pizzería de Talcahuano 937, en pleno centro porteño, cuando alguien se sentó a comer con su propio dinero y pidió dos mitades grandes de fugazzeta y mozzarella, una pizza entera de mozzarella con jamón y cuatro bebidas sin alcohol. No hubo postre ni café, y la cuenta no discriminó servicio de mesa ni propina: el comprobante llegó a la mesa tal cual lo voy a desglosar acá abajo, sin adornos ni sorpresas de último momento.

Del horno al ticket, renglón por renglón

Voy a leer el comprobante como lo leería un colono chaqueño cuando revisa lo que cobró el acopiador por la hoja verde entregada en su chacra, línea por línea, sin dejar nada librado al azar. Las pizzas concentraron $101.000 del total, mientras que las bebidas sumaron los $19.800 restantes. La pizza entera de mozzarella con jamón fue el producto más caro de toda la comanda, registrada a $48.500, un número que llama la atención porque supera con holgura lo que cualquier yerbal misionero paga por kilo de hoja verde de primera en un buen año de cosecha.

El resto de la comida se armó con mitades grandes combinadas: una mitad fugazzeta a $26.250 y una mitad mozzarella al mismo precio, que totalizaron $52.500 entre las dos. Es decir, pedir dos mitades grandes costó $4.000 más que comerse una pizza entera con jamón. Una rareza del sistema de medios pagos que en Buenos Aires nadie explica demasiado: siempre conviene chequear si conviene o no pedir la entera antes de sentarse.

En las bebidas tampoco hubo nada extraño: dos sifones de soda a $4.900 por unidad, una gaseosa chica y un agua saborizada, ambas a $5.000. Cuatro consumiciones que sirven para hacerse una idea de cuánta gente se sentó a esa mesa, aunque el ticket no lo aclara: podrían haber sido dos personas con sed o cuatro con sed moderada, y el comprobante se guarda el secreto.

Lo que el comprobante no dice y lo que el porteño todavía no resuelve

Como me suele pasar cuando sigo el precio de la yerba mate del yerbal a la góndola, lo más jugoso de una factura no está siempre en las cifras grandes sino en los datos que faltan. Acá aparecen varios. El documento no informa cuántas personas comieron, así que no se puede dividir el total por comensal para sacar un per cápita honesto. Tampoco hay un renglón separado para el cubierto o el servicio de mesa, ni para la propina sugerida, que en la Argentina suelen ir entre el 10% y el 15% del consumo y que, sumadas a la cuenta, llevarían el gasto real bastante por encima de los $120.800.

El comprobante sí detalla los $20.965,29 de IVA contenido, pero se trata de un impuesto que ya está adentro del precio final: no es un plus que se pague arriba de la pizza y la soda, sino de un desdoblamiento contable que AFIP le exige al comercio. El ticket lleva también el CUIT de El Cuartito, el número de factura y un código QR para validar la operación, todo en regla, como corresponde a un local que vive lleno desde hace décadas.

El dato que más me interesa, como chaqueña de alma yerbatera que mira los precios con el bolsillo abierto, es qué dice este ticket sobre el costo de vida en la Capital Federal y hasta dónde se estira un sueldo promedio cuando alguien decide regalarse una salida a comer pizza en un lugar de referencia. Con el último dato oficial del INDEC, $120.800 equivalen a más de un día y medio de trabajo de un empleado registrado promedio, sólo en comida y bebida, sin contar traslado ni cubierto. Es, literalmente, lo que un colono de Andresito cobra por varios kilos de hoja verde puesta en el camino.

Lo que el Estado todavía no resolvió, en este tema como en tantos otros, es transparentar cuánto del precio que pagamos en una pizzería porteña es comida, cuánto es impuestos, cuánto es alquiler del local en una ciudad donde los valores explotaron y cuánto es ganancia del dueño. Mientras tanto, los consumidores hacen lo que pueden: comparten tickets en redes, suman totales en grupos de WhatsApp y calculan mentalmente si conviene más comer afuera o juntar la mesa en casa. La pregunta que cierra esta nota se la dejo al lector, con el mismo tono con que se la hago a un productor de Misiones cuando le pregunto por el precio de la hoja verde: ¿qué tienen en cuenta ustedes al armar el presupuesto para salir a comer pizza?

ES
Elena SawczukCampo y producción yerbatera

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