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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una semana bajo el agua en Neuquén: vecinos cuentan cómo se vive cuando la lluvia no afloja

La capital neuquina lleva siete días con el cielo cerrado y las calles anegadas. El municipio asegura que el sistema de drenaje respondió, mientras en los barrios del norte la gente espera que el barro se vaya para volver a moverse con normalidad.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 4 d
Una semana bajo el agua en Neuquén: vecinos cuentan cómo se vive cuando la lluvia no afloja

Acá en Neuquén el río Limay viene bajando, pero el aire sigue cargando esa humedad espesa que se te pega en la cara apenas ponés un pie en la vereda. Son ya siete días de lluvias seguidas y uno se acostumbra, a fuerza de resignación, a salir con el piloto colgado del hombro y los botines embarrados. En el centro de la ciudad la postal es relativamente ordenada: los comercios abren, los colectivos cumplen con sus recorridos, los cafés sirven el cortado con la misma parsimonia de siempre. Pero en los barrios del norte, en la Meseta y en Valentina Norte, la cosa cambia. Ahí, donde la calle sigue siendo de tierra y el cordón cuneta es todavía una promesa, la semana se vive de otra manera.

Para entender qué se hizo desde el municipio, hay que mirar la película desde el primer día. Apenas empezó el alerta por lluvias continuas, la intendencia montó un esquema que puso en la calle a Defensa Civil, Limpieza Urbana, Espacios Verdes, Mantenimiento Vial e Infraestructura. Las cuadrillas trabajaron sin pausa en desobstruir rejillas, limpiar bocas de tormenta y mantener los ductos principales, que son los que reciben toda esa agua que baja desde los barrios altos y que, si no se la encauza, termina inundando el Bajo como tantas veces pasó en esta ciudad.

“La infraestructura de drenaje está pensada para absorber entre 15 y 20 milímetros acumulados por día sin generar anegamientos graves en las zonas más pobladas. Esta semana se puso a prueba y, por suerte, en el casco céntrico el sistema respondió.”Francisco Baggio, subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana

Avenida Mosconi, la prueba piloto

El termómetro de cómo viene funcionando el operativo es la avenida Mosconi. Ahí, en los últimos meses, se hicieron obras que renovaron de manera integral el sistema pluvial. Las colectoras nuevas, conectadas al corredor principal, derivaron el agua hacia los colectores grandes con una velocidad que sorprendió a más de uno, porque evitó la acumulación que históricamente se daba en el Bajo, esa zona donde los locales comerciales se llenaban de agua y el tránsito quedaba cortado durante horas. Esta vez no pasó. Y eso, para los vecinos que trabajan sobre la Mosconi, es una pequeña victoria.

En el cruce de Chubut y Santa Cruz, por ejemplo, se usaron equipos Vactor, que son esos camiones con succión potente que sacan los sedimentos, restos de obra y todo lo que se va acumulando en el interior de los ductos. Esa limpieza fue clave para que el agua bajara con el ritmo que tenía que bajar, sin encontrar tapones en el camino.

Los barrios del norte, donde el barro se come todo

Pero si uno cruza hacia el norte de la ciudad, la foto cambia. En calles de tierra de la Meseta y de Valentina Norte, donde todavía no hay asfalto ni cordón cuneta, la convivencia con la lluvia es más cruda. El barro se vuelve intransitable, y la maquinaria pesada que normalmente se usa para mantener las calles no puede entrar. Ahí, las cuadrillas apelan a las motobombas, que son la manera más práctica de sacar el agua estancada y permitir que los vecinos puedan salir a hacer sus trámites o que las ambulancias, los remises y el transporte escolar lleguen a destino.

En eso anduvo toda la semana Marta, una vecina del barrio Valentina Norte que conozco de hace años y que me atiende con el termo bajo el brazo. Y me dice, mientras mira cómo el agua baja por la cuneta improvisada que abrieron los muchachos de la cuadrilla, que acá lo que falta no es voluntad sino pavimento. Y mientras el suelo no se termine de afirmar, advierte, las tareas de nivelación y reparación definitiva van a tener que esperar. Así funciona, me cuenta con esa paciencia que sólo da la gente que lleva toda la vida esperando que el Estado pase por su calle.

Cómo funciona el sistema de desagües y dónde reportar

El esquema de drenaje de la capital neuquina tiene dos salidas principales: el arroyo Durán y el canal Villa María, que terminan volcando todo en el río Limay. Cuando el Limay sube más de lo previsto, se activan las lagunas de atenuación del barrio 127 Hectáreas, un predio de más de nueve hectáreas que funciona como una especie de pulmón, absorbiendo el agua excedente para que el arroyo baje su nivel y el drenaje en los barrios del sur sea más rápido. Es un sistema que tiene su lógica y que, según explican en el municipio, viene funcionando dentro de los parámetros previstos.

Yo te lo digo caminando, como me gusta hacerlo cuando un tema así lo amerita: acá en Neuquén, en este agosto que se nos vino encima con siete días de paraguas, lo que mejor funciona es la paciencia de la gente, esa ñeque que le decimos en criollo, la fortaleza silenciosa de esperar que la tierra se seque y que el agua encuentre por dónde irse. Anoche, antes de cerrar la nota, pasé por la costanera del Limay. El río bajaba, oscuro y tranquilo, y un vecino del barrio San Lorenzo me convidaba un mate mientras mirábamos las luces de la ciudad reflejadas en el agua. La lluvia iba a volver, me dijo, pero ya no con la fuerza de estos días. Le creí. Uno siempre le cree al que mira el río y no se asusta.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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