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Martes, 27 de octubre de 2026
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A mano y con paciencia, un luthier neuquino construye el sonido latinoamericano

Saúl Pérez Zibana dedica entre 80 y 100 horas a cada charango o ronroco, restaura instrumentos y enseña a repairlos en talleres abiertos a la comunidad del Valle del Neuquén.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 2 d
A mano y con paciencia, un luthier neuquino construye el sonido latinoamericano

El calor de la tarde se instala sobre China Muerta, al norte de Neuquén capital, mientras el sonido de una Autovía Norte que pasa cerca del taller recuerda que la ciudad never está del todo quieta. A metros del tránsito, entre maderas seleccionadas y herramientas de precisión, Saúl Pérez Zibana trabaja con una paciencia que parece remake de cada instrumento desde cero. Tiene 40 años, lleva doce dedicado a la luthería y fabrica sobre todo charangos y ronrocos, aunque también calibra, repara y restaura guitarras y bajos eléctricos y acústicos.

Saúl llegó al oficio desde la música. Fue bassist durante años y empezó a comprar instrumentos rotos para intentar arreglarlos por su cuenta. La experiencia previa en carpintería, que venía de su familia y del trabajo con muebles y|scalea, le proporcionó la base técnica. Después studied de manera autodidacta y se formó con Jorge Espinosa, un maestro luthier reconocido en el ámbito nacional. Así, de larepairación informal pasó a construir instrumentos con un criterio propio.

Cada instrumento exige un trabajo Slow y minucioso

No hay atajo para fabricar un charango o un ronroco. Saúl calcula que cada instrumento le demanda entre 80 y 100 horas de trabajo, sin contar la selección previa de la madera, un paso que considera fundamental. Cada parte necesita una especie distinta, con densidad, peso y resistencia adecuados. Como explica Saúl, todo empieza con elegir cada componente y revisar la madera con un cuidado que no admite errores.

“Fabrico instrumentos desde cero, todo empieza desde la selección de cada madera, de cada componente.”Saúl Pérez Zibana

Los clientes llegan por recomendación y a través de las redes sociales. En el Valle del Neuquén, Saúl estima que hay alrededor de una docena de luthiers, cada uno con una especialización diferente. Desde hace poco, integra la Asociación Argentina de Luthiers, una entidad que está próxima a cumplir 25 años. Para sostener el crecimiento de su taller, recibió un crédito de cinco millones de pesos a través de la Línea de Crédito para las Industrias Culturales, destinada a emprendedores culturales que buscan su primera oportunidad de financiamiento.

El dinero le permitió acquire herramientas y materiales específicos que hasta entonces estaban fuera de su alcance. Pero el oficio también ocupa otro lugar en su vida: Saúl dicta un taller de luthería social en el Centro Cultural del Oeste, donde adolescentes, jóvenes y adultos aprenden a calibrar y reparar sus propios instrumentos. Además, coordina un taller de cerámica sonora para niños en el Nodo Alto Godoy. Allí construyen piezas como el pucuy, una pieza cerámica que imita el sonido del viento. En ese trabajo, el paje, que puede entenderse como una acción noble o casi sagrada, se transforma en una herramienta para escuchar y crear.

  • Fabricación de charangos y ronrocos desde cero.
  • Restauración, calibración y reparación de guitarras y bajos eléctricos y acústicos.
  • Talleres de luthería social para aprender a calibrar y reparar instrumentos.
  • Cerámica sonora para niños en el Nodo Alto Godoy.
  • Acceso a un crédito de cinco millones de pesos para compra de herramientas y materiales.

En un barrio donde las veredas y las rutas se cruzan con el trabajo diario, el taller de Saúl representa una forma de hacer las cosas a pulso, con las manos, con tiempo y con materiales que hay que conocer. Each instrumento terminado deja una huella que no se mide solamente por sus dimensiones, sino por el tiempo que llevó construirlo. Al final del día, entre el polvo de la madera y la luz que entra por la puerta, el taller sigue guardando el eco de cada cuerda.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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