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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ace Combat 8 se sube al portaaviones y le da vida propia a la tropa que pilotea los cazas

La nueva entrega de Project Aces reparte la acción entre el cielo y los pasillos del Endurance, con misiones aéreas configurables hasta el último misil y escenas de convivencia que buscan anclar la historia

Por Nadia ChamorroCultura y espectáculos · · hace 19 d
Ace Combat 8 se sube al portaaviones y le da vida propia a la tropa que pilotea los cazas

Lo que más me enganchó cuando tuve el joystick en la mano es que, aun antes de subir al cielo, Ace Combat 8 ya te está contando algo. La pantalla arranca con el protagonista flotando en el mar, rescatado de no se sabe bien dónde, y a partir de ahí todo lo que pasa en el portaaviones Endurance —los desayunos con el escuadrón, las idas y vueltas por el comedor, las conversaciones sueltas en el hangar— funciona como una suerte de precalentamiento emocional. No son misiones, no hay objetivos ni puntaje: son escenas para respirar, mirar a los personajes a la cara y entender con quién estás volando.

El portaaviones como escenario y como refugio

El Endurance no es un simple menú entre combates. Está planteado como base de operaciones de las fuerzas que quedan en pie después de la caída de Theve, la capital de la Federación de Usea Central, invadida por Sotoa. Por sus pasillos se cruzan pilotos y civiles que encontraron refugio en la nave, y el juego te deja recorrer comedores, hangares, la cubierta y los espacios de reunión. Lo que se puede hacer ahí es limitado —mirar alrededor y completar algunas interacciones sencillas—, pero el tiempo que le dedicás se traduce en una cosa muy concreta: empezar a sentir a los personajes como personas y no como voces que te largan coordenadas por radio.

El protagonista hereda la identidad de un supuesto as, ya muerto, que se convirtió en símbolo de resistencia. Los integrantes del Vuelo Joker que lo rodean aportan distintas experiencias y distintas formas de pararse frente a la guerra, y son ellos los que van ocupando esos ratos muertos. La historia se planta en esa construcción del héroe y en el papel que juega la propaganda, un tema que atraviesa toda la trama y que, cuando vas pasando más tiempo con ellos a bordo, se vuelve más incómodo que cuando era un comentario en una pantalla de briefing.

Volver al cielo con todo configurado

En el aire, Ace Combat 8 mantiene la estructura clásica por misiones. Antes de despegar hay que leer los objetivos y pasar por la pantalla de preparación, donde se elige aeronave, armas y piezas. Los puntos que se suman al completar cada salida sirven para comprar nuevo equipamiento y nuevos aviones, y cada decisión cambia la capacidad de carga, el daño del armamento y hasta cómo se comporta la nave. La personalización no se queda en el protagonista: también se puede configurar el avión de los compañeros o, si preferís, dejar que el juego les asigne una combinación adecuada.

  • Defensa del portaaviones frente a oleadas enemigas
  • Ataques contra aeródromos y blancos en tierra
  • Escolta de una aeronave aliada que no se puede perder
  • Destrucción de transportes enemigos en ruta

Para los que vienen de la saga, el pilotaje mantiene los controles estándar y suma un esquema Experto que maneja los tres ejes de rotación del avión y abre un montón de maniobra extra. Los combates mezclan evasión de misiles, ametralladora y armas especiales que sirven para sacudir a varios blancos a la vez. En mi primera salida, lo que más celebré no fue un derribo difícil sino haber esquivado, con el esquema Experto, un misil que en cualquier partida anterior me habría dado en el medio del ala: el control fino cambia todo.

Un detalle que vale aclarar: la historia se ubica unos diez años después de Ace Combat 7, pero puede seguirse sin haber jugado esa entrega. Si la conocés, hay guiños y personajes que aparecen de refilón; si no, el conflicto se entiende igual porque la narración se apoya en lo que va mostrando a bordo y en el día a día de las misiones.

Si me preguntan qué lugar les doy a los momentos de convivencia, les diría que pesan más de lo que la palabra “escena opcional” sugiere. Sirven para entender por qué vale la pena defender este portaaviones, por qué cada piloto del Vuelo Joker no es un punto en el radar sino alguien a quien le acabás de escuchar una historia en el comedor, y por qué la identidad que hereda el protagonista termina doliendo antes de enorgullecer. La próxima fecha clave para seguirle el pulso es el lanzamiento del juego, que es cuando la campaña completa va a mostrar cuánto de lo que se intuye en esos pasillos se termina pagando en el cielo.

NC
Nadia ChamorroCultura y espectáculos

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