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Apnea del sueño en mujeres: cuando el cansancio diario esconde algo más

Despertares repetidos, dolor de cabeza matinal y somnolencia pueden ser señales de apnea obstructiva del sueño en mujeres, un trastorno que suele pasar inadvertido cuando no hay ronquidos fuertes y que requiere evaluación profesional cuando los síntomas persisten.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · 18 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Recién empieza a caer el sol sobre la vereda y ya se nota esa humedad pegajosa que anuncia otra noche pesada en Buenos Aires. Mientras algunos vecinos se refrescan en el umbral, otros piensan en la cama como un refugio que, paradoja mediante, se convirtió en un problema. Porque hay algo que muchos no saben, y que los médicos especialistas en sueño vienen repitiendo hace tiempo: la apnea obstructiva del sueño no es solo cosa de hombres que roncan a todo volumen. En las mujeres, el trastorno se disfraza de otras cosas, se esconde detrás del cansancio, del insomnio, de los cambios de ánimo, y termina pasando inadvertido durante años.

Lo cuentan las revisiones médicas y lo repiten los consultorios: levantarse agotada, con dolor de cabeza, con la sensación de no haber descansado nada, no siempre responde al estrés ni a la menopausia. A veces, el cuerpo está peleando toda la noche contra una garganta que se cierra y se abre sin que la persona se dé cuenta. Cada cierre baja el oxígeno, cada apertura es un mini despertar que el cerebro no registra como tal, pero que deja huellas: somnolencia diurna, niebla mental, irritabilidad, dificultad para concentrarse.

Cuando los ronquidos no aparecen

Acá viene uno de los puntos que más confunde. La imagen popular de la apnea es la del hombre que ronca fuerte y hace pausas respiratorias que asustan a quien duerme al lado. En las mujeres, esa postal cambia. Una revisión reciente estima que hasta el 75 por ciento de las mujeres con apnea podría no estar diagnosticada, y que hasta un 40 por ciento no presenta los síntomas más conocidos, entre ellos los ronquidos intensos y el ahogo nocturno.

Por eso, si alguien del barrio te dice «yo no ronco, así que no puede ser apnea», ojo. Marta, vecina de Floresta, lo descubrió a los cincuenta y pico, después de años de achacarle el cansancio al trabajo y a los hijos. «Me hice el estudio por insistencia de mi hija, que es médica, y cuando vi la cantidad de apneas que tenía por hora me caí de espaldas. Nunca roncaba, o por lo menos eso me decían», cuenta entre risas, todavía sorprendida por el diagnóstico.

Por qué los estudios iniciales pueden no alcanzar

  • Los cuestionarios que cruzan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello tienden a detectar menos casos en mujeres que en varones, porque fueron pensados con el perfil masculino en mente.
  • Algunas pruebas domiciliarias registran de manera incompleta las alteraciones que se concentran en la fase REM del sueño, una de las más relevantes en mujeres.
  • Un resultado inicial sin alteraciones no descarta el trastorno si los síntomas persisten: ahí entra la indicación de un estudio nocturno en un centro especializado, donde se monitorean respiración, actividad cardíaca, movimientos y fases del descanso.

Y acá va otra clave que a veces se pasa por alto: el embarazo y la menopausia son dos momentos donde el riesgo puede aumentar. Los cambios hormonales modifican la estructura de la vía aérea, la retención de líquidos pesa sobre la garganta y la calidad del sueño se deteriora. Por eso, cualquier sospecha durante la gestación merece ser conversada con el equipo obstétrico y, si hace falta, con un especialista en sueño, trabajando de manera coordinada. Y un detalle práctico que vale anotar: si hay una cirugía programada, corresponde avisarle al equipo médico, porque algunos procedimientos y anestesias requieren cuidados especiales en personas con apnea.

Lo que está en juego no es menor. La apnea no tratada se asocia con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, de modo que detectarla a tiempo también es cuidar el corazón y el metabolismo. No se trata de alarmarse por un mal dormir ocasional, sino de prestar atención cuando el cansancio se vuelve crónico, cuando el dolor de cabeza aparece casi todas las mañanas o cuando la concentración se escapa sin explicación.

Antes de cerrar, una imagen que me quedó dando vueltas: la de Marta tomando el café de la tarde en su cocina de Floresta, con el aparato de CPAP ya como parte de la rutina nocturna. «Duermo como no dormí en treinta años», dice, y lo dice con esa mezcla de alivio y bronca que aparece cuando uno descubre que algo tan importante estaba ahí, nomás, al alcance de la mano y nunca lo habían visto.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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