Arabella, Michaela y la noche que no se puede borrar
La creadora que le dijo que no a Netflix para no perder de vista lo suyo.
Me acuerdo de la primera vez que me crucé con Arabella Essuiedu. Era de madrugada, estaba haciendo zapping y la vi caer en un boliche ficticio de Londres, brillante, insegura, seductora. A la noche siguiente, la protagonista de "Podría destruirte" se despertó con la sensación de que algo había pasado, pero la memoria no le terminaba de armar la escena. Y ahí entendí que no estaba viendo una serie cualquiera, sino un mapa de doce capítulos sobre cómo se reconstruye una noche cuando el cuerpo recuerda más que la cabeza.
Una autora con todas las riendas
Detrás de Arabella está Michaela Coel, que no se contentó con ponerse delante de cámara: escribió cada uno de los doce capítulos y codirigió la serie junto a Sam Miller. La londinense venía del éxito de "Chewing Gum" y tomó como punto de partida un episodio de agresión sexual que ella misma padeció, durante un festival, después de haber aceptado una copa que un conocido le dejó en la mesa. Esa experiencia se filtró en la ficción con la precisión de alguien que sabe de qué está hablando, no de oídas.
Lo más llamativo del proceso fue lo que no se vio: la pulseada con Netflix. La plataforma quería quedarse con la totalidad de los derechos de la serie, algo habitual en el modelo de producción de los gigantes del streaming. Coel, según contó en varias entrevistas, decidió plantarse: no aceptaba perder la propiedad de una historia que, insistió, era demasiado personal para terminar en manos de un directorio corporativo. Las charlas no prosperaron y el proyecto terminó encontrando refugio en la BBC y en la HBO, que respetaron su pedido.
“Si me hubieras preguntado qué iba a hacer si esto se convertía en éxito, te habría dicho que no estaba preparada para esa pregunta.”Michaela Coel, en su discurso de los premios Gotham de 2020
Doce capítulos, una herida abierta
- Arabella es una escritora joven que arrastra el síndrome de la segunda novela después del éxito de su debut.
- Tras una noche de fiesta en Londres, la protagonista amanece con lagunas sobre lo que pasó.
- Con la ayuda de sus amigos Terry y Kwab, Arabella reconstruye hora por hora lo que ocurrió.
- La serie alterna el presente dubitativo de Arabella con flashbacks de la noche en cuestión, incluyendo fragmentos animados.
- En paralelo, la historia incorpora a personajes secundarios, entre ellos un trabajador de oficinas al que Arabella ve todas las mañanas en el subte.
La estructura va y vuelve, como la memoria. Hay capítulos enteros dedicados a personajes que parecen secundarios y, de pronto, se vuelven centrales, como el de la amiga Terry, interpretada por Weruche Opia, o el del joven Simon, a quien Arabella conoce en el tren. Esa decisión narrativa refuerza la idea de que la agresión no se procesa sola ni en un vacío: necesita testigos, interlocutores, otros cuerpos que también queden tocados por la noticia.
Crítica en lo alto, audiencias en cuotas
Cuando se estrenó en junio de 2020, la serie fue recibida con por la prensa anglosajona y cosechó premios importantes: BAFTA a la mejor miniserie dramática, reconocimiento en los Gotham, elogio de figuras como Oprah Winfrey y Halle Berry, que se volcaron a recomendarla en redes. Sin embargo, el rating en la BBC One fue modesto y la consagración total en el mainstream llegó con cuenta gotas. El Emmy a mejor miniserie de 2020 terminó en manos de "Gambito de dama", de Netflix, y "Podría destruirte" se fue con el de mejor guion, con un emotivo discurso de Coel dedicado a todas las sobrevivientes.
Con el paso de los meses, la serie encontró otra vida en plataformas de streaming y se volvió un clásico de conversación, sobre todo en espacios feministas y universitarios. Hoy es habitual cruzarla en cualquier lista de recomendaciones sobre series que abordan la violencia sexual sin golpes bajos.
Por qué se sigue mirando
Lo que distingue a "Podría destruirte" no es sólo el tema, sino el tratamiento. Coel se niega a edulcorar y también se niega a regodearse en el trauma. Hay humor, fiestas, peleas de pareja, dilemas laborales, familias ghanesas británicas con sus tensiones propias, escenas de sexo explícito en las que el deseo de la protagonista nunca queda reducido a la víctima que será después. Esa mirada integral hace que, doce de los doce capítulos, el espectador salga pensando no sólo en Arabella, sino en cómo mira a las mujeres que lo rodean.
Si todavía no la viste, te la recomiendo con una advertencia: no es una serie para poner de fondo mientras lavás los platos. Pide atención, pide tiempo y, sobre todo, pide que después de cada capítulo te quedes un rato procesando. Michaela Coel demoró seis años en terminar el guion y puso en juego su carrera cuando le dijo que no a la oferta más tentadora de la industria. Eso, ya de entrada, marca el tono de una historia que se tomó muy en serio el trabajo de contar la suya. Próxima función: en la pantalla que prefieras, idealmente con la luz baja y sin interrupciones.
