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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Caminar, descansar y no pasarse de rosca: la fórmula que una fisioterapeuta del suelo pélvico propone para cuidar el deseo

La especialista Erika Lydon asegura que el ejercicio moderado mejora la circulación y el ánimo, pero que el sobreentrenamiento, la mala alimentación y la falta de descanso pueden terminar jugándole una mala pasada a la libido. La clave, dice, es empezar de a poco y prestar atención a las señales del cuerpo.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 19 d
Caminar, descansar y no pasarse de rosca: la fórmula que una fisioterapeuta del suelo pélvico propone para cuidar el deseo

A esta altura del año, cuando el sol pega de lleno sobre las veredas de Buenos Aires y la rambla se llena de coureurs y señoras con bastón, se vuelve inevitable pensar en el cuerpo como algo más que una silueta: también como una máquina que quiere funcionar bien, incluso cuando la rutina aprieta. En ese sentido, hay un tema que atraviesa a hombres y mujeres por igual, sin distinción de edad ni de bolsillo, y que pocas veces se charla en la sobremesa: qué hace el ejercicio con la vida sexual, y hasta dónde conviene entrenarse para no terminar pagando el deseo a precio de esfuerzo. Por ahí pasó la conversación con Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, que desde su consultorio en Palermo viene viendo de todo: desde runners obsesivos con el reloj hasta oficinistas que se deciden por el staircase del estacionamiento porque todavía no se animan a la cinta.

Empezar por algo chico y sostenerlo en el tiempo

La recomendación más concreta que dejó Lydon es bien de tierra: arrancar con caminatas de 15 minutos y, a partir de ahí, subir la vara de a poco. Elegir algo que a uno le guste y que se pueda mantener, argumentó, termina construyendo una rutina cuyos beneficios suelen colarse en otros aspectos de la vida, incluida la sexualidad. Como referencia general para la mayoría de las personas adultas, sugirió juntar 150 minutos de ejercicio aeróbico moderado o 75 de actividad intensa por semana, más dos jornadas de fuerza. Esa es una pauta para la salud general, aclaró, y bajo ninguna circunstancia debe leerse como un tratamiento garantizado contra el bajo deseo, porque en el medio también pesan el sueño, la alimentación, el humor y las circunstancias de cada uno.

“Elegí algo que disfrutes y que puedas sostener. La constancia es lo que trae los cambios.”Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico

Kegel no es para todos, ni sirve siempre

Antes de lanzarse a cualquier rutina específica, la especialista aconsejó atender primero las molestias. Si hay dolor o preocupación por el desempeño sexual, lo razonable es consultar con un profesional de la salud o con alguien que trabaje específicamente suelo pélvico. Esa musculatura, explicó, sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, pero eso no significa que siempre necesite fortalecerse. Los famosos ejercicios de Kegel pueden servir en algunos casos y, en otros, justru todo lo contrario: aumentar la tensión y volver las relaciones dolorosas, sobre todo si los músculos quedan contraídos o les cuesta relajarse. Para muestra, la reflexión de Marta, vecina del barrio de Belgrano, que a los 52 arrancó con Kegel por consejo de una amiga y terminó en el consultorio con una contractura que no la dejaba ni sentarse cómoda: a mí me dijeron que era bueno y casi me deja peor, me atiende Lydon y ahora aprendí a respirar antes que a apretar.

  • Caminatas de 15 minutos como punto de partida, para ir sumando intensidad sin lesionarse.
  • Trabajo aeróbico moderado que mejora la circulación y ayuda a que llegue sangre a los órganos sexuales.
  • Entrenamiento de fuerza dos veces por semana, que puede colaborar con la energía y el equilibrio hormonal.
  • Consultar a un profesional si hay dolor o dudas, antes de sumar ejercicios puntuales de suelo pélvico.
  • Dormir bien y manejar el estrés, porque sin descanso el cuerpo no responde igual y la libido se resiente.

El sobreentrenamiento también puede pasar factura

Lydon fue clara al advertir sobre el otro extremo: entrenar de más, sin alimentarse como corresponde ni darle al cuerpo el descanso que pide, puede terminar afectando el deseo. En criollo: el cuerpo lleva libretas, y cuando uno le debe horas de sueño y proteínas, cobra en forma de cansancio y de ganas que no aparecen. A veces pasa con los que se enganchan con el running, contó la fisioterapeuta, gente que empezó queriendo estar más sana y termina reventada, sin hambre y con la cabeza en otro lado. En ese punto volvió a aparecer el guaraní que cada tanto se cuela en la charla de los vecinos cuando el tema se pone íntimo: la palabra ñe'ẽvy, que en la junta de Boedo usan para nombrar ese estado de espíritu bajo, como apagado, en el que ni el café levanta. Dormir mejor o sentirse menos estresado, insistió, suele llegar antes que cualquier otra transformación corporal, y a veces es justamente lo primero que vuelve a poner la libido en su lugar.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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