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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando adelgazar también es una cuestión de cabeza: por qué sumar apoyo psicológico marca la diferencia

La OMS advierte que la obesidad no se entiende solo como un problema de comida y movimiento, sino como una trama donde se cruzan genes, emociones, cansancio y entorno. Un metaanálisis reciente y sociedades científicas coinciden en que los tratamientos que incorporan soporte psicológico sostenido muestran mejores resultados a largo plazo.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 5 d
Cuando adelgazar también es una cuestión de cabeza: por qué sumar apoyo psicológico marca la diferencia

A esta altura de la tarde, con la térmica todavía pesada sobre los hombros y la sombra corta que apenas se estira sobre la vereda, uno se pregunta por qué tantos vecinos y conocidas que arrancan una dieta con toda la voluntad del mundo terminan dejándola a los pocos meses, no por falta de fuerza de voluntad, como muchas veces se dice con una dureza que a mí me suena injusta, sino porque el tratamiento no contempló algo que parece básico y sin embargo suele quedar afuera: lo que les pasa por la cabeza mientras tratan de comer distinto.

Bajar de peso no depende únicamente de comer menos y moverse más, y esta es una idea que hace rato dejó de ser una intuición y se transformó en un consenso bastante sólido entre quienes estudian el tema. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y hasta el propio entorno alimentario inciden de manera directa en la relación que cada persona construye con la comida y, sobre todo, en la posibilidad de sostener los cambios con el paso del tiempo. Cuando los tratamientos se limitan a una lista de alimentos permitidos y a una rutina de ejercicios sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados suelen ser difíciles de mantener, y la frustración se vuelve casi una parte esperada del proceso.

Lo que dice la ciencia, con sus números y sus siglas

La Organización Mundial de la Salud sostiene que la obesidad surge de la interacción entre una susceptibilidad biológica propia de cada organismo y las influencias ambientales y psicosociales que nos rodean, y por eso recomienda una atención multimodal que integre intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, siempre adaptadas a las necesidades de cada persona y no a un molde único.

En la misma línea, un metaanálisis que revisó 37 estudios, entre ellos 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a abordajes considerados mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en Obesity Reviews, una de las revistas de referencia en el área.

  • Genética: ciertas variantes influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, y otras intervienen en el metabolismo, es decir, en la forma en que el organismo usa y almacena energía. Por eso, personas con planes alimentarios similares pueden obtener resultados muy distintos sin que eso signifique que una se esfuerza más que la otra.
  • Estado emocional y cansancio: el ánimo y el nivel de fatiga afectan de manera directa la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación, porque comer suele ser también una forma de regular lo que sentimos.
  • Entorno alimentario: la disponibilidad de alimentos ultraprocesados, los horarios laborales, las reuniones sociales y la publicidad condicionan las elecciones cotidianas mucho más de lo que se reconoce en una consulta tradicional.
  • Respuesta ante los tropiezos: frente a un episodio de salirse del plan previsto, una respuesta rígida puede generar la sensación de haber perdido el control por completo y derivar en comer de forma desinhibida, mientras que una respuesta más flexible permite reconocer el episodio sin interpretarlo como el abandono total del proceso.

La palabra de los que saben, en criollo

“La Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona en particular, y advierte que un plan pensado solo en kilo-calorías rara vez llega a buen puerto.”Sociedad Europea de Cardiología

María, que tiene 52 años y vive en Villa del Parque, me decía el otro día mientras tomábamos mate en la puerta de su casa, con la confianza que da compartirse el barrio, que ella había bajado de peso varias veces y que en cada intento había aprendido algo distinto, pero que recién cuando un equipo la acompañó desde lo emocional entendió que la comida también era un modo de bancar los días bravos. A mí eso me resonó mucho, porque parece una observación simple y, sin embargo, la ciencia lleva años tratando de formalizarla con estudios, cifras y publicaciones para que deje de ser vista como un comentario de sobrebares y pase a ocupar un lugar central en cualquier tratamiento serio, algo que en la consulta médica tradicional todavía no termina de ocurrir, pese a que las guías internacionales lo vienen pidiendo desde hace tiempo con una insistencia que a esta altura ya parece un ruego.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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