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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El peso cierra la semana en calma y la soja queda mirando de reojo el precio del dólar

El oficial se sostuvo en $1.530 y el blue apenas se movió en $1.545, en una jornada donde el campo tomó nota de la estabilidad cambiaria y de los nuevos valores que rigen para los consumos con tarjeta en el exterior.

Por Elena SawczukCampo y producción yerbatera · · hace 10 h
El peso cierra la semana en calma y la soja queda mirando de reojo el precio del dólar

La semana se despidió con un dato que, para mí, vale la pena mirar dos veces: el dólar oficial terminó el viernes clavado en $1.530 para la venta en el Banco Nación, sin un solo centavo de variación respecto de los días anteriores, en un mercado cambiario que mostró una quietud casi inaudita para los tiempos que corren en la Argentina, donde la moneda suele moverse al ritmo de cualquier declaración política o cualquier rumor del mercado de futuros, y sin embargo esta vez el tablero se mantuvo firme como un poste de alambrado bien plantado en medio del lote.

El blue, esa referencia paralela que durante años fue termómetro callejero de la economía, acompañó el clima de meseta y se acomodó en los $1.545 para la venta y los $1.498,65 para la compra, una diferencia de apenas quince pesos entre puntas que revela lo estrecho del margen con el que hoy se mueven las cuevas y las casas de cambio del microcentro porteño, ese circuito que muchas veces marca el pulso del ahorro de los argentinos de a pie, del que guarda dólares bajo el colchón o del que va a vender los verdes justo cuando el rumor dice que van a saltar.

Lo que paga el que viaja o paga servicios afuera

Para quienes gastan con tarjeta en el exterior, ya sea comprando un pasaje aéreo, abonando una plataforma de streaming desde otro país o cargando nafta en un paso fronterizo, el tipo de cambio que termina saliendo del bolsillo llegó a $2.007,20 por cada dólar, un número que se construye a partir del oficial más un 30% de percepción a cuenta de Ganancias, y que desde que se levantó el impuesto PAIS se transformó en el único sobrecosto formal que el Estado le agrega a la divisa regulada.

  • Dólar oficial (Banco Nación): $1.480 compra y $1.530 venta.
  • Dólar blue: $1.498,65 compra y $1.545 venta.
  • Tarjeta en el exterior: $2.007,20 por dólar, con 30% de Ganancias.
  • Euro blue: $1.737,60.
  • Bitcoin: US$82.138; Ether: US$2.474.
  • Riesgo país de JP Morgan: 622 puntos.

En la tranquera de los productores yerbateros, esta estabilidad del tipo de cambio llega en un momento particular del calendario: mientras en algunas colonias de Misiones la cosecha gruesa de soja y maíz empieza a asomar en el horizonte y los colonos hacen cuentas con la calculadora a la hora del mate, la quietud del dólar oficial implica que los precios que se pactan en pesos por tonelada de hoja verde o por kilo de ganado no sufrirán el sacudón inmediato de una devaluación brusca, algo que en otras campañas funcionó como un salvavidas para los que tenían mercadería guardada y como un golpe para los que necesitaban comprar insumos importados, como los fitosanitarios que se aplican en los yerbatales o las bolsas para el del producto final, un tema que siempre vuelve a la mesa de las cooperativas.

Don Carlos, colono de la zona de Campo Viera, me decía esta semana mientras revisaba los alambrados de su cuadro de yerba mate que con el dólar quieto al menos se puede planificar la cosecha sin estar pendiente del celular a cada rato, aunque advertía que la estabilidad tiene la otra cara de la moneda: cuando el oficial no se mueve, los costos en pesos tampoco se ajustan, y eso termina licuando la rentabilidad de la chacra, esa rentabilidad que en Misiones suele quedar atrapada entre el precio de la hoja verde que paga el secadero y lo que termina costando el gasoil, el flete y la reposición de los plantines.

El mercado cripto acompañó la tónica: el Bitcoin se mantuvo en el entorno de los US$82.138 y el Ether en los US$2.474, valores que para el productor yerbatero que recibió algún pago en stablecoins o que mira de reojo las operaciones de exportación a través de plataformas digitales sirven como referencia, aunque todavía muy lejos de la operatoria cotidiana del colono que, en la mayoría de los casos, sigue cobrando en pesos billete y enfrentando el clásico recorrido del yerbal a la góndola, con todo lo que eso implica en términos de márgenes, de intermediaciones y de precio final que termina pagando el consumidor en la verdulería o en el supermercado.

El riesgo país cerró en 622 puntos según el índice que elabora JP Morgan, un número que los analistas suelen mirar de reojo cuando se habla de la deuda soberana y que, traducido a la economía real, funciona como un termómetro indirecto de la confianza que los inversores tienen en que la Argentina podrá honrar sus compromisos, algo que tarde o temprano termina impactando en la tasa de interés, en la disponibilidad de crédito para el pequeño industrial yerbatero que quiere renovar su secadero o en la decisión de una multinacional a la hora de traer un contenedor de yerba canchada.

Por ahora, del yerbal a la góndola, el escenario muestra un dólar calmo, una inflación que viene cediendo en las góndolas, pero todavía sin que el Estado termine de resolver las deudas estructurales que arrastra el sector: la actualización de los precios mínimos de la hoja verde, la reglamentación definitiva del Instituto Nacional de la Yerba Mate, la puesta en marcha de los programas de renovación de plantaciones y, sobre todo, la forma en que se repartirá la renta entre los distintos eslabones de una cadena que sigue siendo, pese a todo, una de las más federales del país.

ES
Elena SawczukCampo y producción yerbatera

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