El termómetro de agosto en Neuquén: 2,3% de inflación y un acumulado anual que ya pesa en la mesa familiar
La Dirección Provincial de Estadística y Cifos confirmó que los precios en el conglomerado neuquino repitieron el guarismo de julio. El interanual cerró en 36,2% y el acumulado del año roza el 23%, lo que vuelve a poner la lupa sobre cómo se sostiene el presupuesto de los hogares del Alto Valle.
Hay una vereda de Neuquén Capital, cerca de la calle Bahía Blanca, por la que a esta hora de la mañana todavía no corre una gota de aire fresco. El sol pega de lleno sobre las baldosas y uno se imagina, sin proponérselo, que las cosas se cocinan a fuego lento: la siesta del gato en el umbral, el asfalto que empieza a blanquearse, el rumor de un ventilador de pie en la cocina de al lado. Es la misma calma tensa de los meses en los que la inflación no afloja, porque cuando el calor no da tregua afuera, adentro del barrio la gente hace cuentas con la lapicera sobre el papelón del almacén. Y los números que llegaron esta semana desde la Dirección Provincial de Estadística y Cifos no invitan a relajarse.
Según el informe oficial, el Índice de Precios al Consumidor del conglomerado Neuquén cerró agosto con una suba del 2,3%, un dato que replica de manera textual lo registrado en julio. En otras palabras, el ritmo mensual no se aceleró ni se frenó: quedó exactamente igual, lo que en criollo significa que la rueda sigue girando al mismo paso. Si se mira el acumulado del año, los precios ya treparon 22,8%, y la comparación interanual, agosto contra agosto del año pasado, marca un aumento del 36,2%. Son cifras que duermen en los papeles pero que se despiertan a la mañana, cuando uno va a la verdulería o paga la cuota del gimnasio.
Neuquén, seis décimas por encima del promedio nacional
El INDEC, a nivel país, marcó para agosto un 1,7%, seis décimas por debajo del dato neuquino. No es una novedad que la Patagonia tienda a moverse un poco más rápido: la composición de la canasta, los fletes, el costo del gas y de la energía le van dando forma a un índice que suele llevarle la delantera al promedio nacional. Aun así, la diferencia se mantiene en márgenes que las familias perciben, sobre todo cuando se compara lo que sale el kilo de asado en Buenos Aires y lo que termina saliendo acá, con todo lo que hay que agregarle hasta ponerlo en la mesa.
“Yo te juro que en el almacén de Raúl, en el barrio Don Bosco, ya uno pregunta antes de levantar el paquete. Antes mirabas el precio y listo; ahora te fijás, hacés memoria del mes pasado y decidís si te conviene llevar dos o uno. La inflación no te pega de un día para otro, te va limando el sueldo de a poquito.”Mario, vecino del barrio Don Bosco
Qué significa para el bolsillo, en criollo
- El 2,3% de agosto, igual que en julio, indica que el ritmo de aumento mensual no cambió.
- El 22,8% acumulado en ocho meses equivale a decir que cada cien pesos de enero hoy valen alrededor de 122,80 pesos en el mostrador.
- El 36,2% interanual refleja la pérdida de poder de compra si el ingreso no tuvo ajuste en los últimos doce meses.
- La diferencia con el 1,7% nacional es de seis décimas, en línea con lo que suele mostrar la región patagónica.
En la calle, lo que más se comenta no es tanto el número suelto como el combinado. Cuando uno charlando en la vereda escucha que el vecino ya no compra el queso todas las semanas sino cada quince días, o que la mamá del barrio cambió la marca del yogur por la que viene en envase más chico, ahí es donde la estadística deja de ser estadística y pasa a ser vida cotidiana. Por eso mirar el índice cada mes sirve, entre otras cosas, para anticiparse: comparar el aumento de sueldo con el 22,8% del año, ver si los plazos fijos le ganan a la inflación, o decidir si conviene estirar la compra del súper hasta fin de mes. Es una herramienta chica, pero al menos ayuda a no llegar tan descolocado a la próxima góndola.
La imagen que me queda dando vueltas, después de pasar por el centro y por los barrios, es la de una señora mayor en la puerta de la farmacia del centro, con el tachito de la jubilación recién cobrado y la lista de medicamentos escrita en un papel doblado en cuatro. Se queda mirando el mostrador un momento largo, como quien compara precios de memoria, y después pide tres cajas en lugar de las cinco que le habría gustado llevar. No es un dato, es una escena. Y en esa escena, que se repite en cada esquina de Neuquén, se condensa mejor que en cualquier cuadro estadístico lo que significa un 2,3% que, por segundo mes seguido, se niega a ceder.
