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Sábado, 17 de octubre de 2026
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En El Chaltén, registrar al perro se paga en litros de nafta: la trama de un esquema municipal que se mide en módulos

El Registro Municipal de Mascotas fija una inscripción de 20 módulos y una patente anual de 15, con multas que trepan a 50. La unidad de cálculo es el valor de un litro de combustible en la estación local, en una localidad atravesada por el Parque Nacional Los Glaciares.

Por Elena SawczukCampo y producción yerbatera · · hace 24 d
En El Chaltén, registrar al perro se paga en litros de nafta: la trama de un esquema municipal que se mide en módulos

Amanecimos con una jornada fresca en El Chaltén, esa villa turística santacruceña que se levanta dentro del Parque Nacional Los Glaciares, y la novedad del día no viene del glaciar Perito Moreno ni del Fitz Roy sino del Registro Municipal de Mascotas, el ReMMa, donde el costo de anotar a un perro o un gato en el padrón comunal se mide en litros de nafta súper de la estación YPF del pueblo. La idea es sencilla de explicar y, a la vez, lo suficientemente engorrosa como para que el vecino termine sacando la calculadora: cada módulo que figura en la ordenanza equivale al precio de un litro de combustible en esa estación de servicio, y todas las obligaciones del registro —la inscripción, la patente anual y la multa por incumplimiento— se expresan en esa misma unidad antes de convertirse a pesos. Para alguien de 40 a 60 años que lleva adelante una economía doméstica y que quizá nunca se preguntó cuánto sale tener un animal registrado en una localidad de la Patagonia austral, el dato sirve para dimensionar un esquema tributario singular, pensado al ritmo del surtidor.

Inscripción, patente y domicilio: tres momentos, tres importes

El primer desembolso es la inscripción: 20 módulos si el trámite se hace en la sede del registro, y 25 módulos si se pide que personal municipal concurra al domicilio del contribuyente. Esa diferencia de cinco módulos no es un detalle menor en una localidad donde el combustible suele tener un valor superior al de los centros urbanos más poblados, y donde la logística de acercarse hasta las oficinas municipales no siempre es sencilla para quien vive en los márgenes del ejido urbano. La patente, en cambio, aparece recién a partir del segundo año de tenencia, es anual y está fijada en 15 módulos, lo que equivale a 15 litros de nafta súper. Son, como se ve, dos obligaciones distintas: una sola vez al ingresar al padrón, y otra cada año mientras el animal permanezca bajo cuidado del mismo responsable.

  • Inscripción en sede municipal: 20 módulos.
  • Inscripción a domicilio: 25 módulos.
  • Patente anual desde el segundo año: 15 módulos.
  • Multa por incumplimiento del registro: 50 módulos.
  • Unidad de cálculo: valor de un litro de nafta súper en la estación YPF de El Chaltén.

Cuando el Municipio detecta que un animal no fue registrado, el costo sube hasta los 50 módulos, es decir, el equivalente a 50 litros de nafta súper: dos veces y media la inscripción básica, y más de tres veces la patente anual. La escala no es caprichosa: está construida para desalentar la omisión y, al mismo tiempo, para mantener una base de datos actualizada que vincule a cada mascota con un propietario identificado, algo especialmente sensible en una localidad donde se han encontrado perros dentro del área del Parque Nacional Los Glaciares, con el riesgo ambiental que eso implica para la fauna silvestre y el delicado equilibrio del entorno.

“Lo que uno termina pagando, en definitiva, depende de tres preguntas simples: cuándo registra, dónde lo hace y cuántos años lleva con el animal en casa. Y todo se traduce a pesos a través del surtidor de la estación local.”Voz de redacción

Ahora bien, para organizar los gastos de tener una mascota en El Chaltén —y, por qué no, para pensar la tenencia responsable en cualquier pueblo chico de la Patagonia— la información clave pasa por cuatro datos que conviene tener a mano antes de anotarse en el ReMMa: el precio actualizado del litro de nafta súper en la estación YPF del pueblo, que es el número que convierte módulos en pesos; la fecha de inscripción, porque de allí se cuentan los plazos para la primera patente; la modalidad elegida para el alta, ya que la inscripción a domicilio cuesta cinco módulos más que en sede; y la situación del animal dentro del hogar, porque la patente recién empieza a correr al segundo año de convivencia registrada. Con esas cuatro variables, el contribuyente puede anticipar el costo del primer año —inscripción más, eventualmente, la diferencia por domicilio— y el gasto fijo anual que se le sumará a la economía familiar a partir del segundo ciclo, sin sobresaltos con la multa por incumplimiento, que sigue siendo la pata más cara del esquema.

Mientras tanto, del yerbal a la góndola —y, en este caso, del living de la casa al padrón municipal—, el vecino de El Chaltén termina leyendo el boleto de su mascota en litros de combustible, y eso dice bastante de cómo se construyen los tributos locales en los pueblos chicos de la Argentina: atados a referencias cotidianas, en busca de una actualización automática que no dependa de una ordenanza cada vez que cambia el precio de la nafta. Lo que el Estado todavía no resolvió, en este y en tantos otros registros similares, es cómo hacer que el sistema sea igualmente accesible para quienes no tienen cómo acercarse al Municipio, para quienes viven a varios kilómetros del centro o para quienes, simplemente, no se enteran de que el ReMMa existe hasta que el animal ya forma parte de la familia y la multa empieza a asomar como una posibilidad real. Esa es la deuda pendiente: que registrar a un perro o a un gato no se convierta en un trámite ajeno al ritmo del pueblo.

ES
Elena SawczukCampo y producción yerbatera

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