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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La tormenta se anota con todo en Neuquén: granizo, viento y un río de agua que no avisa

Seis departamentos del interior quedaron bajo alerta naranja por tormentas severas, con acumulados que pueden trepar hasta los 50 milímetros en pocas horas. Las recomendaciones oficiales y los recaudos que no conviene pasar por alto.

Por Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana · · hace 4 d
La tormenta se anota con todo en Neuquén: granizo, viento y un río de agua que no avisa

A esta altura del lunes, con la térmica todavía masticando el aire de la mañana, ya se sabe que la tormenta va a caer con todo sobre buena parte de la provincia de Neuquén, y la mejor manera de esquivarla es no estar en la calle cuando la cosa se ponga brava. Lo que empezó como un parte meteorológico terminó convirtiéndose en una alerta naranja que pesa sobre seis departamentos del interior neuquino, con un combo poco simpático: actividad eléctrica a granel, granizo del tamaño que nadie quiere y ráfagas de viento capaces de mover lo que uno ni se imagina. Yo, si anduviera por Loncopué o por Añelo a esta hora, ya estaría pensando en dónde meter el auto y qué asegurar en el patio antes de que se arme la de Dios.

El Servicio Meteorológico Nacional pintó el mapa de naranja para Loncopué, Picunches, Ñorquín, Añelo, Pehuenches y Chos Malal, y la advertencia no es un capricho: en esas zonas se esperan acumulados de lluvia de entre 20 y 50 milímetros en períodos cortos, con la chance concreta de que en algunos puntos puntuales el número se quede corto y el agua termine pasando ese umbral. La ventana más caliente, valga la paradoja, se concentra entre la tarde y la noche, que es justo cuando uno tiene la cabeza en otra cosa y se olvida de mirar el cielo.

Las zonas bajo alerta amarilla y el fantasma de la nevada

No es que el resto de la provincia se haya salvado, ni mucho menos. Bajo alerta amarilla quedaron Confluencia, Picun Leufu, Catán Lil, Collón Curá, Zapala y los sectores bajos de Aluminé, Huiliches y Lácar, donde los registros previstos oscilan entre los 10 y los 20 milímetros, con granizo ocasional y ráfagas que, sin llegar a la categoría naranja, ya se encargan de arruinarle la tarde a más de uno. Para colmo, en las zonas de mayor altura aparece la chance de nevadas, un condimento que mezcla rutas complicadas y visibilidad reducida, justo la combinación que ningún viajero quiere enfrentar de noche.

  • Quedarse en casa salvo que sea estrictamente necesario y alejarse de puertas y ventanas durante el pasaje de la tormenta.
  • Retirar o asegurar objetos sueltos en patios, balcones y techos que el viento pueda arrastrar o convertir en proyectiles.
  • Mantener limpios desagües, rejillas y sumideros para que el agua encuentre camino y no se acumule contra las viviendas.
  • En caso de que ingrese agua al domicilio, cortar la luz y desconectar los electrodomésticos antes de cualquier maniobra.
  • Nunca circular por calles anegadas: el agua puede ocultar pozos, tapas abiertas o arrastrar personas y vehículos.
  • Buscar refugio de inmediato en un edificio, una casa o un vehículo cerrado si la tormenta sorprende al aire libre y evitar árboles y espacios abiertos.

El kit de emergencia, ese amigo que uno siempre arma al pedo y después termina agradeciendo

Para los departamentos bajo alerta naranja, la recomendación pasa por tener listo un kit que a esta altura ya suena a manual de supervivencia, pero que en el fondo no es más que sentido común ordenado en una mochila. Agua potable, alimentos no perecederos, botiquín de primeros auxilios, radio a pilas y linterna encabezan la lista, y a eso se le suma cargar los teléfonos con tiempo y dejar anotados, en papel, porque la tecnología a veces se apiada de nosotros y justo decide no funcionar, los números de Protección Civil, Bomberos y Policía. Rubén, vecino del barrio Belgrano en la capital neuquina, me lo decía cada vez que se armaba una de estas: "Yo ya tengo la mochila cerca de la puerta, porque en Neuquén el cielo cambia más rápido que de humor tiene la patrona". Y la verdad, mirá, le voy a dar la razón.

Mientras la tarde se va cerrando sobre Neuquén y el termómetro empieza a cederle el paso a ese olor a tierra mojada que ya se huele en algunas veredas, lo más sensato es aceitar la paciencia, bajar las persianas, asegurar el auto bajo techo y, si uno tiene un apí (que en guaraní quiere decir algo así como ese coraje de la palabra amiga, esa compañía de la mano tendida), llamarlo por teléfono y preguntarle si ya preparó el kit. La tormenta va a pasar, como pasan todas, pero mientras tanto conviene hacerle el menor caso posible al cielo y el mayor caso posible a las recomendaciones. Después, con el sol de nuevo sobre el río, quedará el barro, alguna rama caída y la sensación de que, otra vez, zafamos.

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Ariel Da SilvaSociedad y vida cotidiana

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