Mariano Moreno arrancó la novena temporada de Ciudad Zapallo con semillas en mano y la promesa de volver a producir lo que se come
El programa del PRODA entregó kits con cuatro variedades y ofreció capacitación sobre suelo, riego y fecundación. Ya son más de 150 los vecinos anotados del interior neuquino, y el cierre, con premiación al zapallo más pesado, llegará en mayo del año que viene.
La mañana en Mariano Moreno se sentía pesada, de esas en las que el sol parece instalarse desde temprano sobre las chapas y el río Neuquén baja un poco más calmo, como si también él estuviera esperando que empiece algo. Y vaya si empezó: Ciudad Zapallo, el programa insignia del PRODA, dio el puntapié inicial de su novena temporada consecutiva con un acto que mezcló alegría barrial, capacitación práctica y la promesa, siempre tentadora, de que una semilla termina siendo comida en la mesa de cada familia.
Qué trae el kit y qué se aprende en los talleres
Lo que se entregó este lunes no es un simple sobre con semillas: es un kit completo con cuatro variedades de zapallo, cada una con su carácter y su cocina esperando. Está el gris plomo, ese clásico del interiors neuquino que termina en puré o en sopa; el alargado, ideal para rellenar; el anko, de pulpa dulce y textura suave; y el Atlántico gigante, que ya lleva el nombre puesto y que el año pasado, de hecho, dejó boquiabiertos a más de uno en el paraje Los Hornos, donde Daniel Panitrull cosechó un ejemplar de casi 24 kilos y se llevó el primer puesto del concurso. Los talleres iniciales cubren los cuatro ejes básicos que cualquier planta necesita para crecer sin quejarse: luz, temperatura, agua y suelo. También se trabaja la fecundación de la flor femenina, un paso clave que suele quedar fuera de las conversaciones de huerta pero que define cuánto rinde cada planta, y se enseña a preparar el pozo de plantación con incorporación de materia orgánica, bajo un enfoque agroecológico que en estas tierras suena casi a regreso, a ñande reko, a esa forma ancestral de entender la relación con la tierra que los guaraníes llamaron ñande reko y que, traducido, bien podría leerse como nuestro modo de ser, un modo que en el campo nunca se perdió del todo.
Quiénes participan y cómo se expandió la propuesta
Hasta el momento son más de 150 los vecinos que ya se inscribieron en la temporada 2026-2027, llegados desde Mariano Moreno, El Cholar, Loncopué y Chos Malal, cuatro localidades del interior neuquino donde la huerta familiar nunca fue un hobby de fin de semana sino una necesidad de toda la vida. Entre los presentes estaba también Alberto, vecino del barrio central de Mariano Moreno, que contó mientras acomodaba su kit en una bolsa de tela que él ya hizo zapallo el año pasado y que este año va por el doble, así, sin más preámbulo, con la calma de quien sabe que la tierra responde si uno la escucha. Aldo González, director provincial del PRODA, describió la propuesta en términos que conviene repetir textual porque resumen bastante bien qué se busca: un programa que entrega semillas y saberes al mismo tiempo, con la idea de que cada familia vuelva a producir una parte de lo que lleva a la mesa, esa pequeña pero enorme revolución diaria que se mide en kilos, en cenas compartidas y en orgullos de barrio.
Cómo sumarse si te perdiste el lanzamiento
Para quienes no pudieron acercarse al lanzamiento todavía hay tiempo y, sobre todo, hay oficina. Quienes quieran sumarse pueden retirar su kit directamente en la Dirección de Economía Circular de la municipalidad de Mariano Moreno, donde los reciben con la misma predisposición de siempre y con ganas de explicar de nuevo, las veces que haga falta, cómo se prepara un pozo de plantación o por qué conviene respetar los ciclos de la luna para fecundar. El concurso cerrará en mayo de 2027 con un ranking final y la premiación esperada a los zapallos más pesados y destacados de la temporada, un cierre que en ediciones anteriores se transformó en verdadera fiesta popular, con las familias mostrando sus cosechas como quien muestra un cuadro, con orgullo de autor.
Te lo digo como te lo digo siempre, querido: mientras en otros lados se discute si la soberanía alimentaria es slogan o política, en el interior neuquino un grupo de vecinos carga una bolsa con cuatro sobres de semillas y vuelve a su casa pensando dónde va a hacer el pozo. Y eso, en definitiva, es lo que termina cambiando todo.
