Mario Boskis y el mapa de la longevidad: vínculos, ikigai y los cuidados que importan cuando llegan los fríos
El cardiólogo Mario Boskis repasó las claves para envejecer con propósito y repasó los hábitos de prevención frente a las infecciones respiratorias que suelen aparecer con la llegada del invierno en el conurbano y en la ciudad.
Hay tardes, en la costanera, en que el río baja oscuro y el calor pegajoso se queda sobre la vereda como un trapo húmedo. En una de esas tardes me crucé con Olga, vecina de San Telmo, que camina todas las mañanas hasta el café de la plaza para encontrarse con sus amigas del secundario, y mientras acomodaba el pañuelo en el cuello me dijo algo que después escuché, casi con las mismas palabras, en la consulta de un especialista: «Mientras tenga con quién charlar, sigo». Esa idea, tan simple y tan difícil de sostener a veces, es la que volvió a poner sobre la mesa el cardiólogo Mario Boskis cuando habló de la vejez como una etapa que se vive mejor cuando hay motivos para levantarse cada mañana y gente con quien compartir el día.
Tener un porqué, la receta que atraviesa generaciones
Para Boskis, la longevidad no se explica solamente con análisis de laboratorio ni con caminatas medibles en pasos o en kilómetros, sino con algo más antiguo, que los orientales conocen desde hace siglos y que en japonés se llama ikigai, esa palabra que puede traducirse como «la razón por la que uno se levanta a la mañana». El especialista lo mencionó como un marco posible para pensar la vida después de los sesenta, cuando a veces aparecen jubilaciones, mudanzas o viudeces que dejan los días un poco más vacíos. Sostener una ocupación, conservar amistades y mantener el teléfono activo con los hijos y los nietos funcionan, según su mirada, como escudos contra el aislamiento, que es uno de los factores que más pesan cuando el cuerpo empieza a pedir —perdón, quiero decir no, en castellano de toda la vida— cuando el cuerpo empieza a pedir pausas.
«La edad por sí sola no debería llevar a abandonar aquello que genera bienestar», suele repetir Boskis en sus charlas, y la frase vuelve a escucharse ahora, en pleno descenso de la temperatura, cuando muchos adultos mayores dudan entre quedarse en casa o sumarse al asado del domingo, al taller de memoria del centro de jubilados o a la clase de tango en el club del barrio. Lo que el médico propone es regular, no suspender: cada cuerpo marca sus propios límites, pero mientras las actividades puedan hacerse, la indicación es hacerlas, porque el movimiento, la conversación y el sentido de pertenencia son, también, una forma de medicina preventiva.
Los cuidados que se vuelven urgentes cuando bajan las marcas del termómetro
Ahora bien, esa vida activa y social necesita compañía: los cuidados frente a las infecciones respiratorias que circulan con más fuerza en el invierno. Boskis lo dijo con claridad: una infección requiere la presencia de un virus o una bacteria, y aunque el frío por sí solo no enferme, sí puede ralentizar el trabajo de las cilias, unos filamentos pequeñitos que tapizan las vías respiratorias y ayudan a arrastrar las secreciones hacia afuera, como un barrido permanente. Cuando ese mecanismo se enlentece, las defensas pierden algo de filo y los virus aprovechan para instalarse.
- Usar barbijo cuando aparecen síntomas respiratorios, para cuidar al que está al lado en la mesa, en el colectivo o en la sala de espera.
- Lavarse las manos al llegar a casa, al llegar al trabajo y antes de comer, porque muchas infecciones se transmiten por el contacto con superficies.
- Consultar al médico de cabecera antes de cada temporada de frío para revisar el calendario de vacunas y actualizar las dosis que correspondan.
Entre esas vacunas, el cardiólogo mencionó tres ejes que vale la pena tener presentes: la protección contra la gripe, que cambia de cepa cada año y por eso requiere una dosis renovada en cada campaña; la vacuna contra la neumonía, especialmente indicada en personas con factores de riesgo; y la protección frente al virus sincicial respiratorio, que dejó de ser tema exclusivo de pediatría y pasó a ocupar la agenda de los adultos mayores, sobre todo de aquellos que conviven con enfermedades pulmonares o cardíacas crónicas. La decisión sobre qué vacunas corresponde aplicarse y en qué momento no se toma en la farmacia ni en la fila del banco: se toma en el consultorio, con la historia clínica bajo la vista, porque cada paciente tiene un mapa propio.
“La edad por sí sola no debería llevar a abandonar aquello que genera bienestar; lo que corresponde es cuidar el cuerpo y, al mismo tiempo, seguir dando motivos para usarlo.”Mario Boskis, cardiólogo
Pensaba en eso mientras caminaba de vuelta por la vereda todavía tibia. Olga ya se había ido con sus amigas, pero la imagen quedó: la señora del pañuelo en el cuello y la sonrisa ancha, yendo al encuentro como quien va a lo suyo. Porque, en el fondo, de eso se trata lo que dice Boskis: de no confundir el cuidado con el encierro, y de entender que cada abrazo dado con barbijo, cada mate lavado y cada vacuna al día son la manera que tenemos, invierno tras invierno, de seguir cuidando esa parte de la vida que no se mide en análisis ni en pasos, sino en la mano que se estira para saludar al otro en la puerta del club.
